Las elecciones legislativas dejaron varias certezas, pero también algunos interrogantes. Entre las primeras, quedó en claro que Cambiemos no es la Alianza. De alguna forma esto ya lo sospechábamos desde un principio, sobre todo por el mayor nivel de autonomía del presidente Macri, que a diferencia de De la Rúa es también el presidente de su partido y si bien lidera una coalición, los demás partidos son socios con una participación menor a la que tenía el Frepaso en su momento (lo que le permitió a Macri colocar a una vicepresidenta de su propio partido y diseñar un gabinete a su medida). Tampoco el contexto económico es el mismo: mientras que al gobierno de De la Rúa, ante la rigidez del tipo de cambio y con la soga de la deuda al cuello, no le quedó otra que ajustar desde un principio, Macri pudo apelar al endeudamiento para financiar un ajuste gradual. Pero no sólo el gobierno de Macri no es la Alianza, sino que se parece mucho más a los ciclos de largos alcance que tuvo el país desde la recuperación democrática (alfonsinismo, menemismo, kirchnerismo).

Los interrogantes, básicamente, pasan por saber hasta cuándo se extenderá la fragmentación del peronismo (para felicidad del gobierno, la permanencia de Cristina Kirchner parece augurar que por mucho más) y hasta dónde llegará la expansión de Cambiemos. Veamos este punto con más detalle. Cambiemos cambió, y puede seguir cambiando. Nació como una coalición urbana de nivel socioeconómico medio y alto, muy anclada en la zona central del país, pero las elecciones de este año dejaron un mapa con mucho amarillo desde Santa Cruz hasta Salta y Jujuy. Se nacionalizó. Entonces, por un lado, tenemos una expansión geográfica desde las provincias centrales o metropolitanas hacia las periféricas. Como indica el siguiente gráfico, desde las generales de 2015 hasta las elecciones del domingo, Cambiemos creció en las provincias más grandes (16,5%), las que lo llevaron al gobierno, pero creció más del doble en las provincias periféricas (37,4%), tradicionalmente peronistas.


Pero además, dentro de cada distrito, Cambiemos expandió su electorado, creciendo sobre sectores bajos. Para analizar esto, vamos a poner el foco en la provincia de Buenos Aires. Allí Cambiemos presenta mejores resultados en los municipios con ingresos más altos y menores necesidades básicas insatisfechas (NBI), donde alcanzó más de la mitad de los votos el último domingo, creciendo 22% con respecto a la primera vuelta presidencial. No obstante, de 2015 a hoy, ha crecido más (31%) en aquellos municipios con mayor cantidad de hogares que sufren NBI.


Sin embargo, estos datos no deben resultar sorpresivos. Es esperable que el control de los recursos públicos por parte del partido de gobierno lo acerquen precisamente a quienes más necesitan del Estado, a través de las políticas sociales. Ya sucedió en la Ciudad de Buenos Aires, donde Macri accedió al gobierno con los votos de las comunas más ricas, pero una vez en el gobierno extendió progresivamente su predominio por debajo de la Av. Rivadavia hasta pintar todo el mapa de amarillo.

En síntesis, el Pro nació desde el centro del país, adoptando al electorado huérfano del radicalismo y llegó a la presidencia unificando al voto no peronista con la alianza Cambiemos. Pero ahora, desde el poder, comienza a expandirse hacia las provincias periféricas y los sectores bajos. La fragmentación del peronismo, por su parte, parece facilitarle las cosas. En este marco, Macri no sólo sería el primer presidente no peronista en terminar el mandato desde 1928 sino también el primero en ser reelegido.

*Licenciado y Profesor en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires). Becario doctoral (Conicet)