Alejandro Gardinetti es sinónimo de risa y humor. El humorista platense de 57 años, que alegra las mañanas de Radio Continental con Nelson Castro, las tardes de Radio Provincia y los domingos al mediodía en la pantalla de Telefe con el elenco del “La Peña de Morfi", habló con Diagonales de su presente y su recorrió su vida.

"El rey del Chiste Corto", quien lleva más de 30 años construyendo risas, relató cómo fue su comienzo haciendo reír a sus compañeros en la escuela, el paso por la facultad de Derecho, su odisea vendiendo perfumes, los viajes a Buenos Aires en moto con un casette para demostrar lo que hacía hasta llegar a la tele y a Radio Rivadavia, donde estuvo más de dos décadas. Los trabajos junto a grandes como Badia, Larrea, Landriscina, Fantino, Stronatti, entre otros, la pasión que tiene por Gimnasia y el amor por la ciudad de La Plata.

A su vez, habló de su próximo show en La Trastienda el sábado 18 de agosto y opinó sobre la sociedad que la nota "triste, de mal humor y con mucho resentimiento".

Ya más de 30 años de carrera en el humor, ¿cómo estás hoy?

-Bien, por suerte trabajando y disfrutando mucho. A la mañana estoy en Radio Continental (AM 590) con Nelson Castro de 7 a 10, a la tarde en Radio Provincia (AM 1270) con Sandra Capel, Martín Postiglione y Pato Bertin de 15 a 17, los domingos en la “Peña de Morfi” de Telefe y con eventos privados, donde el 18 de agosto en La Trastienda en Capital Federal con el show de los 350 chistes. En lo personal feliz, contento, disfrutando de mis dos hijos, Lautaro y Julia, que son lo que más quiero en la vida.

De chico tu deseo era ser abogado, pero terminaste en un rubro diferente, ¿cómo surgió la posibilidad de hacer humor?

-Yo jodía imitando a los profesores en el colegio, tenía esa veta de hacer reír, mis compañeros se tentaban todos y actuaba en los actos escolares. Todos me decían dedicate, pero a mí no me gustaba. Terminó la Secundaria, comienzo a estudiar Abogacía y un día voy a una fiesta del Centro de Estudiantes de Rio Negro que quedaba en calle 4 entre 61 y 62 y de cara dura me mandé a hacer pavadas y cuando bajo me agarra el Presidente del Centro y me dice: “¿Te animas actuar de nuevo dentro de 15 días?”. Mi respuesta sin dudar fue sí y ahí arrancó todo.

"De chico jodía imitando a los profesores en el colegio. Tenía esa veta de hacer reír" 

Luego continué con las dos cosas a la par: la facultad y el humor, pero a pesar del reto de mi papá que no quería saber nada, porque realmente no sabía cómo me iba a ir en este emprendimiento privado, dejé la carrera y me dediqué de lleno a lo que hoy hago. Fue un desafío en el cual nunca me imaginé que iba a llegar hasta donde llegué, porque siempre me imaginé que no me iba a salir de La Plata, que trabajaría en otra cosa e iba actuar por algún boliche a la noche donde me iban a ver mis amigos.

¿Qué eran esas cosas que hacías denominadas pavadas?

-Yo arranqué como imitador, hacía a Isabelita, Juan Mareco,  José María Muñoz y todo el equipo. Con el tiempo me fui tirando para el lado del chiste.

Me comentas que tu papá no quería saber nada con el humor, ¿qué te decía?

-Fue duro en su momento porque se enojaba, él me decía: “Vos vas a dejar la Facultad para hacer esto”. En esa época era diferente y él no se imaginaba para donde podía arrancar yo; pero ahora como padre también lo entiendo porque estaba recorriendo un camino para ser Abogado y terminé siendo contador de chiste. Los años le hicieron cambiar de opinión, porque le demostré que me dediqué a laburar en serio, no estoy en la joda porque es un ambiente que se presta a eso. Ahora, está esperando que le digan qué es usted del cómico para decir que es mi papá (risas).

Sobre la opinión de su padre de ser humorista: "Fue duro en su momento porque se enojaba. Ahora está esperando que le digan 'qué es usted del cómico' para decir que es mi papá"

¿De dónde crees que salió ese don de hacer reir?

-De chico, sufría de asma y no podía jugar al fútbol con mis amigos, porque corría dos metros y me ahogaba. Yo creo que eso me permitió ser humorista, porque al no desarrollar la actividad física, desarrollé la cabeza y me imaginaba cosas: tener un cine y me proyectaba en mi mente película. Era una creatividad interior que luego me llevo a crear los chistes.

¿Tuviste algún ladero de chico?

