Los gobiernos de Lula que se desarrollaron entre 2003-2010, representaron para los más pobres de su país un proceso de expansión de derechos sociales similar al New Deal del presidente Franklin Roosevelt, según el politólogo André Singer. Los que estaban hundidos, más abajo, especialmente en el Nordeste de Brasil, pasaron a viajar en avión y poder tener ahorros. La ampliación de la cantidad de beneficiarios y la unificación de las políticas sociales, como la Bolsa Familia, fueron clave para esto. Se estableció un blanqueo formal para el trabajo doméstico. Estas medidas le granjearon al ex presidente Lula el odio y las críticas de los sectores tradicionales y la prensa conservadora del país vecino.

La significación de Lula fue, entonces, grande para un país que no había vivido un “primer peronismo”: la experiencia de Vargas, importante desde el punto de vista de los derechos laborales y la formación estatal, no tuvo el componente sindical y movilizador que tuvieron los gobiernos peronistas en Argentina. Estas razones explican la persistente popularidad del ex presidente Lula a pesar de los ataques y las condenas judiciales.

El Poder Judicial, en su desarrollo de las investigaciones por el Lava Jato, mega causa que involucra los históricos vínculos entre el Estado, empresas privadas y la clase política, ha hecho una utilización selectiva con el propósito de afectar especialmente a los políticos del Partido de los Trabajadores.

En el caso de Lula, se trata del único líder cuya aprobación popular, si bien ha mostrado retroceso, permanece fuerte tras la inédita crisis de representación y escándalos de corrupción que sacude desde 2015 al país vecino.

Con la prohibición de Lula, que se alza primero en todas las encuestas de opinión, para competir en las elecciones presidenciales de este año, Brasil pareciera encaminarse a una incapacidad del sistema político para representar los deseos de las mayorías populares. Este tipo de maniobras, históricamente promovidas por las elites, que excluyen del sistema político la participación de la opción mayoritaria, han resultado en América Latina un peligro para la estabilidad y la democracia. Al impedir la existencia del disenso entre opciones alternativas dentro del sistema, pueden llevar a expresiones de resistencia por fuera de los canales institucionales.

En Brasil, los intentos por forzar maniobras sucias para desplazar al presidente Getúlio Vargas del gobierno en 1954 produjeron su suicidio, seguidas por manifestaciones populares que atacaron las principales empresas norteamericanas del país, Standard Oil y Light and Power, así como los periódicos O Globo y Tribuna da Imprensa.

En Argentina, la proscripción del peronismo y su principal líder, Juan Domingo Perón, entre 1955 y 1973, fue un factor de inestabilidad permanente que impidió cualquier tipo de acuerdo que condujera a la estabilidad democrática. En Colombia, el asesinato del líder popular Jorge Eliecer Gaitán en 1948 generó también una inestabilidad acompañada de confrontaciones armadas que ha desangrado a este país hasta nuestros días.

Los poderes fácticos del país vecino, así, utilizan la carta de la virtual proscripción, aplicando un juzgamiento en tiempo record y sin pruebas claras para desplazar a Lula de la contienda electoral. No es la primera vez que este recurso es utilizado. Tampoco sería la primera en que el mismo no obtenga los resultados deseados.

 

*Sociólogo, Doctor en Ciencias Sociales. Autor de Prensa tradicional y liderazgos populares en Brasil (A Contracorriente, 2017). Twitter: @AGoldok