Estudiantes de La Plata vivió una semana histórica. El pasado 16 de octubre se cumplieron las bodas de oro del campeonato del mundo conseguido por el equipo dirigido por Osvaldo Zubeldía ante Manchester United en Inglaterra y desde Diagonales buscamos homenajear a ese glorioso plantel en diálogo con una de sus figuras: Juan Ramón Verón.

La Bruja es uno de los abanderados más importantes de la historia de la institución Pincharrata y nos recibió en el Country Club de City Bell para narrar su vida en la sección Íntimo. El hombre que marcó un gol histórico ante los Diablos Rojos en suelo inglés, recorrió su infancia, sus comienzos en el fútbol y comentó de qué manera llegó a Estudiantes; contó el paso a paso por el club hasta llegar a ser un héroe con sus goles fundamentales en todas las finales que le tocó jugar con el León, la importancia de Zubeldia en su vida y detalló cómo vivieron el viaje a Inglaterra para revivir el logro conseguido hace 50 años.

Además, manifestó el dolor que siente cuando critican a Carlos Bilardo, su mirada sobre la carrera futbolística y política de su hijo, Juan Sebastián Verón y dejó en claro cuál es el único sueño que le queda: ver debutar a uno de sus nietos en la primera del León.

Pasaron los festejos, ¿cómo te encontrás hoy?

-Bien, ya recuperado del viaje a Manchester donde vinimos todos con gripe por el cambio de clima (risas). Pero muy contento por todo el reconocimiento que nos hicieron durante estos días en el club y en la ciudad.

Han pasado 50 años del título más importante, pero más de tu infancia. ¿Qué recordás?

-En la infancia viví un momento duro que fue la pérdida de mi mamá cuando yo tenía once años y la sentí mucho. Pero tengo buenos recuerdos, yo vivía en Berisso en el barrio San Carlos, tenía mucha gente amiga con quienes me críe y jugaba todo el día al fútbol.  También tengo muy presente que tocó trabajar de muy chico.

“En la infancia viví un momento duro que fue la pérdida de mi mamá cuando yo tenía once años”.

¿En qué momento llegas a Estudiantes?

-Cuando teníamos 13 años con los chicos del barrio dijimos de probarnos. Vinimos a La Plata, caímos en Estudiantes y quedé junto a un chico de apellido Ferreira que era lateral. Me acuerdo que él se quedó en el club dos o tres años, luego dejó y se dedicó a la música, yo seguí. El fútbol y Estudiantes me cambiaron la vida. El club tenía una casa quinta en Hernández y el hecho de poder ir a vivir a los 14 años ahí me dio la tranquilidad de tener todo y desde ahí comenzamos a querer más el club. Me acuerdo que yo era uno de los más chicos, nos tomábamos el tren para ir a entrenar a la cancha del club que estaba en el bosque. Eran momentos increíbles.

“El fútbol y Estudiantes me cambiaron la vida”.

Trabajaste de muy chico en un frigorífico, ¿es cierto que tu papá no quería que seas futbolista? 

-Mi viejo quería que trabajé sí o sí. Comencé mi vida laboral en una estación de servicios y cuando estaba por cumplir 18 años, surgió la posibilidad de entrar en el frigorífico Armour, porque él trabajaba ahí. A mí me tocó estar en el sector de cámaras frías, desde las nueve de la noche hasta tres de la mañana, descansaba un poco y me iba a entrenar. No era fácil, pero no quedaba otra.

¿Quién fue la persona que te dijo que te dediques de lleno al fútbol?

-Yo había debutado en Primera y Zubeldía cuando se enteró que yo estaba trabajando me dijo: “Es muy difícil que tengas una posibilidad sino descansas bien”. Me dieron una beca que equivalía a mi sueldo en el frigorífico y a partir de ahí empecé.

Debutas con Boca en La Boca, ¿Cómo ves con los años el debut?

-Yo creo que fue un poco apresurado porque eran momentos duros. Saúl Ongano era el técnico, debutamos juntos con el Bocha Flores, con él jugué desde la novena. Estudiantes tenía jugadores muy importantes, pero le costaba muchísimo. Estuvo a punto de irse al descenso, pero pudimos zafar. Pero tuvimos la suerte, sobre todo los más chicos, que con la llegada de Osvaldo Zulbeldía cambió todo, porque se le empezó a dar la importancia que tenía que tener el fútbol, el cuidado y la preparación.