-De muy chico, pero de grande me comenzó a gustar Juan Verdaguer, me acuerdo que mi viejo cuando aparecía en la tele nos hacía callar a todos. Él y Landriscina son mis dos referentes.

No todo fue todo risa en tu vida, también vendías perfume ¿cómo se dio esa profesión?

-Esa labor fue casualidad. Un día me encuentro con un amigo en Plaza San Martín que iba a Galería San Martín porque pedían vendedores de perfume y le dije te acompaño. Ahí el dueño comentó cómo era, te daba una valija con 20 perfumes en consignación y luego tenías que venir y rendir lo vendido; te quedabas con la comisión y él reponía lo vendido. Además, si vendías una cierta cantidad, te daba la posibilidad de tener un sueldo. Yo me acuerdo que salí a vender y me acuerdo que llegué a un local y una señora me dijo “sos el octavo que viene”, ahí me di cuenta que todos arrancaban, duraban pocos días y luego se iban porque no vendían, por eso comencé a vender afuera de La Plata. Me tomaba un micro a Quilmes, Lomas de Zamora, Chascomús, que no iba nadie y me fue bárbaro, porque no vendía puerta a puerta, entraba a los lugares donde había mujeres porque por lo general en esas épocas solamente compraban las mujeres y me armé de una clientela. En ese momento para tener un sueldo tenías que vender 250 y el primer mes vendí 380. Luego me pusieron como jefe de vendedores, pero me empezó a deber plata y le digo al tipo pagame en perfume, entonces con esa mercadería comencé a trabajar en una empresa para cosméticos para terceros, que vendía productos sin marca. Me la rebuscaba.  

Pero a Buenos Aires también comenzaste a viajar para vender tus cualidades humorísticas, ¿cómo arrancaste con esa idea?

-Iba en una Moto por el viejo camino Calchaquí, golpeando puertas a los boliches, con un casette de lo que hacía y un recorte del diario Clarín de los sábados, donde figuraban restaurantes concert. En ese momento era la única forma de hacerse conocido. Comentaba lo que hacía, le dejaba las cosas y a los tres días volvía y les preguntaba si les había gustado y me daban fechas. Hoy por suerte, hace 25 años que no golpeo puertas por suerte.

¿Dónde fue tu primer Show en Capital Federal?

-El primero en un café concert que estaba en la calle La Rioja y San Juan. No me lo olvidé más porque había un matrimonio y la señora de la risa que le daba se daba la cabeza contra el vidrio. Eso fue un incentivo para mi carrera.

"El primer show no me lo olvido más porque había un matrimonio y la señora de la risa se daba la cabeza contra el vidrio. Eso fue un incentivo para mi carrera"

¿Quién fue el primero que puso el ojo en vos?

-Yo llegó a Radio Provincia luego de golpear la puerta buscando trabajo, comencé con Mario Sarlangue y conozco a Guillermo Stronatti. Me llamaron un día de Radio Rivadavia para hacer el verano y me lleva. Entramos por dos meses enero y febrero; pero en febrero me comenta le gustó el programa nos ubican de 22 a 00 y eso nos permitió estar todo el año en la emisora. Pero a fin de año Guillermo se arregla con Alejandro Dolina y con un gesto grandísimo me agarra y me dijo: “Me voy, pero vos quédate”. Empieza Eduardo Colombo con un programa que se llama el Gallo Loco, después estuve con Juan Alberto Mateyco, Héctor Larrea, Alejandro Fantino y muchos más. Cambiaban los conductores y yo quedaba, la cuestión que estuve 25 años, siempre alternando con Televisión. En el 2014 renuncio a Rivadavia y al año siguiente me llaman de Continental para reemplazar a Víctor Hugo Morales, con María O´Donnell y también me llaman de Provincia nuevamente.

Y en la Tele, ¿Cómo comenzaste?

-Fue en el programa de Juan Alberto Badia con imitaciones. Me acuerdo que hubo un concurso, me presenté y salí al aire. Luego apareció lo de Luis Ladriscina, que era algo distinto al chiste, porque era una comedia que se llamaba la “Estación de Landriscina”, era una estación de servicio donde cada uno tenía un rol, donde cada uno tenía un nombre, yo me llamaba Gregorio y era el de los surtidores y Luis era el dueño. Fue una linda experiencia.

Todo llevó a ganar un Martin Fierro, ¿qué significa para vos?

-Fue hermoso. Tuve cinco nominaciones al Martín Fierro, las cuatro primeras las perdí y en la quinta lo pude ganar.  Hoy lo miro y se me viene mucha satisfacción, porque laburé mucho y nunca bajé los brazos, porque sabía que el trabajo es lo que te premia tarde o temprano.

"El trabajo es lo que te premia tarde o temprano"

Comenzaste haciendo reír a tus amigos, ¿Hoy te permitís seguir haciéndolo reír o no?

