El 24 de mayo quedó en la página dorada de la historia de Estudiantes de La Plata no solo porque el equipo Albirrojo consiguió una clasificación agónica a los octavos de final venciendo a Nacional de Uruguay en el Estadio Único, sino por él fue el último partido de Leandro Desábato con la remera del Pincharrata.

A más de tres meses de su retiro, el defensor que jugó 422 partidos en el León narró en una charla muy amena con Diagonales en el County Club de City Bell, cómo es hoy su día después de colgar los botines de manera profesional. El disfrute de sus cuatros hijos que le enseñan a ser papá. Sus idas a Cafferata -su ciudad natal donde hace el duelo posterior al retiro-, y donde aprovecha de su tiempo libre, las prácticas de las actividades que hacía de chico y jugar en Cafferatense, el equipo del “pueblo” que lo vio patear por primera vez, y disfrutar de compartir la pasión por el club con su familia y amigos.

A su vez, expresó su deseo de ser entrenador, carrera que arrancó perfeccionándose  mediante diálogos con entrenadores, profesores y que ya tiene como horizonte comenzar a trabajar junto a su amigo Rodrigo Braña en el club al mando de la Reserva.

Después de haber dejado el fútbol y volver a tu ciudad a gastar los últimos momentos con los botines, ¿cómo está Leandro Desábato?

-Bien, la verdad que tranquilo y disfrutando de algunas actividades que cuando era jugador no las pude hacer por los viajes, cuidados personales donde uno tiene que evitar reuniones familiares. Ahora me toca disfrutar de más cerca a mis hijos, mis viejos y mis hermanos yendo a Cafferata. Ya pasaron más tres meses del retiro, empecé a venir de nuevo al club, a tener algunas charlas con los dirigentes, comencé a mirar de otro lado el fútbol y de a poco me voy interiorizando en lo que va hacer mi nueva vida. Mi carrera como técnico.

"Comencé a mirar desde otro lado el fútbol"

Antes de dejar Estudiantes, en este medio dijiste “me está costando matar la etapa de jugador de fútbol”, ¿Cuándo la mataste?

-Fue difícil, el psicoanalista me ayudó bastante. Fui un año y aunque nunca lo dije, los primeros seis meses amagué, porque interiormente yo lo quería dejar, pero no pude. En la segunda oportunidad lo tenía bien asimilado y la verdad que no lo sufrí tanto, pensé que iba a ser duro, pero lo llevo bien. Además de hablar con la psicóloga, hubo una charla con mi señora donde le dije que me deje ir al pueblo –ella también es de allá-, para jugar unos partidos en Cafferatense, con mis hermanos y todo eso hizo que de a poco se me vaya apagando la llama como jugador. Aunque siga pateando en el club de mi ciudad, sin entrenamientos diarios y en una liga amateur, hay tipos que juegan bien y uno se termina de convencer que tiene que dejar.

¿En qué momento decidiste dejar?

-Yo lo definí cuando regresaba en el micro después del partido con Patronato en Paraná, interiormente me dije “no juego más”. Fueron ocho horas de viajes, venía leyendo un libro, escuchando música y leí una frase; y me lo planteé. No era un libro relacionado con el fútbol, era algo con la vida. Cuando llegué a mi casa, se lo dije a mi señora, se lo comenté a mis hermanos –uno se enojó y me dijo que estaba loco (risas)-. En el partido ante Real Garcilaso en Cusco, que me costó por la altura, comenté que estaba la chance de no jugar más, pero ya interiormente lo sabía. Cuando jugamos con Nacional, no quise decirlo porque era un encuentro importante y me parecía que el retiro mío no era ideal para un vestuario por la relación que tengo humanamente con los chicos. Ellos me iban a querer convencer y no quería que nadie me diga nada, porque no quería sentir esa responsabilidad de que me vengan a cambiar la opinión y decirle que no. En las vacaciones me fui junto con el Chapu (Braña), se lo comenté y no quería saber nada. Arranqué la pretemporada para ver si encontraba algo que sabía que no iba a encontrar y en el segundo día, no aguanté más, salí del entrenamiento, le dije a Alayes: “No juego más. Te lo comunicó oficialmente”, se lo dije al Chino (Benítez) y les pedí que nadie me convenciera. 

