Desde mi llegada a Copenhague, hace no tanto, en el mes de Mayo pasado, mi percepción sobre la cultura escandinava rotó drásticamente. Cuando lo defino de esta manera, me refiero a un giro híper-positivo en mi corta vida o quizá no tan corta dependiendo quién esté sentado allí abajo en el cono sur.

Mi arribo a la ciudad miniatura con unos pocos pesos verdes en la bragueta, se da de una manera exabrupta pero muy consciente. Con un sólo objetivo en mi cabeza racional de arquitecto, pero más aún en mi mentalidad con aspiraciones a artista…”La hazaña de mantenerme en constante movimiento NO uniforme y bajo ninguna circunstancia rectilínea”.

 La ciudad de Copenhague me recibió con un inmenso y radiante solsticio de verano que devino en una vida social que transcurre pura y exclusivamente sobre las calles más céntricas de este “pueblo”, como me deleita denominarlo y me acerca más aún a mi pueblo natal Ing. Maschwitz. (Pcia. De Bs As), pese a sus grandes desemejanzas una con otra.

 Aquí resuenan en los pasacalles, carteles de confiterías, supermercados y publicidades de Facebook algunas palabras conjugadas entre sí que inundan la atmósfera, las cuales uno naturalmente comienza a adoptar, tales como “orgánico, vegetales, café, taller de bicicletas, cerveza, pan (algo así como  la feria de San Telmo), jazz, festivales de toda índole, yoga”.

 Uno pierde el conocimiento de que se trata de la capital de Dinamarca, ubicada en el top tres a mi entender en el escalafón de países más saludables para transcurrir sus días de vida. Esto se debe a su pequeña superficie por supuesto, pero sumado a eso y a las bajas temperaturas que nos azotan en temporadas invernales, esta es una ciudad de gente “cálida” por sobre todas las cosas. Personalmente experimenté la convivencia con hermosas personas, tan “humanas” todos ellos, nacidos y criados aquí.

Me sumergí en su cultura casi como un agente de la CIA al mejor estilo Capote; así de a poco, fui desmenuzando sus rasgos, sus más íntimos orgasmos y sus penurias desde su manera tan especial de preparar el café mañanero y/o cocinar religiosamente el pan de cada desayuno.

 Son verdaderamente difíciles para iniciar contacto visual y verbal de primer momento, pero está en uno el poder de seducción que pueda ejercer y así de esta manera ingresar en su corazón. Una vez allí recibirás el bombeo de sangre por parte de los ventrículos tanto izquierda como derecha a un ritmo cardíaco que de veras no habrás experimentado ni en tu mayor esfuerzo aeróbico en una sesión de crossfit, de esta manera y finalizado el ritual te adoptan como a uno más, te abren las puertas y ventanas de sus pequeñas casas y/o apartamentos, y es allí cuando deleitas el famoso pan danés.

 Al transitar por las calles de Copenhague uno se siente bastante acogido y amigable con todo lo que lo rodea a sus 360 grados. Aquí predominan las edificaciones bajas y muchas de ellas con más de 100 años de vida muy bien sobrellevada.

Existen políticas aplicadas a la arquitectura y construcciones que promueven la revalorización de edificios y protección del patrimonio cultural histórico, de esta manera se realizan reformas en las edificaciones pero siempre manteniendo el estilo nórdico que tiene sus orígenes en el periodo vikingo durante la edad media y sus reconocidas fachadas coloridas, todas muy pintorescas, las cuales se pueden apreciar desde cualquier punto de la ciudad y sentirse parte de ella. A medida que uno atraviesa las calles, la arquitectura misma lo introduce, lo invita a transitarla, de la manera más tropical y abrazadora.

 El aroma a café recién molido y el pan horneado a base de múltiples y variadas semillas, acompañadas de candelabros de todos los tamaños, colores y perfumes es de las sensaciones más puras y sinceras que puedes ensayar de esta cultura.

 “Una civilización en movimiento”, de la mano del vehículo de primera gama y última generación, la de hoy, la del futuro. Aquí los daneses ya le están exprimiendo el aceite al olivo de Toscana, debo decir en ese sentido y muchos otros están unos cuantos escalones por encima de varios países del queridísimo cono sur.

 Las bici-sendas están por doquier y predominan este viejo imperio, nos encontramos con bicicletas de todos los tamaños y colores, para grandes, chicos y no tanto; con porta-equipaje y sin, con faros antiniebla al mejor estilo camión Alemán Unimog (UNIversal MOtor Gerät).

 El acceso a circular es de libre albedrío y no restringe ningún sector, el saludable vehículo de dos ruedas colma la ciudad y eso…Eso está muy bien, para ellos, para el parlamento y para todo aquel que quiera transitar y tantear suelo danés.

Por Cristian Huygens de Ingeniero Maschwitz - BA