Un tiempo atrás escribí una columna donde planteaba si es que acaso necesitábamos un nuevo Sarmiento. En ese momento, veía como se intentaban replicar recetas ajenas, que provenían de países muy lejanos no sólo geográficamente, sino también muy diferentes desde su idiosincrasia. Me preguntaba si necesitábamos acaso un salvador, un transformador que como Sarmiento, nos pudiera guiar hacia los desafíos de la nueva sociedad del conocimiento. Los años pasaron, y sin embargo la problemática sigue siendo la misma.

La escuela y los docentes son señalados con el dedo, y la educación se encuentra en una profunda crisis, que es un claro reflejo de lo que ocurre en el mundo. Lo que no imaginé en ese entonces es que incluso unos años después la conocida ley de Moore, que explicaba la exponencialidad de los avances tecnológicos, fuera a quedar también obsoleta.

No hay modo de enfrentar este presente y futuro de cambios exponenciales desde los mismos cimientos que se repiten desde hace tres o cuatro generaciones; hoy conviven escuelas del siglo XIX, con docentes del siglo XX para educar alumnos del siglo XXI. Una era donde la concentración de riqueza es tal que en el 2010 eran 388 los hombres más ricos con la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre del mundo; ahora son sólo 8. Donde el 50% de los trabajadores tiene empleos operativos, que se preveen sean en un futuro inmediato absorbidos en un 80% por las máquinas. Y este panorama parece no sólo no mejorar sino profundizarse, porque el 50% de la población está siendo educada para la repetición, cuando se espera que el 65% de los trabajos en los que se desempeñarán nuestros hijos, deban crearlos ellos mismos. La pregunta es qué herramientas les estamos brindando para que puedan tener una oportunidad en este contexto, cuando el 60% de los estudiantes de secundaria no tiene comprensión lectora, lo que implica que no puede entender el mundo que lo rodea. Es muy difícil transformar y cambiar lo que no se comprende.

Entonces, cuando escucho que algunas de las propuestas son aumentar la cantidad de objetos de aprendizaje, o bien copiar modelos que nos llegan muy recomendados de países exóticos, me pregunto si con eso realmente estaremos ayudando al docente que está día a día desempeñándose en las aulas; aquel que como un artista, intenta conquistar una audiencia de la que muchas veces, se siente distante. Y no sólo eso, sino cuál será el destino de estos chicos que crecerán en un contexto donde la inteligencia artificial absorberá gran parte de su realidad.

En ese sentido, no creo que tratar de forzar contenido sea la respuesta, ni tampoco repetir modelos que entendimos hay que cambiar; tampoco esperar una receta mágica que nos llegue desde afuera. Creo que así como la máquina tiene como fortalezas la reproducción, la repetición, la optimización, nosotros desde la escuela, como órgano de contracultura, debemos resistir brindándole a los chicos las habilidades que se requieren para desenvolverse en este futuro donde el cambio es la única constante. 

El planteo es entonces trabajar en lo que nos constituye como humanos, en nuestra ontología, y eso implica reforzar el rol de los docentes como guías y facilitadores, para que no sean meros transmisores de conocimiento, sino que ayuden a forjar el espíritu creador, transformador de los chicos, a partir de promover habilidades socio-emocionales que les permitan aprender a aprender, y aprender a aumentar. Habilidades como el asombro, el arrojo, la resiliencia, la empatía, por mencionar algunas, que los lleven a alcanzar habilidades cognitivas superiores, como el pensamiento crítico, el pensamiento inductivo y deductivo, el pensamiento divergente, hasta llegar al pensamiento abstracto. La propuesta no es que el docente replique a un robot que imparta procesos y saberes enciclopédicos, sino que el docente se vuelva más humano, que aproveche el contexto áulico para ayudar a sus alumnos a que desarrollen su potencial, a que crean en sí mismos, para que puedan tener una inteligencia aumentada, que aumente su realidad y su calidad de vida.

 

*Creador del  transmedia IDoTainment más grande de Iberoamérica, que incluye la red social de aprendizaje Aula365, con más de 5 millones de usuarios. Emprendedor, ensayista, pensador y conferencista internacional, es un referente en educación, tecnología y emprendedurismo. Es profesor concursado de Marketing y Emprendedurismo en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA). Twitter: @P_Aristizaba