En los hechos, fueron más de 60 ciudades las que se expresaron en América y Europa. En números, los cálculos más moderados señalan unos 25 mil manifestantes en la emblemática Cinelândia carioca y unas 100 mil personas en la localidad paulista de Largo de Batata. Esta contundencia de oposición femenina impone la necesidad de señalar el carácter de masas que adquiere actualmente el feminismo en la región.

 Al igual que en la Argentina, frente a la violencia machista o la demanda por el aborto legal, los movimientos feministas han desbordado sus antiguos nichos segmentados para expandirse en múltiples formas de protestas callejeras. Dando inicio a una de las expresiones más dinámicas de la vida política regional. Cuando además, en Brasil, ese movimiento de mujeres sobrepasa los clásicos compromisos de las demandas feministas, volviéndose la insignia de otros colectivos excluidos.

En conjunto, esas expresiones mancomunadas han hallado en la candidatura presidencial del ultraderechista, ex militar y actual diputado, Jair Bolsonaro el centro de su gravitación opositora. Dicho congresista alcanzó notoriedad luego de su actuación en el debate parlamentario que derrocó a la única presidenta brasileña, Dilma Rousseff. Luego de una deslucida actuación por décadas dentro de la partidocracia de ese país, el sexismo fascistoide del candidato por el Partido Social Liberal, se expresó al grito destituyente y en memoria del torturador de la propia mandataria reelecta, en tiempos dictatoriales en que fue detenida. Tal execrable emergencia nos invita a reconocer la interpretación de la teórica del feminismo, Rita Segato, cuando afirma que la corporación masculina está dando una batalla en este tiempo electoral, volviendo contra las mujeres gran parte de su espectacularidad patriarcal. Solo a partir de la enorme manifestación opositora de las mujeres brasileñas, esa misoginia reaccionaria está siendo silenciada en este tramo de la campaña electoral del candidato ultraderechista.

 Este sábado hubo una manifestación similar en varias ciudades del país para evidenciar los alcances de esa capacidad confrontativa aún con los resultados favorables que Bolsonaro alcanzó en la primera vuelta electoral. Las manifestaciones volvieron a balancear cuáles son los alcances políticos de este movimiento de masas agrupado bajo la consigna de EleNão, por simbolizar el fascismo, el racismo y el sexismo que puede llegar a gobernar el país. Esta irrupción femenina en medio de la encrucijada democrática brasileña, muestra cómo las diferencias de raza, localidad o clase no separa al colectivo femenino en su alianza contra ese poder patriarcal opresor. Más allá de los vaivenes de la partidocracia, las mujeres brasileñas han alzado su voz para ser parte de la histórica marea feminista que hoy recorre Latinoamérica.

 

*Dra. Ciencias Sociales. Investigadora Independiente del CONICET, Coordinadora del Programa de Estudios Críticos sobre el Movimiento Obrero del Centro de Estudios e Invetigaciones Laborales (CEIL, CONICET), Docente de UBA y UNLP