"No me quería quedar en el club por lo que yo había conseguido"

Además, le aclaré que no pasaba nada, que era una cuestión de que estaba convencido de que me tenía que retirar. Yo siempre soñé retirarme en una cancha y por suerte me pude retirar medianamente vigente, logrando que la gente se vaya con una imagen de que me vio jugando, bien, mal o regular, aguantando los 90 minutos, corriendo y en un partido de alto vuelo. Cerré una etapa que se me hacía difícil.

Decís que no querías que nadie te convenciera, ¿Era una presión para vos?

-Yo no quería dar lástima. No quería que Agustín (Alayes) o Sebastián (Verón) con los cuales tengo relación, me pidan para acompañar este proceso con el Chino, con los pibes, porque yo no quería decirle que no. Tampoco me quería quedar en el club por lo que yo había conseguido.

Con los botines colgados de manera profesional, ¿qué te está faltando?

-La verdad que nada. Muchos me decían que cuando tenga tiempo libre vas a comenzar a pensar y te soy sincero, no tengo. El tiempo se lo dedico a mis hijos, mi señora o me voy a mi pueblo dos o tres días casi todas las semanas; cuando vengo a La Plata tengo reuniones con profes, técnicos o compañeros y me junto con amigos. Por suerte estos tres meses no sentí la soledad o no extrañé la rutina que era el miedo más grande que yo tenía. Lo único que me afectó, que como fui estructurado en mi vida, me falta tener ese orden de levantarme e ir a entrenar, almuerzo, siesta por la tarde. A veces me levanto y me pregunto qué hacer (risas).

"Me falta tener ese orden de levantarme e ir a entrenar, almuerzo, siesta por la tarde. A veces me levanto y me pregunto qué hacer"

De pibe te costó tomar la decisión de venir a jugar acá, ¿el retiro fue la más dura que te tocó?

-Si y gracias a la ayuda del psicoanalista me di cuenta que soy una persona que me cuesta tomar decisiones, me cuesta mucho salir de mi ruta. Cuando me tocó irme a Olimpo, que fue mi primera gran decisión, porque no me quedaba otra, si me daban a elegir me quedaba en Estudiantes. Tuve que ir forzado, pero no me arrepiento. Esta decisión del retiro hizo darme cuenta que me cuesta desprenderme de las cosas, porque siempre fui un tipo conservador, no me fui a jugar afuera cuando tuve ofertas, pero siempre busqué estar con mi familia, ganar un peso menos, pero estar con ellos.

¿Recibiste muchos mensajes que te emocionaron?

-La verdad, recibí mensajes de la gente que yo quería recibir. Me escribieron muchos dirigentes, profesores que tuve a lo largo de mi carrera, periodistas y futbolistas. Pero yo siempre fui una persona con un déficit en la vida, socialmente no soy bueno. Creo que fue porque la profesión hizo que me vaya capsulando y no busqué establecer muchas relaciones.

¿Te arrepentís?

-No, porque eso fue lo que me hizo llegar hasta los 40 años. Porque a veces las relaciones, inconscientemente hacen que uno se desvíe de su profesión. Yo tal vez no me juntaba con amigos o compañeros, pero cuando los veo estamos juntos y la paso bien, pero me cuesta provocar a mi esa reunión. Igual nunca tuve problemas con ninguno de mis compañeros, con los técnicos solamente con uno no tuve simpatía, después los demás me pueden gustar menos o más (al igual que ellos conmigo), pero por suerte los veo, los saludo a todos. Otro ejemplo, me pasa con mis hijos, tengo cuatro y no tengo relación con los padres de compañeros de mis nenes o no iba a los locales, porque no me gustaba que me preguntarán por el club, por el equipo o por qué perdíamos, a medida que fui más grande eso lo sentí más, todo eso me pasaba y me hacía muy responsable. Eso hizo que yo me vaya encerrando y también uno de los puntos del retiro. Ahora sin jugar, no tengo problemas con las reuniones o juntadas, antes no iba o ponía una excusa. El retiro me abrió mucho.

