Una peculiaridad histórica de la Argentina es el protagonismo de las asociaciones sindicales en la economía del país. Desde los tiempos de las inmigraciones italianas, españolas y rusas hasta su crecimiento con el primer peronismo, los gremios se fueron organizando. De antaño pululan intentos de debilitar a las entidades de los trabajadores con todo tipo de artilugios, desde la represión y prisión a sus dirigentes hasta la aplicación de políticas anti sindicales, la desaparición física de delegados y la persecución.

Tras la crisis del 2001, paulatinamente los sindicatos y las comisiones internas de los trabajadores se han revitalizado. Este proceso tuvo como resultado un crecimiento de la representación en los lugares de trabajo y en consecuencia mejores condiciones del salario.

El gobierno de Mauricio Macri expectante al resultado electoral de este mes y con duras críticas hacia varios dirigentes sindicales, propone impulsar una significativa reforma en la legislación laboral. ¿Ingresaría en esos cambios la actual Ley de Asociaciones Sindicales (LAS) sancionada hace veintinueve años, tras lograr un consenso entre el entonces oficialismo radical y el peronismo opositor?

Los gobiernos democráticos no deben desconocer que el sindicalismo recorrió varias etapas, incluso antes, al día que transformó el curso de la historia: el 17 de octubre de 1945. La rebelión militar de junio de 1943 puso fin a la denominada “década infame” luego del golpe cívico/militar de 1930, caracterizado por reprimir duramente los reclamos laborales de las flamantes organizaciones obreras. Precisamente, dentro del grupo castrense que impulsó el golpe se encontraba el coronel Juan Domingo Perón, quien se hizo cargo del “elefante olvidado”, el Departamento Nacional del Trabajo (DNT), creado por el ministro del Interior Joaquín V. González en tiempos del segundo gobierno del tucumano Julio Argentino Roca, tras el informe del jurista Juan Bialet Massé y los proyectos del socialista Alfredo Palacios, primer diputado socialista en La Boca y en América Latina.

Perón se destacó sobre el resto del GOU (Grupo de Obra de Unificación, o Grupo Orden y Unidad), y en la elección de cargos, no dudó en asumir en el estratégico Ministerio de Guerra para el control en el escalafón de sus camaradas y recaer en la vicepresidencia de la Nación. Sorprendió la atención su elección por el desdeñado DNT y elevarlo al rango de la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación, desde donde impulsó un conjunto de medidas y reglamentaciones a favor de los sindicatos. Esta modificación en el organigrama del gobierno revolucionario, favoreció la conformación de nuevos gremios al mismo tiempo que se acrecentó su actividad. Pocos meses después, Perón fue vencedor en los comicios y accedió por las urnas a la primera magistratura.

En la mayoría de los países, Estado, empresarios y trabajadores se enlazan en las entrañas del mercado laboral. El aspecto relevante es observar su intensidad, el perfil de los protagonistas, sus roles, además de la normativa vigente.

El sistema de relaciones laborales en Argentina está estructurado sobre una pirámide configurada por los sindicatos por rama de actividad; la unicidad de la representación sindical para negociar con las empresas y la posibilidad de elegir a los representantes de los trabajadores en los lugares de trabajo.

En el régimen gremial argentino los delegados representan a los trabajadores ante las empresas y ante el sindicato y pueden constituir una continuidad del sindicato en la empresa. El pico del modelo gremial argentino es la triple función del delegado de base, -tutelado en el artículo 41 de la LAS- de representación del sindicato en la empresa, de los trabajadores hacia la patronal y de los compañeros de trabajo hacia el gremio. La presencia de delegados de base es un mecanismo de democracia por el cual los trabajadores eligen a sus representantes ante los empleadores. En 1984 el alfonsinismo gobernante pereció en el Parlamento su intentona de reordenar los gremios en el control de su autonomía y funcionamiento institucional tras la llamada “Ley Mucci”, por su principal promotor, el entonces ministro de Trabajo, Antonio Mucci. ¿Se animará el gobierno de la Alianza Pro/UCR a modificar el corazón del sindicalismo argentino?


Abogado y periodista. Twitter: @Emilianov9