En una combinación de ejemplos individuales y heroicos sobre seguridad y patriotismo, Trump, al cumplirse un año de gestión,  dio su visión de lo que pasó y de lo que vendrá. Entre la grandeza del pueblo norteamericano y, especialmente, la admiración a la bandera, confluyó en un patriotismo que busca rememorar el “american dream” o “sueño americano”.

La variable desocupación, que hoy se ubica casi en pleno empleo, junto a la caída en la solicitud de subsidios de desempleo serían los logros del primer año. Pero este segundo año hay que seguir con detenimiento esta variable para evaluar mejor la situación social estadounidense, porque la pobreza para la población de mujeres jefas de hogar es del 50% del total de familias pobres.

La reducción de impuestos, parece un gran anuncio republicano, pero no es la más baja de la historia; si es menor a la realizada por Ronald Reagan y Obama. Por su parte, la reforma tributaria implica menor pago de impuestos para los hogares y las industrias, con la idea de relanzar por un lado el poder adquisitivo y por otro reactivar las inversiones. Trump también señala la apertura de plantas en Detroit y las nuevas inversiones de Exxon para este año.

Siguiendo con el destino manifiesto planteado en el discurso del presiente norteamericano, surge otro interrogante: ¿Qué nación construiremos? Basada en alcanzar todo, porque lo importante parece ser redescubrir el ser estadounidense, que va de la mano de creer en Dios aunque se respeten a todos los credos en el país. Por lo tanto, ser estadounidense es creer en Dios ¿Y los que no creen? ¿Serán estadunidenses?

En términos de tratados comerciales con otras naciones, para Trump, el intercambio tiene que ser justo y proteger al trabajador estadounidense y la propiedad intelectual. Y reconstruir la industria acompañada de la infraestructura: para ello, fue mejor salirse de Tratado del Pacifico y rever el acuerdo con México y Canadá, y no pudo faltar el señalamiento a la construcción del muro en la frontera con México, porque los sueños deben ser cuidados hasta por muros ¿Un The Wall? Y al mejor estilo confortablemente adormecido de Pink Floyd, donde los medios de comunicación contribuirán con todo lo que tienen; pero grietas, siempre hay grietas.

Porque el muro no solo cuida sueños, no solo adormece al que está del otro lado, no solo hace perder la sensibilidad por el otro, sino que el muro sirve para que los humildes del Caribe, principalmente, o Sudamérica, no puedan saltarlo; en este sentido, también, la reforma migratoria suma la condena a los países musulmanes.

Entonces, tenemos un muro, reformas que mejoran la competencia de las empresas a nivel nacional y escala global, una desocupación que desciende sumado al adormecimiento necesario para reconstruir el arsenal nuclear y mantener Guantanamo porque hay que combatir el terrorismo, y al terrorista se lo aniquila.

La insensibilidad que expresa el muro justifica el aniquilamiento del otro. Y ese otro terrorista, puede ser una dictadura comunista como Corea del Norte, según Trump. Ese otro enemigo a aniquilar es esa revolución martiana y bolivariana.

Quedó claro ante la Unión que la determinación y el sueño americano regresó bajo una simple explicación de la historia estadounidense: éramos un puñado de colonias en un territorio que no conocíamos y con salvajes. Hoy esas colonias son un país y todo lo que está por fuera –del muro- son salvajes, llevaran la civilización capitalista como bandera de libertad y la pregunta es: ¿Qué haremos los países “salvajes”?


                                                                                                                       *Economista (UBA) Investigador FCE-UBA / CESO / C. C. de la Cooperación Floreal Gorini. Twitter: @mattosernesto