Hace un tiempo largo que decidi radicarme en Santiago de Chile. Conoci la ciudad de Santiago  allá por el verano del 2012 atraído por las grandes movilizaciones estudiantiles generalizadas a lo largo del país trasandino. Universitarios y secundarios movilizados por la gratuidad en la educación, contra el lucro; desde ese año no dejé de cruzar la Cordillera. Pero no fue hasta mediados del 2016 que motivado por falta de oportunidades en mi patria, por los “Malos tiempos”  que corrían, decidí aventurarme y aquí estoy viviendo con mi  pareja, una Brasilera-Chilena en el microcentro de esta ciudad, pero empezaré a hablarles de Santiago, el que yo conozco.

No está demás contar que es una ciudad hermosa, pero es así mientras tanto uno pueda reconocer aspectos negativos. Santiago estuvo en boga allá por casa, en las noticias producto del “boom” en ventas compras por Argentinos, en la rama textil y tecnológica, no hay que negar que los precios son desopilantemente bajos y  los mínimos e inexistentes impuestos a la importación y una economía de mercado, hacen un mix atractivo para el turista, hay mas, óigame bien.

Esta ciudad  que nace de oriente a poniente, de la Cordillera hacia el valle, tiene atractivos en sus abismales paisajes, pre-cordillera para acampar y hacer tracking, cerros para realizar paseos en telefericos y picnics o asados en las paradas, como el cerro San Cristóbal que queda ubicado entre la estación Salvador y  Baquedano. El “Cajón del Maipo” bellísimo paisaje para disfrutar en familia con campings, piscinas, rio y quinchos como también cañadas de aguas  que bajan de la cordillera.

También existe una gran oferta gastronómica gracias al chile “Multicultural” que se ha venido gestando muy a pesar de los “Xenófobos” que han realizado recientes espectáculos  de intolerancia y miedo.  Se ve que  la  Ola Trump  tiene adeptos tanto en Chile como Argentina; pero nobleza obliga, el chileno  promedio es curioso y amistoso con las visitas, quiere conocer y viajar a través de la historia de cada migrante que conoce.

Hay un crisol bellísimo de comunidades que enriquecen a la hermana patria en cultura y oportunidades para el buen comer, así uno puede acceder a las pocas bondades de la globalizacion servida;  esta vez, en un plato de comida peruana, venezolana, japonesa, hindú y nacionalidad que a usted se le ocurra, no olvidando la riquísima criolla.

Así  también, puede recorrer la noche santiaguina desde Barrio Brasil para comer y tomar en un bar accesible o Providencia  si se quiere comer en un restaurant de gran nivel en lo culinario con un panorama exquisito ofrecido a los comensales; y  Bellavista para salir a “Carretear” como se dice aquí, muchos boliches y bares con una noche que no le envidia nada a la de nuestros pagos.

Este es el Santiago “bonito”, que solo se ve en el marco de “ciudad” generada por el metro, un metro que tiene trayectos por “arriba” en las zonas residenciales y por “abajo” en las poblaciones (villas). Santiago es todo, no solo ese panorama que vemos porque es una ciudad con un transporte que aísla, Santiago no solo es desde plaza Italia para arriba, que son las Comunas  de Las Condes  o Vitacura, Santiago también es para  “abajo”: La pintana, Puente Alto y  Cerro Navia  por ejemplo, ese es el Santiago que yo conozco, los invito .