¿Cómo era Zulbedía?

-Era un padre o un hermano mayor, nos aconsejaba permanentemente y estaba en todos los detalles, siempre. Entrenábamos de mañana, tarde, concentrábamos mucho y eso nos dio la posibilidad de ir creciendo hasta alcanzar lo que logramos. Él era un adelantado, practicaba la ley del off-side, la pelota parada y ponía mucho foco en la táctica. Lo que él hacía en esa época algunos clubes recién lo están haciendo ahora.

El padre de la criatura comienza dirigiendo la conocida “Tercera Mata”, ¿Háblame de ese equipo de la Reserva?

-Fue una barbaridad, ganábamos es todos lados. Estaba conformada por chicos de la categoría 44 en su mayoría y tenía jugadores de la clase 45 y 46 que se fueron sumando.

¿Cuándo se dan cuenta que eran un equipo consolidado?

-Yo creo que de a poco nos fuimos dando cuenta, pero fue una cadena cosas. Más allá de que mucho ponen el puntapié inicial en el Metropolitano del ‘67 cuando le ganamos en semifinales del torneo local a Racing que venía de salir campeón del mundo y luego le ganamos la final a Platense, nosotros recibíamos la incentivación de los médicos, en el cuerpo técnico y los directivos que estaban muy cerca del plantel. Eso nos dio la posibilidad de seguir creciendo como futbolista y creer que podíamos.

Le ganan a Palmeiras la final de Copa Libertadores y su próximo destino fue Maschester United, ¿qué sabían ustedes del equipo inglés?

-Osvaldo se anticipaba a todo y envió al técnico de inferiores del club, el Vasco Urriolabeitia a ver la final que jugaron ellos y después cuando arribamos a Inglaterra pudimos ver un partido ante el Liverpool. Con todo lo que sabíamos y más lo que Zubeldía le iba agregando en el día a día pudimos prepararnos de la mejor manera.

En la ida, victoria 1 a 0 en La Bombonera, ¿qué sentían?

-Sabíamos que habíamos dado un pase grande, pero faltaba la revancha y fue clave que nunca nos creímos campeones. Ellos eran un equipo que todo el mundo respetaba, la mayoría de sus jugadores habían salido campeón con Inglaterra en el Mundial de 1966 y había que ir por todo, cuidando el resultado.

16 de octubre de 1968, Manchester 1 – Estudiantes 1, gol de Juan Ramón Verón y campeonato del mundo. ¿Cómo vivís con los años ese gol?

-Como un reflejo al trabajo. Fue una jugada preparada que siempre practicábamos, porque permanentemente ensayábamos la pelota quieta, entrenábamos de mañana y por la tarde la practicábamos. Osvaldo intentaba perfeccionar la pelota parada siempre. Por suerte, nos salió en ese partido y nos ayudó para conseguir el título.


Son campeones del mundo, pero no pudieron festejar mucho porque enseguida se fueron a Italia para jugar un amistoso con el Inter. ¿Cómo fue el momento de los festejos?

-Éramos muy jóvenes nosotros y al ser chico disfrutábamos cada momento por eso no caíamos. Me acuerdo que esa gira jugábamos con el Inter y seguíamos, pero en ese momento el país no estaba pasando un buen momento y Onganía nos mandó una orden para que regresáramos asi que tuvimos que volver.

¿Cómo fue esa vuelta?

-Fue increíble y yo creo que ahí nos dimos cuenta lo que habíamos logrado. Llegamos a Ezeiza, nos recibieron en la de Casa de Gobierno y luego vinimos a La Plata; y en todos los lugares había gente esperándonos y durante todo el viaje nos demoramos por la gente que había.

Marcaron un hito en el fútbol donde el chico le gana al grande, ¿sienten qué hicieron un quiebre en el fútbol argentino?

-No sé si se puede denominar quiebre, pero después de que nosotros salimos campeones equipos más chicos se animaron a pelearle a los más grandes y fueron campeones por primera vez, por ejemplo: Chacarita y Rosario Central. Acá siempre eran los cinco grandes y no venía más nadie.