"Esta decisión del retiro hizo darme cuenta que me cuesta desprenderme de las cosas"

Tus padres no querían que vayas a jugar a tu ciudad, ¿qué te dijeron tus padres una vez que tomaste la decisión de dejar de ir a Cafferatense?

-En su momento me decían que no vaya a jugar porque me iban a putear y ahora me piden que me vaya todos los fines de semana. En la liga me dicen algunas cosas, que deje de protestar porque yo soy una radio hablando, pero siempre con respeto, me han tratado muy bien estos partidos que jugué y la gente está ilusionada, se armó algo lindo y todos se sorprendieron en la zona porque yo hacía un mes que estaba jugando en la Copa Libertadores y al mes estaba jugando allá. En mi carrera tuve la suerte que ningún familiar mío me puso trabas, nunca se metieron ni me pidieron plata. Yo he tenido muchos compañeros que sus familiares se metieron en su carrera y lo han perjudicado. Mi fue el único que me dijo algo antes del retiro: “fíjate que estas bien, juga un poco más. Pero si a vos te parece está bien”.

Vas diariamente, ¿cómo los encontraste a tus padres, Tacha y Lucia?

 -Muy bien. Mi viejo no es de expresarse mucho, mi mamá es de hablar más. Mi papá se bajó hace dos años del camión y yo tenía miedo que se venga para abajo porque desde los 16 años manejaba, pero justo mi hermano se hizo un bar que va gente a tomar algo cuando él no está, lo atiende Tacha o cocina un asado; Lucía les hace las empanadas. Yo no quería que trabajen por su edad, pero encontraron su pasatiempo y los mantiene bien.

¿Cómo encontraste el club de tu infancia?

-La verdad que creció mucho, cuando yo era chico las canchas eran un desastre y no había nada. Hoy tienen las canchas bien, todos los materiales y algunos jugadores cobran. Antes no se cobraba nada, hasta los botines nos comprábamos. La liga creció mucho en ese sentido, es muy competitiva, hay tres o cuatro equipos que le pagan a los jugadores que quedan libres de Rosario Central, Newell´s o Talleres y se quedan ahí porque cobran mucho más de lo que pueden ganar en una B Metropolitana o en la B Nacional. Yo disfruto, a mi me gusta ir a jugar, hay un compromiso y yo todo lo que hago lo hago con responsabilidad por más que sea amateur y eso me genera que si no puedo ir un fin de semana estoy defraudando a la gente o a mis compañeros. Ahora es muy probable que haga un viaje a Europa a un congreso para seguir aprendiendo en mi carrera como técnico y ya están sacando las cuentas porque no estaría para los cuartos de final y yo me pongo mal. En ese sentido siento presión porque no quiero quedar mal con esas personas que están muy ilusionadas, por eso trato de ir todos los fines de semana. Disfruto de jugar con mi hermano, de estar con gente grande, que se emocionan cuando me ven a mí. La idea es ir, jugar, llegar lo más lejos posible y después basta, me vengo porque tengo que trabajar sino me comen los piojos. En Cafferata, me tomé un recreo para enfriar la cabeza, despegarme de este mundo profesional, pero para agarrar fuerza y volver, no para irme. De a poco empiezo, me instalaré acá, voy a seguir yendo, porque tengo mi casa allá y cuando sea viejo probablemente me vaya a vivir.

