La Selección Argentina se jugará una de sus últimas cartas para llegar a Rusia de manera directa frente a Perú en un partido que, finalmente, se jugará en La Bombonera.

Si el motivo de la elección es tratar de generar un ambiente de presión para intimidar a la visita, creo que la determinación es errónea. Primero diré que se juegue en la cancha que sea, la presión será toda para el equipo de Sampaoli, porque no le sirve ni siquiera empatar, resultado que dejaría mejor parados a los de Gareca y le brindaría la posibilidad a Chile y Paraguay de escalar posiciones. Ni pensar en una derrota, que podría dejarnos incluso afuera de la zona de repechaje de cara a la última jornada en la altura de Quito.

 Segundo, que un resultado parcial adverso podría cambiar el ánimo del público y pasar del aliento a la reprobación, algo que se haría sentir desde mucho más cerca para los protagonistas locales que en el estadio Monumental. La tercera, es el antecedente todavía fresco de los incidentes en el suspendido Boca-River de la Copa Libertadores en la serie del gas pimienta.

También, hay presente un antecedente similar de llevar a una selección a un “estadio caldera” para impresionar al rival, que falló. Fue cuando la Argentina dirigida por Diego Maradona se presentó contra Brasil en el Gigante de Arroyito en Rosario, partido que concluyó con un claro triunfo verdeamarelho por 3 a 1.

Por otra parte, el revisionismo histórico trae al presente los fantasmas del ‘69, cuando en la misma cancha y ante el mismo rival, la Albiceleste empató 2 a 2 y se quedó afuera del mundial de México ‘70 por única vez en eliminatorias, quizás la mayor frustración de la historia. Vale aclarar que el antecedente ya quedó muy viejo en el tiempo como para influir en el resultado que pueda darse el 5 de octubre. Además, si tenemos en cuenta la totalidad de partidos disputados por Argentina en La Boca, el saldo sería ampliamente favorable, ya que de 29 partidos, hubo 19 triunfos, 8 empates y dos derrotas en partidos amistosos contra Francia y Alemania. El último de ellos fue ante Colombia con empate 1 a 1 en 1997, en un contexto muy diferente, porque ambas selecciones ya estaban clasificadas para Francia ‘98.

Para concluir, si creemos que cambiar de escenario brindará al equipo mayores posibilidades de triunfo, pienso que estamos equivocados. Argentina vencerá a Perú en cualquier cancha si logra un buen funcionamiento colectivo, la solidez defensiva necesaria para evitar que el rival cuente con espacios de contragolpe para complicar como tuvo Venezuela, si logra afinar la puntería y concretar las situaciones de gol que seguramente se presentarán, si se consigue mantener la calma y no desesperarse en caso de que el marcador se mantenga inalterable con el paso de los minutos e inclusive si comienza en desventaja y, si el equipo no se desmorona tácticamente y no se derrumba mentalmente en caso de ocurrir una situación que complique el partido.

Incluso, podría ganar Argentina si careciendo de todo lo apuntado anteriormente, cuenta con un momento de genialidad de Lionel Messi, o de alguna de las tantas figuras de renombre mundial que no han logrado un funcionamiento de equipo. Pase lo que pase, en el triunfo o en la derrota, en el mundial o afuera, dirigentes, cuerpo técnico y jugadores serán responsables del resultado. Ni el público, ni la cancha.