Como todos sabemos, en el capitalismo “hay que trabajar”. Esto es, la mayoría de nosotros vende su fuerza de trabajo a cambio de una retribución (como el salario). El trabajo formal para muchos se configura como una forma deseada de vida y a partir de él obtenemos derechos.

Ahora bien, el trabajo -más allá de que podamos definirlo formal o informal- suele escapar a esos tiempos pautados por un contrato. Los trabajos son formas socialmente reconocidas de ganarse la vida.

Estas formas son sin duda híbridas e incluso cuando estemos bajo una forma de dependencia la realidad es más compleja  -como bien lo muestró el escandaloso caso del Ministro de Trabajo Triaca y una de sus empleadas (¡La persona que tiene que velar por nuestros derechos teniendo trabajadores en negro, maltratando e incurriendo en prácticas ilegales!, cosa por otra parte lamentablemente esperable de los integrantes del gobierno actual). Es común que se suela culpar a los trabajadores de las prácticas ilegales de los empleadores, algo también común en por ejemplo las discusiones en torno a la falta de aportes de los trabajadores. Recuerdo que es a partir de nuestro trabajo “en blanco” que aportamos a un régimen solidario.

Al mismo tiempo, incluso en los trabajos formales los tiempos no suelen ser lo que se consideran como “tiempos de trabajo” ¿Quién no responde un mail de “trabajo” fuera de su hora? ¿Cuánto tiempo nos lleva “llegar al trabajo”? ¿Cuántas veces la jornada laboral se extiende? ¿Cuántas veces hablamos de trabajo, o realizamos tareas fuera de nuestro tiempo pago? Pero además ¿cómo diferenciar ciertas tareas laborales de otras que no lo son? Hay veces que ello es más fácil de diferenciar que otras.

Hay tareas en las que los tiempos se entremezclan tanto que son difíciles de diferenciar. La idea de modos de ganarse la vida nos permite ir más allá y pensar de manera más democrática las formas en que las personas de carne y hueso nos ganamos la vida.  Con esto quiero decir que a veces la idea de trabajo remite a sólo algunas formas de obtener recursos (que pueden no sólo ser dinero). Y ello tiene efectos concretos tanto en la forma en que vivimos esos procesos (nuestra subjetividad) como en términos más “objetivos” (como puede ser la persecución, la falta de derechos, etc.). Entonces, he aquí una cuestión importante. Los modos de ganarse la vida son históricos y políticos. Mientras que podemos condenar moralmente algunas tareas (porque pensamos que no son dignas por ejemplo), debemos reconocer que todas las maneras de ganarse la vida son históricas. Por ejemplo, previo al siglo XVIII trabajar estaba mal visto. Porque la aristocracia, los nobles “no trabajaban”.

Volviendo a la ciudad hoy. Existen diferentes modos de ganarse la vida “por fuera del trabajo formal”. Así por ejemplo, los vendedores ambulantes o los cartoneros son personas que se ganan la vida a partir de actividades que muchas veces no son consideradas trabajo. Pero dentro de esta línea también pueden encontrarse personas pidiendo dinero, limpiavidrios, cuidacoches.

Tanto la recolección de residuos como la venta ambulante  tienen una historia tan larga como la ciudad misma. A veces se transforman en problemas públicos -o sea son objeto de debates en busca de una solución- y otras veces son permitidas y/o fomentadas.


Mientras la recolección de residuos realizada por los “cartoneros” poco a poco fue adquiriendo un lugar importante en el sistema de recolección (al menos en la Ciudad de Buenos Aires y algunos partidos del Conurbano Bonaerense), hoy la venta ambulante está fuertemente perseguida. Como muestró el caso de Triaca (pero también el “blanqueo de capitales” de empresarios y familiares ligados al actual gobierno nacional), la legalidad de las prácticas es cuestión de debate y no de las actividades mismas. Con esto quiero decir que debemos tener cuidado cuando pensamos y evaluamos el modo en que las otras personas viven.

Pensar modos de ganarse la vida es dar crédito a las personas, a los modos en los que ellos viven y a los tiempos no siempre fáciles de diferenciar entre el tiempo y el espacio del trabajo y otros tiempos y espacios.

*Doctor en antropología (UBA). Investigador CONICET. Investigador Instituto Gino Germani (UBA). Departamento de Antropología (UBA)