Según surge del Informe Nº 1137 de la Dirección General de Estadística y Censo de la CABA, del año 2015, "los niveles de correspondencia entre la educación y calificación de la ocupación (de los trabajadores de la Ciudad de Buenos Aires) se encuentran en torno a un 40% de la población ocupada, lo que implica que cerca del 60% ocupa puestos de trabajo de una complejidad  que no coincide con sus credenciales educativas."

El informe desprende, tanto desde la perspectiva educativa como desde el punto de vista laboral en la relación del máximo nivel educativo alcanzado/calificación de la mano de obra, que asistimos a un fenómeno de sobre-calificación de los trabajadores ocupados de la Ciudad. Según el mismo, para las tareas no calificadas y operativas, que abarcan al 70% de la población ocupada de la Ciudad, la sobre-educación abarca a la totalidad de los trabajadores. Y respecto a la formación, tanto los jóvenes que han terminado la secundaria como aquellos que se encuentran en niveles superiores (completos o incompletos) de formación, no consiguen puestos correspondientes a su nivel de calificación.

Estos números, publicados por el organismo oficial del gobierno de la Ciudad, echan por tierra el argumento principal con el que el mismo gobierno afirma la necesidad de la reforma secundaria, que sostiene que la creciente desocupación juvenil tiene su origen en los déficits de formación de los jóvenes. Por el contrario, en una ciudad donde el 60% de los trabajadores tiene estudios superiores (completos o incompletos), tenemos una enorme mayoría de trabajadores sobre-educados.

El gobierno no desconoce estos informes. El “error de diagnóstico” en el cual el problema de la desocupación está en la formación es interesado. Pretende responsabilizar al desocupado por su condición. Pero los informes demuestran que el problema radica no en la formación educativa sino en la estructura productiva de la Ciudad, que no tiene capacidad de absorción y generación de empleo para la cantidad y calidad de la fuerza de trabajo existente.

En estas condiciones, la “vinculación de la educación con el mundo del trabajo” no puede partir sino de la descalificación educativa para empleos precarios y el ingreso al mercado de trabajo solo puede ser de trabajadores más calificados en condiciones precarias en detrimento de aquellos con mayores derechos.

Al crecimiento geográfico bruto de la última década en la Ciudad lo acompañó un crecimiento del trabajo descalificado y precario. Bajo el capitalismo, el desarrollo tecnológico opera de manera contradictoria. En vez de redundar en un beneficio general, con mayores salarios para los trabajadores y una reducción de la jornada laboral, termina incrementando la desocupación estructural y condenando a la mayoría de la fuerza de trabajo a tareas rutinarias y descalificadas.

Así es que la reforma educativa pretende terminar con la inadecuación formación/puesto de trabajo de la peor manera: descalificando la educación, en lugar de orientarse a la creación de puestos de trabajo para la población dispuesta a trabajar y al desarrollo productivo que implique la creación de puestos de trabajo calificados. Así lo plantean los lineamientos de la OCDE, que recomiendan reemplazar una educación científica e integral con ´conocimientos blandos´ que es la formación básica que las empresas imparten a los trabajadores para desarrollar tareas pero que no puede convertirse en el eje del sistema educativo. Aún más, de esta manera, las patronales descargan en el Estado esta tarea que con la reforma educativa convertirían a la escuela en un departamento de las empresas.

El complemento de esta reforma es la laboral, que busca masificar y legalizar el trabajo descalificado. Por eso, implementará las “prácticas profesionales”: el trabajo precario de los estudiantes en empresas que reemplaza los contenidos académicos del 5to año. El del gobierno es un plan de jóvenes trabajadores sub-educados para un mercado laboral descalificado. Nada tiene que ver con la necesaria unidad de teoría y práctica para asegurar el proceso pedagógico y la asimilación correcta de los contenidos.

Las tan vilipendiadas tomas de escuelas promovidas por estudiantes secundarios, movilizaciones y diversas medidas de lucha, han puesto este doble problema sobre la mesa. En primer lugar, que es necesaria la defensa de la educación ante esta ofensiva capitalista, de destrucción de la formación y retroceso pedagógico y educativo. Este es su primer gran triunfo. Pero a su vez, se devela la precariedad laboral general que pone de relieve la necesidad de una reorganización económica, de la ciudad y el país.


*Dirigente nacional del Partido Obrero y el Frente de Izquierda. Twitter: @Solanopo