El año 2017 cerró con un nivel de actividad similar al de 2015. En ese estancamiento de la economía argentina se pueden reconocer algunas diferencias importantes en cuanto a la composición sectorial del proceso socio-económico entre el gobierno actual y su antecesor. Estas diferencias en el perfil evolutivo de la economía permiten aproximarse al mapa de “ganadores” y “perdedores” de la política económica que se ha desplegado desde los inicios de la presidencia de Macri.

Como surge del Cuadro, entre las actividades “ganadoras” (aquellas que entre 2015 y 2017 aumentaron su peso relativo en el conjunto de la economía nacional), se destaca, en primer lugar, la intermediación financiera. Se trata del resultado previsible de una política económica que, a partir de una peculiar (en muchos aspectos falaz) caracterización del proceso inflacionario en la Argentina, de una acelerada liberalización financiera y de un ciclo de endeudamiento externo sumamente vigoroso, ha premiado la especulación financiera de modo notable y por diversas vías. Aquí hay que tener presente que del negocio financiero no sólo se ven favorecidos actores netamente financieros, sino también todos aquellos grupos de la sociedad que cuentan con excedente como para canalizarlo a la esfera financiera (y sin duda que los hay, máxime si se consideran las abultadas transferencias de ingresos que han venido internalizando ciertos sectores delestablishment).


El segundo puesto en el ranking de los “ganadores” corresponde al sector inmobiliario. En la importante expansión relativa que experimentó este rubro entre 2015 y 2017 concurren varios factores. Entre los más relevantes sobresalen los siguientes: la mayor desregulación del mercado inmobiliario, la ampliación del crédito hipotecario y la canalización de recursos procedentes de otros sectores favorecidos por el programa económico de Cambiemos.

El tercer lugar en el podio de los “ganadores” está integrado por aquellas actividades que han resultado beneficiadas por otro de los pilares de la regresiva política económica en curso: los llamados “tarifazos”. De allí que no resulte casual la mayor incidencia relativa de distintos servicios. Tal es el caso de los vinculados con la prestación de servicios públicos (transporte y comunicaciones, electricidad, gas y agua), así como de los servicios médicos (sobre todo de la medicina privada).

Siempre dentro del núcleo selecto de “ganadores” se resalta finalmente el avance del sector agropecuario. Si bien desde hace unos años estamos en presencia de un escenario internacional complejo (por una conjunción de elementos), en el plano interno la actividad, sobre todo la ligada a los intereses sectoriales más concentrados, ha resultado favorecida por las diferentes traslaciones de ingresos que la política económica ha motorizado en su favor (devaluaciones, quita o reducción de retenciones, eliminación de una serie de regulaciones en materia comercial, cambiaria, etc.).

La consolidación estructural de las actividades “ganadoras” contrasta con el retroceso experimentado por la construcción, el comercio y, con mayor intensidad, la industria manufacturera. Con sus especificidades, se trata de los sectores que suelen generar más empleo, o que lo destruyen. La desocupación informada (superior al 8% en los principales aglomerados urbanos) combina una importante destrucción de empleo privado, en particular en el ámbito fabril, con cierto “efecto desaliento” entre quienes buscan trabajo y la creación de empleo en la órbita estatal y alguna expansión del cuentapropismo (dos indicadores de la precariedad del empleo que se ha generado).

En el caso de los sectores productivos, en especial los industriales, su retroceso relativo no sólo asume una faceta cuantitativa. También, y fundamentalmente, se expresa en dos elementos distintivos del programa de Cambiemos. Por un lado, en el perfil de la liberalización comercial llevada adelante, que ha implicado el desplazamiento de amplias capas del entramado productivo-industrial local, sobre todo el ligado a la micro, pequeña y mediana empresa. Por otro lado, en la reconversión productiva en marcha, promovida de modo decidido por la política económica, que busca afianzar aún más a los rubros procesadores de materias primas como el núcleo de la especialización productiva y de inserción del país en la división internacional del trabajo.

Ese sesgo “pro-materias primas” y su correlato en una reestructuración regresiva del aparato productivo es muy importante de tener en cuenta, máxime cuando una de las apuestas de fondo de esta gestión es la de avanzar en la celebración de acuerdos de diferente tenor que, en la generalidad de los casos, apuntan a consolidar una inserción “inteligente” de la Argentina en el mundo a partir de sus ventajas comparativas.

De este mapa de “ganadores” y “perdedores” se desprenden numerosos interrogantes sobre la viabilidad y la sustentabilidad económica y social del programa de Cambiemos.

 

*Sociólogo. Magister en Sociología Económica