-Me es difícil (risas). A veces no quiero aturdirlos, pero estoy atento a que ellos quieran y entonces cuento. Pero es complicado porque a veces no sé que actitud pueden tomar ellos, porque pueden pensar que nunca se puede hablar en serio conmigo.

Mas allá de la experiencia, ¿Previo a un show está el temor de no hacer reír a la gente?

-Sí, siempre. Yo digo y soy un convencido que rindo exámenes todos los días, porque puedo venir con un montón de antecedentes y esta el tipo que no te vio nunca en un show en vivo y dice en la tele me gusta y el día que te fue a ver no te salió bien o el tipo estaba de mal humor y dice es malo. Por eso lo vivo con mucho nervio, ansiedad, pero yo siempre digo que para hacer un show depende de mil factores, como por ejemplo estar de buen humor, que te salgan bien las cosas, si está bien organizada la fiesta, si el tipo comió bien porque tal vez pagó una tarjeta cara y no recibió la mejor atención y en eso yo no tengo la culpa. Yo lo comparo al humorista con los técnicos de fútbol, dependemos de los resultados y a veces cuando venís mal en un show metes un cambio de chiste y levantas, como lo hacen los DT en un partido con un jugador. Además, por la soledad que se siente cuando te va mal, porque a veces ni el que te contrató está.

"Siempre está el temor de no hacer reír a la gente. Soy un convencido que rindo exámenes todos los días"

¿Cómo disfrutas la risa de la gente?

-Me encanta, yo creo que es una bendición de dios porque la gente me lo agradece constantemente el cariño. Me pasa a veces que me dicen: “Vos fuiste al cumpleaños de mi abuelo, hoy no está y cada vez que te veo te recordamos con un cariño enorme o no puedo creer que seas vos, mi viejo llegaba al mediodía y nos contaba los chistes tuyos de la radio”. Uno sabe que es parte de la gente y yo lo entiendo porque a mi paso algo parecido con mi abuela materna era fanática de Libertad Lamarque, por una cuestión generacional a mí no me movía un pelo. Pero un día ya fallecida mi abuela, escuchó la radio 'murió Libertad Lamarque' y  enseguida se me vino mi abuela a la cabeza, la asociaba con ella.

Son 30 años, ¿Cómo te preparas para trabajar y estar siempre haciendo reír?

-Vivo buscando material, porque el chiste se gasta mucho. Por ejemplo, comparando con el periodista ellos se levantan y ya tienen trabajo con algo que pasó y el humorista agarra los chisteS y dice “Este lo conté, este es malo, este es verde” y tengo 70 para rescatar uno. Por eso siempre tenes que vivir buscando material y sabiendo que no puedo herir a nadie.

"Yo creo que la risa de la gente es una bendición de Dios"

¿De que manera realizas la búsqueda?

-Y me baso en el archivo que tengo, en pesar por ahí un chiste que ya conté recrearlo, pero nunca hay un chiste viejo. Hay una gran verdad que decía Verdaguer: “No hay chiste nuevo ni viejo hay clientes nuevos y clientes viejos”. Yo eso lo terminé de corroborar 20 años después con el tema de las redes sociales, yo colecciono chiste hace 30 años y a veces me pasa que recibo un mensaje de un amigo mirá que bueno está este chiste, tenélo, míralo y hace 18 años que lo tengo.


Y los contextos sociales, ¿te perjudican mucho a la hora de crear el humor?

-Si, te perjudican mucho porque hay temas muy pesados. Por eso trato no hacer humor de actualidad, trato hacer humor del cotidiano del matrimonio, la pareja, el nene, el borracho. Yo trato de privilegiar el nivel del chiste por sobre el tema y buscar la risa más allá de lo que pase.

"Los contextos sociales te perjudican a la hora de hacer humor. Por eso trato no hacer humor de actualidad"

Tenes más de 30 años de radio, de 25 de tele, háblame del momento de los medios de comunicación.

-Esta muy difícil y lo veo aún más difícil. Porque la situación económica está mal, se achicó mucho la pauta publicitaria al tener muchos medios, el sector privado pone plata en algunos y después hay muchos que están manejados por la política.

La risa para vos es todo, ¿cómo notas la sociedad?

-La noto triste, con mucho mal humor y resentimiento que se ve más que nada en las redes sociales. Siempre hay gente que critica y nunca puede ver lo bueno, eso pasa con los políticos, los artistas y los deportistas. Yo me encuentro todo el tiempo gente que me dice me sacas una sonrisa en este mal momento.

El programa de los domingos de la Television Argentina es “La Peña de Morfi” ¿Cómo llegaste ahí?