“Después de que nosotros salimos campeones, equipos más chicos se animaron a pelearle a los más grandes”.

Ganan la Libertadores del 69 y 70, ¿Por qué no pueden volver a repetir el título del mundo?

-Es difícil, pero estuvimos cerca cuando se nos escapó con en el Feyenoord de Holanda. En la cancha de Boca de ganamos muy cómodos 2 a 0, pero nos confiamos y lo pagamos caro, nos empataron y en Europa perdimos 1 a 0. Esas ventajas no podes darte nunca en el fútbol.

El título del mundo cumplió sus bodas de oro, ¿de qué manera vivieron los festejos?

-Con mucha emoción y recordando a la gente y compañeros que ya fallecieron. Te da lástima que se fueron tan jóvenes y hoy no puedan vivir esto.

No solo sos ídolo en Estudiantes, sino que en Colombia dejaste un buen recuerdo, ¿cómo llegas al fútbol cafetero?

-Cuando vuelvo de Grecia, vengo a Estudiantes y ya le había dicho a Bilardo, quien era el técnico de ese equipo, que solamente me quedaba seis meses, porque mi idea era seguir afuera. Finalmente me quedé un año y me voy a Colombia porque el Flaco Poletti que estaba trabajando en ese momento en el fútbol de allá me abrió la posibilidad de ir al Junior de Barranquilla. En esa época iba a cualquier lado.

En Junior fuiste técnico y jugador a la misma vez, ¿cómo llegaste a cumplir los dos roles?

-El primer año comencé jugando, hicimos una linda campaña, pero no culminó de la mejor manera. En el segundo año, no arrancamos bien y a mitad de la temporada el técnico se va, entonces el dueño del club me dice si quería dirigir y jugar a la misma vez o traía otro técnico. Yo le pedí 48 horas para tomar la decisión, lo consulté con Bilardo y Zulbedía que estaban dirigiendo en Colombia y Osvaldo me dice “¿Qué edad tiene usted?”, yo estaba llegado a los 36 y me dijo: “entonces es bueno que empiece a dirigir”. Hice las dos funciones y salimos campeones ganándole la final al Deportivo Calí que dirigía Bilardo. Además, le di el primer título al club (risas).

¿Te sacabas?

-Cuando no jugaba bien, sí. De local jugaba siempre y de visitante me sacaba y le daba el lugar al Pinza Vidal para tener un equipo más ordenado en el medio.

¿Lo que más te costó fue dejar el fútbol?

-Y sí. El que jugó al fútbol se da cuenta que dejar de practicarlo cuesta mucho. Los domingos, cuando puedo sigo jugando.

¿Cómo fue el regreso a Inglaterra después de cinco décadas?

-Yo había regresado cuando jugó Sebastián en el Manchester y en ese momento tuve la chance de conocer más de lo que habíamos conocido en ese cuando fuimos a jugar la final, porque la primera vez no salimos del pueblito que estábamos llamado Leeds, me acuerdo que en su momento cuando llegamos ahí cantamos el himno nacional argentino. Ahora que regresamos con los compañeros fuimos bien tratados por los ingleses, nunca nos faltó nada, disfrutamos de los museos y sentir el buen recuerdo que ellos tienen de nosotros.

¿Y a ustedes qué recuerdo se les vino a la cabeza?

-Que haber salido campeón en ese estadio no era nada fácil y nosotros pudimos lograrlo ante un equipo poderoso. Con los años te das cuenta que estábamos muy preparados.

¿Te sentís afortunado de este título?

-Sí, porque ganamos algo muy importante para el club y ayudamos a su crecimiento. Muchos de nosotros nos formamos en Estudiantes y los que vinieron se encontraron con un lugar fabuloso.

¿Lo único que te faltó fue triunfar en la Selección?

-En nuestra época a la Selección no le daban importancia, tan solo jugué unos partidos. Siempre se decía que éramos los mejores del mundo, pero no figurábamos en ningún lado. Yo creo que después del título del 78 recién le comienzan a dar bola.

En el homenaje del martes, Alejandro Sabella les agradeció por poner a Estudiantes en lo más alto del fútbol mundial, ¿qué opinas de esas palabras?

