Martin Ford en su libro El auge de los robots nos invita a pensar en el efecto de los cambios tecnológicos con una analogía sobre una invasión alienígena. Imaginemos que aterriza en la Argentina una nave espacial con millones de alienígenas. Estos son sumamente inteligentes, capaces de aprender nuevos lenguajes, resolver problemas, e incluso son creativos. Su única fuente de motivación es ser excelentes en el trabajo que se les asigne. No les interesa el descanso, ni las vacaciones, ni pasar tiempo con su familia e hijos, ni desarrollarse intelectualmente en otras áreas. Si necesitan dormir, lo hacen de pie en su puesto de trabajo. Ellos sólo quieren trabajar y están dispuestos a hacerlo por un salario muy bajo.    

La predicción que sigue es que estos extraterrestres, que se parecen mucho a robots incansables, empezarán a desplazar humanos de sus puestos de trabajo, empezando por aquellos más rutinarios y siguiendo luego por otros de mayor complejidad a medida que aprendan y se vuelvan más inteligentes. Así se creará una sociedad distópica semejante a la descripta por Kurt Vonnegut en su libro La Pianola, donde sólo los gerentes y los ingenieros tienen trabajos, ya que unos deben de controlar a estos alienígenas-robots, mientras que los otros están a cargo de encontrarles nuevas funciones, incluso la de reemplazar a otros gerentes e ingenieros por robots.

La idea de que los robots nos están dejando sin trabajo se ha vuelto sumamente popular. En lo que resta de este texto, voy a argumentar por qué este no ha sido el caso para la Argentina, aportando una mirada basada en el análisis económico del cambio tecnológico.

Los tres efectos de los cambios tecnológicos

A lo largo de la historia, todo cambio tecnológico está asociado a tres efectos. En primer lugar, se produce un desplazamiento de trabajadores que cumplían ciertas funciones que luego del cambio tecnológico son automatizadas. Por ejemplo, muchos trabajadores de la industria automotriz fueron desplazados de la línea de ensamblaje.

En segundo lugar, el desplazamiento anterior aumenta la eficiencia en la producción de un bien, incrementando la escala de la producción en ese bien donde se produjo el cambio tecnológico. Siguiendo el ejemplo anterior, se producen más autos a menor costo.

Finalmente, producir más bienes a menor costo implica que otras industrias tienen acceso a ellos, y que los consumidores poseen más dinero para gastar en otros bienes, con lo cual la productividad de la economía crece. Tener más y mejores autos a menor precio implica una caída en los costos de transporte, impactando en todas las ramas de la economía de manera positiva.   

Notar que la analogía anterior sobre los alienígenas con la que habitualmente los gurús de la tecnología se refieren al cambio tecnológico sólo consideran el primer efecto (llamado efecto desplazamiento), ignorando así el impacto sobre la escala de la producción, como sus efectos sobre la economía en general. Esto es, el desplazamiento de trabajadores impacta negativamente en el empleo, mientras que mayor escala y productividad tienden a aumentarlo. El impacto neto dependerá siempre de la magnitud de cada uno de ellos, y tendrá que ver con las características de la nueva tecnología y del país o mercado laboral en que se implemente.

En esta discusión he dejado de lado la personalización de los trabajadores afectados. Es posible que el cambio tecnológico genere ganadores y perdedores. En general, los perdedores son trabajadores de ingresos medios que se especializaron fuertemente en actividades que luego fueron automatizadas, mientras que los ganadores han sido trabajadores de servicios poco calificados o profesionales que se beneficiaron del aumento de la productividad en la economía. Este fenómeno se ha producido en muchos países desarrollados y se ha denominado polarización del mercado laboral, en referencia a la desaparición de trabajos de ingresos medios y el auge de trabajos de ingresos bajos y altos.  