-Me llegó en un momento justo donde me faltaba Televisión y de casualidad. Morfi ya estaba durante la semana y arrancaba “Polémica en el Bar” y un domingo le dicen a Rozin preparate un especial para calentar la pantalla y que luego Polémica no llegue con cero puntos de rating. Desde ahí nos cita a mí, a Toti Ciliberto y Chiqui Abecasis, estuvo el Chaqueño Palavecino y fue un programa cocina, folklore y humor. Gustó, empezó pegar y hace tres años que estamos.

Es un programa que llega a los hogares, ¿Sienten el cariño de la gente?

-Si justamente los otros días lo hablábamos con Rozin, yo le decía que más allá que a la gente le gusta la cocina, el humor y el folklore, nos miran porque no es un programa agresivo, donde no hay discusiones como en otros programas, buscamos entre todos pasarla bien y trasmitirlo a los hogares. Para mí, es re importante, porque me permitió llegar a lugares que no me conocían, porque la radio tiene un límite, la tele entra a todos los hogares.

"En el Morfi nos miran porque no es un programa agresivo"

¿Te das cuenta donde has llegado?

No, la verdad que no.

Y a la hora de rebobinar tu vida, ¿qué se te viene la cabeza?

-Que laburé mucho, que el humor me dio mucho y yo también le dí mucho.  A veces pienso que si yo no me hubiese dedicado al humor y hubiese seguido con los perfumes más allá de los vaivenes del país, tendría una linda empresa. Porque a todo le puse energía y ganas.

“El humor depende mucho del estado de animo de quien lo escucha”, dijiste hace un tiempo en una nota. ¿Por qué?

-Es fácil, la persona está contenta le contas dos chistes malos e igualmente se mata de risa, ahora está mal y le decís el mejor chiste te mira como diciendo que estupidez. Por eso digo el chiste está en el que lo cuenta y en el que lo escucha.

Durante a la nota al humor lo conectaste a lo familiar, tu otra pasión es Gimnasia, ¿con qué se conecta?

-Con el corazón y con la vida misma. Yo siempre digo que a todos nos ha pasado, hay gente que en tu vida estuvo siete años, los de la Primaria, después los de la Secundaria que con el tiempo no los viste más, lo mismo pasa en un laburo, en lo familiar; pero Gimnasia estuvo siempre, tuve 8 estaba, a los 22 estaba y tengo 57 y está.

"Gimnasia estuvo siempre, tuve 8 estaba, a los 22 estaba y tengo 57 y está"

En cada show ¿cómo disfrutas ver a tu familia abajo?

-Con mucha alegría, porque les demostré que esto es básicamente laburo, porque cualquiera que lo ve de afuera dice esta cuenta chiste y está en la joda; pero nada que ver es un trabajo con mucha disciplina donde tenes que cumplir, porque la gente vive pendiente de lo que haces. Yo le hago vivir y ver a mis hijos todo lo que hice y trato de que no sufran porque pueden pasar en la carrera que yo me caiga o puedan hablar mal de mí. Me acuerdo que uno de los Martín Fierros gana Enrique Pinti, lo primero que hice fue pensar en mi hijo Lautaro que era chico, porque me imaginé que iba a estar mal porque su papá perdió.

Hoy comentabas que nunca te imaginaste que ibas a salir de La Plata ¿qué significa para vos la ciudad?

-Es todo, la adoro. Por ejemplo, yo no sufrí la inundación, pero lo que lloré cuando la ciudad se vio afectada no te das una idea y enseguida me presté a toda la colaboración porque me dolió en el alma. Me acuerdo el domingo iba Buenos Aires, veía la autopista llena de los coches que venían para La Plata con colchones y yo no podía parar de llorar.

¿Qué te emociona? 

-Me emociona la vida misma, cosas que me han pasado, mi familia.

30 años de carrera, ¿qué te dejo, te sacó y qué sueño tenes?

-Me dejó muchas cosas: amigos, lugares que no hubiese conocido nunca si no hubiese sido por este trabajo como, ciudades de Argentina Colombia, Miami y Chile; y publicos distintos que te nutren. Como por ejemplo el chileno, que cuando me presentaron me recibieron con un aplauso frío y luego terminaron riéndose como loco. A la hora de sacarme, me sacó tiempo de mis hijos, mis viejos y amigos, porque uno vive el revés. Y mi sueño siempre es seguir trabajando.

¿Qué llevas hoy en día de ese pibe que comenzó haciendo reír a sus amigos en la escuela?

-Siempre llevo lo mismo, la humildad, el respeto por el otro, el saber lo que es cumplir y el seguir sintiéndome chico disfrutando de lo que hago.

Alejandro Gardinetti es…

-Un buen tipo, que es más importante que ser humorista.