Churchill decía que “el político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”, y en esa línea Ortega y Gasset decía que el estadista generalmente es incomprendido, porque ve más allá. Está pensando en las cuestiones de largo plazo y en consecuencia, toma decisiones impopulares a corto plazo. En cambio, la mayoría de los políticos se preocupan de los resultados inmediatos de sus acciones, su agenda es la coyuntural y no la estratégica. 

Uno espera de un primer mandatario -como mínimo- alguna de esas virtudes.  En temas donde la sociedad no encuentra síntesis, o donde se enfrentan intereses contrapuestos, es el Presidente quien debe lograr posicionarse por encima de ese conflicto y garantizar racionalidad, independientemente de qué lado de la balanza se ubique.   

Quiero decir, en este y en otros temas, no se trata tanto de qué posición tiene un Presidente de la Nación, con la cual uno podrá coincidir o disentir. Sino que se trata de que su figura pueda elevarse por encima de las divisiones para buscar el famoso "bien común", teniendo plena consciencia del impacto de sus decisiones cotidianas y sus propias responsabilidades. 

El macrismo desde su constitución ha tenido una estrategia brillante. Reformuló el círculo rojo, y ha descubierto una estrategia comunicacional brillante con su pata política duranbarberamente con resultados más que positivos: la creación de mensajes simples y llanos que van directo a la construcción del sentido común, que son vehiculizados con el apoyo del 95% de la estructura de medios del país. 

Ojo, no nos creamos únicos. Esta misma fórmula se ve en muchos países de Europa, y de nuestro continente. No responde a nuestro pequeño círculo burgués-empresarial-aristocrático, sino que es un signo de los tiempos que corren con Trump, Temer, Peña Nieto en México, Piñera, Theresa May, el nazismo de AfD en Alemania, etc. 

Lo que pasa es que una cosa es aplicarlo a las campañas electorales propias de la política, y otra cosa es llevarlo a la intervención del Estado. Ser un estadista, como vimos, no es para cualquiera. 

Ese no es el juego de Macri, o al menos de quienes le diseñan la estrategia comunicacional. Buscan la empatía, conectar con el "ciudadano de a pie". Cuando fue diputado y se lo vio quedándose dormido en las sesiones, respondió: "Si no te aburre una sesión en el congreso, sos un anormal". ¿Existe afirmación más antipolítica, más ignorante, más despectiva sobre los apasionantes discursos y debates que dan "los representantes del pueblo"? Probablemente no. Ahora, en una sociedad que no puede ver un video de Youtube por más de 3 minutos porque se aburre, doce horas de debate sobre reforma previsional ¿no aburren profundamente a la mayoría? Probablemente sí. Y es sobre esa mayoría que la respuesta del entonces Diputado Macri opera. Lo que antes para la opinión pública representaba una ofensa al cargo que ocupa, ellos logran transformarlo en empatía y comprensión. 

Ahora es Chocobar

Por estos días es Chocobar. Ese policía que en una confrontación le habría disparado por la espalda y mientras huía a un delincuente. Pasa que la inseguridad nos da miedo, y cuando tenemos miedo por nosotros y los que queremos, sale nuestra peor parte. La más primitiva. La del ojo por ojo.

Generalmente cuando discuto con alguien sobre seguridad, siempre viene el "si violaran a tu hermana seguro que quisieras lo peor para él". 

Cuando los humanos decidimos juntarnos entre nosotros para poder sobrevivir de los depredadores que nos atacaban, decidimos reprimir nuestro instinto violento y crear una serie de reglas que nos permitan convivir. Claro que si pasara algo con algún familiar quisiera que le pasen las peores cosas y que sufra como nadie. ¿Pero saben qué? Para eso están las reglas, y elegimos que esas reglas sean dictaminadas por gente alejada de esas pasiones, con una mirada puesta sobre el bien común y no sobre el deseo de venganza. No hay justicia en la venganza, ni reparación en el ataque. Gandhi decía: "Ojo por ojo, y el mundo se quedará ciego".

Es ese oscuro sentimiento primitivo -esa sensación de venganza y odio, que nos lleva a pensar que cualquiera que delinca, cualquiera que ponga en peligro a quienes amamos merece sufrir lo peor lo más dolorosamente posible- el que hoy, bastante irresponsablemente, el Presidente de la Nación decide explotar. No importa el procedimiento, o el accionar del funcionario. No importa si el uso de la fuerza letal fue justificado o si le disparó por la espalda a sangre fría. Importa que se la devolviera. Y que se joda. Por chorro. Y también por negro. Y por villero.  

El Presidente, con una foto, o con un tuit elige un bando. Y elige tirar piedras para el otro lado, en vez de elevar el nivel de la discusión. De nuevo, el politiquero le gana al Estadista. De nuevo, la coyuntura se para por encima de la idea de la construcción de una sociedad más justa. 

En una gestión de gobierno cuya valoración popular viene decayendo de acuerdo a todas las encuestas -incluso las propias-, Macrí y sus analistas habrán de lograr subir algunos puntitos con la foto de Chocobar, explotando los sentimientos más reaccionarios y primitivos de un sector de la sociedad, pero también habrán contribuido a una escalada de violencia institucional, discursiva y política que no solo no contribuye a la unidad nacional, sino que fomenta su alejamiento. Y eso, no puede deparar nada bueno.

 

* Licenciado en Trabajo Social, activista LGBT. Twitter: @pablitofracchia