Frente a esa pregunta, la mayoría de mis alumnos y clientes me contestan que lo más importante es ser; alguno me responde tímidamente que lo que más pesa, hoy en día, es parecer. Y ustedes que están leyendo, ¿qué creen?

Ser y parecer son dos extremos de un continuum: puede que esos extremos nunca se toquen, o puede que construyan un punto medio de equilibrio y, más importante aún, de coherencia comunicacional. ¿Por qué? Porque si me quedo en el ser (y nadie discute que esto es primordial porque si no hay materia prima, no hay nada) y no me ocupo de parecer eso que soy, nadie podrá adivinar que aptitudes, cualidades y habilidades poseo. Por otra parte, si mi única preocupación es parecer, sencillamente creo una cascara vacía de contenido, y tarde o temprano si alguien la golpea, esa cascara se rompe. Esto es lo que sucede cuando se construye packaging en lugar de imagen.

La clave está, desde mi criterio profesional y humano, en parecer lo que cada uno es. Ni más ni menos. Tan sencillo y tan complejo vestir el pensamiento.

Cuando entablo conversación con mis clientes sobre este punto, siempre les pido una cosa: honestidad. ¿Sobre qué? Sobre qué tienen para dar y los diferencia del resto, sobre cómo se ven a sí mismos, sobre cómo quieren que los vean los demás. A partir de toda esa información, como Asesora de Imagen puedo trabajar sobre una estrategia que logre comunicar coherentemente el mensaje.

Trabajar nuestra forma de ser y estar en el mundo desde lo estético es lo que nos permite afirmar nuestra individualidad entre la multitud. Y no vale reducir las herramientas estéticas a simplemente lo que está de moda. La gestión de la Imagen Personal se trata de la construccion de un lenguaje que trasciende a la moda y engloba vestuario, prolijidad, gestualidad, oratoria y virtualidad. Si, hoy las primeras impresiones suelen ser virtuales antes que presenciales: ¿Quién no googlea todo antes de ir, comprar o encontrarse?

Muchos, lamentablemente, aun validan el prejuicio de creer que ocuparse de su imagen es ser banal y superficial. Y pongo, por caso, a los políticos.

Cuando inicie mi camino como Asesora de Imagen, decidí valerme de mi formación previa como Licenciada en Ciencia Política para abordar la imagen de funcionarios y candidatos. En principio, la respuesta fue: “Política y ¿qué? No, nosotros no necesitamos asesores de imagen. El encargado de Comunicación cada tanto le dice que ponerse y listo”. Otros me decían: “Lo que se ponga no va a modificar que lo voten o no”.

Déjenme decirles que, en los últimos años, la cosa ya no es tan así. Con la llegada de Cambiemos al gobierno, la imagen de los políticos tomó otro cariz, porque se puso sobre la mesa la relevancia de lo que el color, el diseño, la textura y la combinación de prendas (sumado a un discurso bien armado) puede hacer en términos de que el mensaje llegue a la ciudadanía. Y esto fue captado por todos los funcionarios y candidatos, sin importar el origen partidario. Ahora, el Asesor de Imagen es una parte importante del equipo de comunicación.

Desde el primer debate político televisado entre Nixon y Kennedy en 1960 en Estados Unidos, se produjo un punto de inflexión en cuanto a lo que iba a significar la imagen personal como herramienta de comunicación política. Por supuesto, en cada rincón del mundo, el binomio política e imagen fue calando de diferente forma y con distintos tiempos. 

Si todos al elegir la ropa que vestimos cada mañana nos estamos definiendo ante el mundo, una persona pública debe pensarlo todavía más porque se encuentra bajo un escrutinio social y mediático permanente.

Idealmente, el trabajo sobre la imagen siempre debería ir de la mano del trabajo sobre propuestas y políticas públicas sustentables, porque solo así obtenemos un candidato sólido. De lo contrario, solo tenemos packaging.

Lo anterior aplica para cualquier persona: podes ir a la entrevista laboral vestida íntegramente de Chanel, pero si no tenes la formación y aptitudes acordes y tu expresión oral no acompaña, el vestuario no puede hacer nada.

¿Mi consejo? No solo hay que ser, sino también parecer eso que sos. ¿El objetivo? La coherencia.

 

Directora de MARIA SOTO | Estrategias en Imagen

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