¿Y vos te permitís emocionarte?

-Si, en el primer partido salgo a hacer la entrada en calor y había cuatro o cinco personas de más de cincuenta años, que se fueron a vivir a una localidad vecina, Corral de Bustos. Cuando los veo les pregunto: “¿Qué hacen acá?" Y me dicen que me vinieron a ver, y yo les aclaro que no soy la solución, pateo para arriba y sigo siendo el mismo que yo fui. Y me dicen, pero no Chavo lo tuyo es valorable, en Corral de Bustos salieron muchos jugadores, pero ninguno volvió a jugar un partido. Eso me quedó grabado y es lo que uno de una u otra manera quiere inculcar, que vuelvan al pueblo a jugar uno o dos partidos, que estén con la gente que los vio de chico y sobre todo que traten de dejar algo para un pibe que se vaya y después haga lo mismo para que se entusiasmen otros. Cuando fui estuve hablando con los chicos de 13-14 años, que fueron a probar suerte en otros clubes y les dije que yo no tengo condiciones, pero que el sacrificio es lo que te lleva a jugar a Primera. Que pueden tener condiciones, pero que si no tienen sacrificio no van llegar.  Trato de inculcar lo que puedo en un pueblo donde uno salió y me gustaría que sigan saliendo jugadores.

¿Cómo viviste ese primer partido en Cafferatense?

-Muy nervioso (risas). Justo la noche anterior el club había hecho una cena, presentándome, entregándome la ropa y esa noche me había emocionado. En el partido me tocó algo duro; mi primo es el número nueve y el goleador histórico de la Liga es el capitán, llega y me dice: “el capitán sos vos”. Yo le dije que no, él me insistió, la agarré en el vestuario y en la arenga se me venían tantas cosas a la cabeza, que no podía hablar y me quebré. Mucho no pude decir. Pero entrar a la cancha que jugaba de chico con mis hijos, la gente, tus padres y como el Chapu dice siempre, nos vamos poniendo viejos y nos agarra esa nostalgia. Ese partido terminé acalambrado (risas). Pero con esto me di cuenta que no hay un techo que te diga soy más responsable hoy, porque estoy en Estudiantes. Soy responsable donde esté y cada vez que perdemos me duele, me preocupo. Mi mejor amigo me dice no te hagas problema o a otros les da lo mismo, a mí no. Eso fue lo que me hizo jugar hasta los cuarenta y con pocas condiciones.

¿Cuántos asados te comiste desde que te fuiste a Caffereta?

-Muchos (risas). Siempre lo hacía, pero ahora lo hago con mucha más intensidad. Me invitan a comer vizcacha, martineta, perdices, lechón, cordero y voy a todos. Pero también me sumo para ir al campo con amigos, trabajo, ando a caballo, disfruto de llevar vacas de un lado al otro, hacer un asado en el medio del recorrido y comer a las dos o tres de la tarde. También agarro la camioneta de mi viejo y me voy a cortar leña con la motosierra. Hago cosas que realizaba cuando era chico, porque soy inquieto. La vida del campo la disfruto, me fascina, pero sé que no voy a estar toda mi vida ahí porque tengo que ayudar a la familia y trabajar de lo que me gusta, que es ser director técnico. Ahora me estoy dando todos los gustos juntos, que no pude hacer por mucho tiempo.

¿Te sorprendió el Chino?

-No, me sorprendió en este periodo. Me llamó mucho la atención cuando apenas comenzó a dirigir la Reserva porque en un momento él me preguntó para ver qué hacía yo, si iba a dirigir y hacer algo juntos. Yo le dije porque no se metía a dirigir y lo veía con dudas. Arrancó con la Reserva y yo un par de veces que estuve hablando con él, tenía los conceptos claros, me gustaba y terminó heredando de los técnicos que tuvimos y fueron muchos buenos. Uno termina siendo, lo que va aprendiendo de la carrera. Ese trabajo en la Reserva, le dio la ventaja de poder confiar en los pibes, porque sabían lo que le podía dar. Lo que tiene que tener claro la Comisión, la gente y los jugadores que es un periodo de transición, que no es todo color de rosa y hay que acompañar en las dificultades que puede llegar a venir en algún momento. Si entienden eso, le va a ir muy bien.