La Tecnología en Argentina

Hay varios factores que han evitado la polarización del mercado de trabajo argentino. El primer factor es que, para que el cambio tecnológico genere desplazamiento, las industrias con sus fábricas deberían de existir en el país antes que el cambio tecnológico tenga lugar. Esto es, si muchos de los procesos que han sido automatizados no se llevaban a cabo en la Argentina, estos cambios tecnológicos no generan desplazamiento alguno, mientras que sí podrían impactar positivamente la productividad de la economía en general. De hecho, es probable que suceda lo contrario: con la estandarización de los procesos productivos puede que sea mucho más conveniente para las industrias multinacionales producir en la Argentina.

De hecho, y contra los pronósticos de muchos gurús tecnológicos, la proporción de empleo en industria en todo el mundo se ha mantenido relativamente constante desde 1990 en alrededor del 23%, pero sí ha cambiado rotundamente la composición del mismo entre países: mientras que en la India se incrementó de 15% al 24%, en Estados Unidos cayó del 25% al 19%. En Argentina la proporción de trabajadores en la industria cayó en la década de los ‘90, pero se mantiene estable alrededor del 22% desde 2005 a la fecha. Si el país genera las condiciones necesarias para atraer nuevas industrias, la tecnología puede ayudar a incrementar el empleo en este sector en lugar de destruirlo como sí ha sucedido en países desarrollados.

El segundo factor tiene que ver con el análisis de costo-beneficio de la incorporación de tecnología, sobre todo aquella aplicada al sector servicios. Una empresa de servicios que está evaluando la compra de una máquina que puede reemplazar a un trabajador, tendrá en cuenta el costo de la máquina en el mercado, su depreciación, el costo de reparación, la posibilidad de hurto de la misma, y los salarios que dejará de pagar si llega a reemplazar a un trabajador. Por lo tanto, no basta con que la máquina sea más productiva en términos de unidades producidas por hora, sino que debe ser económicamente rentable. En el caso de Argentina, los costos de la tecnología son altos y los salarios son bajos para los estándares internacionales, retrasando significativamente la aplicación de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, en Estados Unidos el oficio de canillita ha desaparecido hace ya 20 años, reemplazado por buzones con diarios en las esquinas a los que se accede colocando una moneda. A pesar de que esta tecnología que desplaza trabajadores ha estado disponible desde hace mucho tiempo, no se ha aplicado en la Argentina porque los canillitas cobran un salario tan bajo que no justifica la compra de tal máquina, la cual no sólo es más costosa aquí, sino que también tiene mayores riesgos de sufrir daños y deberá ser reemplazada más seguido.

Paradójicamente, los bajos salarios retrasan el cambio tecnológico que podría contribuir a aumentar salarios en el largo plazo dado su efecto positivo sobre la productividad de la economía en general.

Una mirada al futuro

Que los cambios tecnológicos no hayan sido tan importantes para la Argentina como para otros países implica que hay por delante un margen de adopción sin precedente, que impondrá un gran desafío sobre el mercado laboral.

Para que este cambio tecnológico sea beneficioso para los trabajadores, el sistema educativo debe enfatizar la formación de habilidades cognitivas y socio-emocionales que han demostrado ser las más difíciles de automatizar. La mayoría de los trabajos del futuro estarán focalizados en estas habilidades. También resulta que estas habilidades son más generales que otras habilidades manuales más específicas, con lo cual el trabajador las lleva consigo a cualquier trabajo donde se mueva. Este factor también será importante considerando que la rotación entre trabajos se acelerará de la mano de los cambios tecnológicos. Será también necesaria una política más activa de capacitación permanente de los trabajadores, especialmente aquellos que resultan perjudicados por la aplicación de nuevas tecnologías.

Pero estos desafíos están cubiertos de optimismo. La adopción de las nuevas tecnologías son el único camino posible para una senda de crecimiento económico sostenido que acorte las distancias que nos separan de las economías más desarrolladas del mundo. 

 

* El autor se encuentra cursando el doctorado en economía en la Universidad de Cornell (Estados Unidos), y es investigador afiliado del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS). Es uno de los autores del libro Crecimiento, empleo y pobreza en América Latina, publicado por Oxford University Press. Twitter: @djjaume_econ