En esta nota conjeturo por qué pienso que la meta del 15% es difícil de cumplir. No estoy haciendo pronósticos, si no apelando a argumentos basados en mecanismos económicos que en mi opinión son razonables para analizar la economía argentina actual. Comencemos. Entre la lista de deseos económicos para el año en curso ningún gobernante excluiría reducir la inflación de modo de situarla lo más cerca posible de la meta del 15%, sostener o incluso incrementar el nivel de actividad y corregir los precios relativos “claves” de la economía. Del tipo de cambio ya en parte se ocupó el mercado, pero quizás durante el transcurso año el dólar vuelva a quedar atrasado. Indudablemente, persiste el deseo de actualizar las tarifas del transporte y los servicios públicos.

Por desgracia, estos tres deseos difícilmente pueden cumplirse simultáneamente. De no mediar grandes cambios en la estructura de la economía argentina, o de no ocurrir bajas muy importantes en algunos precios internacionales como el petróleo o los alimentos, un aumento significativo nivel de actividad se traducirá en presiones inflacionarias, que el gobierno puede compensar postergando el ajuste de las tarifas, conteniendo el tipo de cambio o convenciendo a los sindicatos para que negocien aumentos salariales en torno a la meta del 15%. Esta es la primera opción: combatir la inflación y sostener la actividad, pero renunciando a ajustar las tarifas.

En un contexto en el que los sindicatos buscarán recomponer los ingresos de sus miembros y el gobierno buscará elevar el precio relativo de los servicios públicos, el nivel de actividad puede definir qué precios ganan la carrera. Cuando la producción y el empleo crecen, los sindicatos tienen mayor poder de negociación y los empresarios mayor capacidad de trasladar aumentos de costo al precio final. Esta es la segunda opción: para que no haya demasiada inflación, si se ajustan las tarifas, el nivel de actividad debe ralentizarse para evitar un excesivo crecimiento salarial. Mi sensación es que en el caso argentino la actividad debe comprimirse bastante como para que los sindicatos acepten pasivamente una caída en el salario real.

Finalmente, se desprende de todo lo anterior que un mayor nivel de actividad acompañado con correcciones de precios relativos no es consistente con una inflación que se acerque a la meta del 15%. Esta, es por ende, la tercera opción: ajustar precios relativos sosteniendo la actividad, a costa de una inflación mayor. En la tarea de convencer a quienes efectúan contratos, el Banco Central ha evidenciado dificultades a la hora de lograr que se firme, utilizando como referencia la meta oficial. Aunque otros países de América Latina como Brasil, Chile, Colombia, México o Perú (todos ellos han operado bajo un sistema de Metas de Inflación) han logrado grandes ajustes del tipo de cambio sin desborde inflacionario y sin perjudicar la producción y el empleo, en Argentina esto no ocurrirá hasta que el sistema de Metas de Inflación se consolide.

En resumen, probablemente exista la necesidad de elegir entre corregir precios relativos, contener la inflación o sostener la actividad. ¿Qué deseos se priorizarán? El gobierno transmite la intención de efectuar un fuerte (y necesario) ajuste en el precio de los servicios públicos y el transporte.

Descartamos pues, la opción que no contempla un ajuste de precios relativos. Como el actual no es un año electoral, es posible que el deseo de sostener el nivel de actividad no tenga tanta prioridad como lo podría tener en 2019. Sin embargo, resulta indispensable que la economía crezca para brindar sostenibilidad al sendero del endeudamiento público. Adicionalmente, el gobierno manifestó la intención de suavizar la meta inflacionaria, al fijarla en 15%. Conjeturamos, entonces, que muy probablemente en los círculos del gobierno se vea con buenos ojos, políticas con un mayor sesgo expansivo.

En síntesis, si descontamos que los precios relativos sufrirán un importante ajuste, que el gobierno parece querer sostener la actividad, todo indica que asistiremos a un escenario de tensas negociaciones salariales  en donde el peligro es que la tasa de inflación exceda significativamente la meta del 15%.

 

*Dr. en Economía, Profesor UNSAM/UBA e Investigador CIMaD/CEDES. Twitter: @emiliano_libman