-Creo que tiene razón. Nosotros ganamos muchas copas y la mayoría fueron de visitante. Además, marcamos un antes y un después porque demostramos que nuestra preparación era una manera de hacer crecer a un equipo.

Sabella dijo que vos era un ídolo para él, ¿vos qué opinas de él?

-Como jugador fue un jugador bárbaro y fue un acierto de Bilardo traerlo. Cuando surgió la posibilidad de traerlo a dirigir acá, me acuerdo que lo conversamos con Sebastián, yo creía que era su momento, vino y no nos equivocamos porque hizo una campaña bárbara. Ojalá pueda volver a dirigir acá.

¿Bilardo fue el que mejor captó el mensaje de Zubeldía?

-Sin dudas, Carlos tenía mucho de Osvaldo y lo demostró en Estudiantes y en la Selección Argentina. Más allá de que muchos se equivocan con él, fue de los mejores técnicos.

Actualmente lo siguen molestando a Bilardo los medios, ¿te duele?

-Sí, me da bronca porque lo que trabajó e hizo no lo logró nadie. No es que salió campeón una vez, salió campeón siempre y ayudó muchísimo a los jugadores.

Estás todos los días en el Country Club de City Bell. ¿Cómo fuiste viendo el crecimiento del predio?

-Con una alegría enorme. Cuando Sebastián estuvo afuera del país la consulta para ver qué hacíamos era constante con él que ayudó mucho para que esto se realice. Nosotros seguimos de cerca la construcción de las canchas, acá había una sola y hoy en día tenemos siete. Con el paso del tiempo nos fuimos dando cuenta que Estudiantes tenía que tener este predio porque permanentemente vive mucha gente, haciendo deporte, en los colegios del club y no dejan de aprovechar los espacios.

¿Te fue difícil ser Juan Ramón Verón?

-No porque siempre traté de ser el mismo, un tipo normal.

Siempre te pregunta de él como jugador. ¿Cómo lo ves a Sebastián como Presidente?

-Bien y está llevando de forma adecuada su rol. Él nunca quiso ser técnico y su futuro apuntaba a la parte dirigencial, porque siempre estuvo pendiente del mantenimiento y la construcción del club. Hay muchas cosas que está encaminando y que en los próximos meses se van a ver. Ojalá podamos inaugurar el estadio lo antes posible.

¿Tu sueño es poder presenciar la inauguración el estadio?

-Yo creo que es lo único que nos falta, una vez que estemos ahí estaríamos completos.

Viste la carrera de Sebastián, pero ahora te toca ver a tus nietos. ¿Cómo lo vivís?

-Nosotros tratamos de que las cosas sean normales para él y que las cosas sucedan por las cosas tienen que pasar por merecimiento. Deian tiene condiciones, pero tiene que seguir creciendo día a día, preparándose, entrenando y si dios quiere el día de mañana va a poder jugar.

Sebastián tuvo la facilidad para superar el “ser hijo de”. ¿Lo ves a Deian con la misma fuerza?

-Sebastián la sufrió menos porque no existía tanto la comparación porque éramos distintos puestos. Yo jugaba de delantero y el de mediocampista, yo no hubiese podido jugar en el medio y las características de él no eran para ser delantero de punta. Hay que ver para dónde se inclina Deian.

¿Te sorprendió la carrera de tu hijo?

-No porque a medida que fue pasando el tiempo fue demostrando sus condiciones. Él pudo jugar en Boca y muy bien, en un club donde tenés mucha presión de gente que se mueve ese club. Más allá que duro poco porque lo vendieron rápido, ahí demostró sus condiciones para cualquier cosa.

¿Qué mensajes le dejas al hincha de Estudiantes?

-Que sigan apoyando al club porque está bien y es uno de los mejores que hay en el país, lejos. Pero para seguir creciendo se necesita siempre de su apoyo.

Se habla del ADN de Estudiantes. ¿Cómo se explica?

-Es difícil, hay que estar cerca del club para saber lo que es. A todos los que vienen a jugar a la institución se trata de darle la mejor educación, desde el saludo hasta ser solidario con el otro.

 ¿Qué es Estudiantes para vos?

-Es mucho en todos los sentidos, porque aparte de triunfar como jugador me dio la posibilidad de conocer mucha gente y hoy en día sigo teniendo la oportunidad de estar acá.