¿Te llamaron la atención los juveniles desde lo futbolístico y con el compromiso?

-Sí, me sorprendieron. Los conocía porque iba a ver mucho la Reserva cuando estaba el Chino y me gustaban mucho los chicos cómo jugaban, pero después había que ponerlos en Primera a ver si podían responder. Lo están haciendo bien, son chicos muy respetuosos y todo eso influye mucho en el jugador de fútbol. Están bien parados, son maduros, con otra cabeza y eso le fue facilitando tener estos primeros partidos muy buenos. También muchos de los pibes me pidieron que me quede, que siga porque era importante para ellos. Esas cosas te marcan, porque te lo digan los grandes lo entendes, pero un pibe de 18 o 19 años sentís un poco el cimbronazo.  Fue una de las cosas más lindas.

¿Cómo viviste el agasajo en la cancha de Quilmes ante Boca? ¿Tenes pensado hacer un partido de despedida?

-No, partido de despedida no. En Quilmes quedé impresionado con los chicos,  porque todos se saquen una foto conmigo posando como para jugar. No es normal que suceda en nuestro fútbol. Pero con los chicos me llevo bien, hace 10 días se juntaron a comer y me invitaron a que vaya, pasé y estuve un tiempo con ellos. Esas marcas son las que uno trata de hacer a lo largo de la vida, porque el jugador de fútbol cuelga los botines y ya está, lo que queda es la persona y que a uno lo traten así, es lo que más me da la satisfacción.

¿Qué disfrutas hoy de tus hijos?

El más grande de 13, que me dijo “no seas cagón seguí” cuando me retiré, está jugando al fútbol, vengo, lo acompaño en el Country, lo miro y las nenas son chiquitas, son una dulzura, para un padre son la debilidad. Pero a veces me pregunto ¿Qué difícil es ser padre?, él está atravesando la adolescencia, quiere comenzar a salir y juntarse con amigos, en la escuela anda más o menos y a veces no sé cómo encararlo y decirle las cosas. Ahí pienso cuánta razón tenía mi mamá cuando me lo decía a mí. Él me está enseñando un poco cada día. Tengo otra cosa negativa, soy miedoso de cómo está la sociedad y todas las cosas malas que estamos viendo continuamente. Me asusta mucho, el contexto social por ellos. Cuando ando solo no le tengo miedo a nada, cuando ando con alguien más ya me pongo nervioso de que me pueda pasar algo. Es feo decir que uno piensa siempre lo malo, pero es así.

Sobre su rol de padre: "Soy miedoso de cómo está la sociedad y todas las cosas malas que estamos viendo continuamente".

Dijiste que vas a viajar a hacer un congreso, ¿Te vas a perfeccionar para la carrera que viene como DT?

-Sí, más que a perfeccionarse o prepararse, no sé porque hay técnicos que terminaron de jugar, arrancaron e hicieron una carrera increíble, otros se prepararon y le fue mal. Quiero empezar a ver cosas que del lado del jugador no se ven. Por ejemplo: el otro día me junté con un profe, me mostró la planificación de una semana, me explicaba, todo no entendía y me comencé a interiorizar. Por eso quiero hablar con profes, técnicos, escuchar coaching, aprender de liderazgo a la hora de ser entrenador. Recoger información. Ya hablé con varios entrenadores, no los quiero nombrar porque después dicen sos bilardista o menotista (risas) y muchos clubes me abrieron sus puertas para ir aprendiendo, un representante me invitó a conocer el fútbol chileno. Pero a veces no tengo tiempo, por una cosa o por otra y me van quedando cosas en el tintero, todo lo que pueda lo voy hacer para enriquecerme.

