La pregunta es necesaria, pero puede presuponer una respuesta simplista y despreocupada. Algunos estarían tentados a decir que sí, simplemente, como la ola fue progresista en la primer década de los 2000, ahora es de derecha, e inclusive, fascista, en la segunda década. Resuena una vieja canción infantil  “Olas marinas, olas que van, olas que vienen…”. Otra explicación más sofisticada incluirá en la responsabilidad al sistema judicial, al sistema de medios de comunicación, a la nueva minería de datos y las grandes compañías de redes sociales.

 Aclaraciones sesentistas en el siglo XXI

Esta aclaración vale para no confundir a EEUU con Brasil y Argentina, todos parecen países libres y soberanos. Como decía mi abuela, algunos son más soberanos que otros. Y mientras que Estados Unidos, fabrica dólares y armas, Brasil y Argentina, con matrices industriales distintas, terminan exportando el capital producido en sus países. Mientras EEUU posee una matriz productiva, energética e industrial estructurada, lo que lo hace una de las principales economías del mundo, Brasil y Argentina exportan materias primas y mano de obra barata. Mientras que Donald Trump, con su torpeza y rusticidad, trata de defender el trabajo americano (que en gran parte se basa en la industria armamentística), tanto Macri como Bolsonaro, hablan de liberalizar la economía, abrirla para que todo aquello que se produzca en el país, pierda con la competencia de los países más desarrollados. 

La derecha de Donald Trump, es para defender a la primera mayoría de EEUU, los blancos trabajadores y a los capitales concentrados norteamericanos, la derecha de Bolsonaro y Macri, es para defender solo a los capitales concentrados, en su mayoría extranjeros y financieros. Mientras que Donald Trump intenta traer el trabajo y la producción al suelo norteamericano, Macri y veremos Bolsonaro, destruyen las posibilidades de empleo y producción en nuestros países.


 Orden y Progreso: Dos empresarios y un militar

Como bien lo remarca la bandera de Brasil, la explicación para el triunfo de candidatos de esta procedencia y con estos discursos de mano dura y persecución a las minorías, puede derivarse de esas consignas. Es que el “sistema” desordena la vida de las personas de maneras diversas (inestabilidad laboral, sentimental, falta de seguridad física, etc.), y se necesitan proveedores de orden y generadores de progreso. No por casualidad los empresarios son mano dura y el militar es “pro mercado”. Es que el problema es el sistema económico y su manejo, y no la política. Pero frente a la excesiva charlatanería de “los políticos” que construyen burocracias y la tendencia de la política a la corrupción, un empresario que ya tiene dinero y no robará y/o alguien acostumbrado al mundo de las decisiones difíciles y dador de orden como un militar, son la mejor opción. Frente a las múltiples inseguridades, qué mejor que aquellos generadores de orden y progreso, al mando de las sociedades. La frustración viene cuando los distintos gobiernos militares y pro empresariales no resultan en orden y progreso, sino más bien caos y decadencia.


La democracia es un abuso de la inmediatez

“La democracia es un abuso de la estadística”, como decía Jorge Luis Borges, remarcando su preocupación por el sistema político que gobierna gran parte de las sociedades en el mundo y que impone el número  de las mayorías por sobre la categoría de las minorías. Quizás la reflexión acerca de por qué la gente vota lo que vota, y puede acompañar como en el último caso de Brasil, dos candidatos tan distintos como Lula o Bolsonaro, es que esa estadística, se da en un momento acotado del tiempo. Es una mayoría en un mínimo de tiempo. Un día electoral define 4 años y el destino de un país, mientras que los votantes votan su problema inmediato. La inseguridad y “el desorden” son en el Brasil de hoy un gran problema inmediato que a la vez, son manifestación de un problema más profundo y más naturalizado, la desigualdad. Es que la democracia así como está planteada, solo expresa la ebullición de una sociedad en un momento dado, y no los problemas existenciales de la misma. Cada día más, los políticos, hacen evaluaciones cortoplacistas, sobre la situación inmediata, para obtener resultados electorales. Cada día más, pesan más las situaciones previas a la elección, que las obras de gobierno o los proyectos de país. Quizás a diferencia de lo que pensaba Borges la democracia es un abuso de la inmediatez, en estos tiempos, más que de las mayorías.

 Fascismo y facilidad

La facilidad de muchos escritores para utilizar la palabra Fascismo para describir distintas experiencias en distintos lugares y por esa amplitud conceptual, no explicar nada, es por lo menos preocupante. No es que no sea preocupante el triunfo de figuras como Trump o Bolsonaro o Macri, solo es que son procesos actuales, que tienen otras características distintas de lo que significó el fascismo en Italia o Alemania de los 30. Porque estos fenómenos necesitan pensarse con otras categorías, y parecen ser fruto de los cambios generados después de la caída del muro de Berlín. El abandono del Estado de la escena económica, las inestabilidades y desigualdades sociales, el capital financiero en detrimento del productivo, entre otras cosas, hacen que estos fenómenos sean distintos y necesiten analizarse con menos facilidad.

 La ola de derecha

El pesimismo estructural por el que atraviesan muchos analistas políticos es inmensamente proporcional a su capacidad explicativa. Los problemas inmediatos, como es la seguridad para ir al trabajo o volver del mismo y no sufrir ninguna escena de violencia, prima, pesa más en el momento electoral, que la discusión sobre el modelo de país. Y es que la separación entre la vida diaria, intima, es grandiosa respecto de la vida societal. No es que la inseguridad sola explique el triunfo de un candidato, es que los problemas en la agenda de muchos candidatos están lejos de las preocupaciones del electorado. También es que los temas estratégicos, que resuelven las preocupaciones de dicho electorado, están cada día más lejos de las programáticas electorales de los partidos progresistas, porque no son las preocupaciones que la gente tiene. Y esto que parece el cuento de la buena pipa, solo describe una situación que marcamos más arriba, y es que los mecanismos de la democracia electoral, cada día más benefician, por los ritmos, por los programas, por las preocupaciones, a los candidatos de derecha. Para terminar como empezó la nota, es que ellos se montan sobre la ola de lo establecido, el sistema que ellos sostienen y por eso corren con la ventaja. Cualquier fuerza progresista que pretenda vencer en nuestros países, debe plantearse la necesidad de una transformación profunda de las desigualdades sociales y de las formas de representación.

 

*Licenciado en Sociología, Doctorando en Ciencias Sociales, Docente de la UBA y columnista en Rompiendo Moldes por AM530. Twitter:@Pablolopezfiori