¿Ya hablaste con Alejandro Sabella?

-Sí, fuimos con el Chapu dos veces y después en un asado estuve junto a él. Pero cuando fui era jugador y hablamos de cosas que nos habían pasado en ese momento. Por eso, yo ahora quiero ir a escuchar otras cosas que me interesan a mi como entrenador, si bien algo hablamos algunas veces, me gustaría profundizar un poco más, escuchar su opinión. Es un tipo para escuchar y aprender.

Parece que son sus últimos partidos, ¿Lo estás esperando al Chapu?

-El Chapu está ahí (risas). La idea es trabajar con él, pero estoy esperando que se decida cuándo va a dejar, si será en diciembre su retiro o en julio, eso lo va dando el día a día, porque no creo que decida hoy faltando cuatro meses, porque a mí me pasó de convencerme de la decisión el último mes. Por eso yo no lo voy a apurar y son resoluciones personales, lo voy a esperar y va estar conmigo.Hay una posibilidad de arrancar en la Reserva, ya lo hablamos con Alayes. A mí siempre me gustó arrancar en esa categoría, no solo para conocer sino para terminar de formarme, de planificar una semana, de equivocarme. Yo sí pasaría directo a una primera, sería medio chocante pararme delante de un grupo. No te digo que no lo puedo hacer, pero me gustaría por lo que fui diagramando, leyendo o por mi idea que tengo en la cabeza, arrancar en la Reserva.

Hablando de entrenadores, ¿Qué sacas de Gustavo Alfaro, Diego Simeone y Alejandro Sabella?

-Del Cholo la intensidad del día a día y cómo vive los entrenamientos igual que el día del partido. De Alfaro yo lo tuve hace 20 años, fue un adelantado, un pensante y estratégicamente muy bueno. A la hora de opinar de Alejandro Sabella, no puedo saber la intensidad del día a día porque tuvimos un año y medio que prácticamente jugábamos cada tres días; en la semana larga no hacíamos mucho porque teníamos que recuperar y luego arrancábamos de nuevo la seguidilla. Pero él junta un poco de todos, es un maestro, dice las cosas en los momentos justos. Lo agarramos con muchísimas experiencia, conocía a la perfección lo que es Estudiantes, era un pensante y siempre le sacaba lo mejor a cada jugador, fortaleciéndolo y haciéndolo crecer. Para que te des una idea, él tenía una idea y si un jugador no lo podía hacer, buscaba la manera de restructurar su pensamiento para obtener lo mejor. Un año salimos campeones jugando de una forma; y al otro año tuvo que reinventar el equipo, terminado  saliendo campeón con otra cualidades futbolísticas.

Paraste la pelota, ¿te arrepentís de algo?

-Lo único que tal vez me analizo y con el tiempo, tendría que haber venido a probarme un año antes y no tan grande; o no haberme ido a jugar afuera cuando tuve la oferta concreta de México. Me hubiese gustado jugar en Europa, sobretodo en Italia porque los centrales son más fuertes. Pero no me arrepiento de nada. 

Hoy Leandro Chavo Desábato es…

Un ex jugador (risas), que trata de disfrutar la familia tranquilo. Conociendo que después del fútbol hay vida.

Y Cafferatense es…

Es importante en mi vida, al igual que Cafferata. Mi familia siempre estuvo ligada al club, nosotros estamos ligados porque somos tres varones futboleros, mi vieja se cansó de estar en el club haciendo cosas  y mi viejo manejó hasta el colectivo de la institución. Para la familia Desábato es muy importante. Es un lugar al cual estoy agradecido y ahora volví a jugar, donde yo estoy bien, protegido, por eso es muy difícil que yo esté mal y le dije a mi señora: “Yo me retiro del fútbol, pero el duelo lo hago en Cafferata”.