Comenzó diciembre y, en este caso, se cumplen 20 años del mentado corralito, la medida económica impulsada por el ex ministro de Economía, Domingo Cavallo, que se convirtió en el preludio del histórico estallido social y político del 2001. Dos décadas después, en un escenario donde las reservas financieras vuelven a estar en discusión y el FMI reaparece en escena, se mantiene el recuerdo del “cuco” económico que anticipó la renuncia de Fernando De la Rúa.

Un viaje en el tiempo: para finales del 2001, la economía argentina pende de un hilo. El gobierno de la Alianza, llegado al poder apenas dos años antes con la intención de revertir el esquema económico legado por diez años de menemismo, no solo continúa el mismo rumbo sino que también convoca a uno de sus principales ideólogos neoliberales: Cavallo.

Con un sistema de convertibilidad insostenible y un país que todavía descansa en que cada peso depositado equivale a un dólar, el 1 de diciembre el gobierno presenta su paquete de medidas económicas. Entre ellas, se establece un cepo que prohíbe a unos 70.000 ahorristas retirar sus depósitos en dólares de los bancos. El “corralito”, denominado así por la prensa, fue una apuesta desesperada del gobierno por evitar una retirada masiva de divisas de los bancos.


Cabe remarcar que el sobreendeudamiento del país provocado por el “megacanje” con bancos privados y pedidos de rescate con el FMI generó una contundente falta de liquidez y una fuga de capitales general. El corralito comenzó con una restricción inicial que prohibía retirar 250 dólares, pero luego se elevó a una restricción total. En medio de una fuerte crisis económica y social, el descontento no se hizo esperar y fue el principio del fin del gobierno  de Fernando De la Rúa, quien renunció a su cargo y dejó la histórica postal de su “escape” de Casa Rosada en un helicóptero.

El corralito, en tanto, se mantuvo durante un año, hasta diciembre de 2002, cuando se liberaron las restricciones y la convertibilidad se discontinuó. Asimismo, la medida propició un centenar de acciones legales que los ahorristas iniciaron contra el Estado argentino. En el plano cultural, el corralito dejó una marca a fuego en el imaginario colectivo, que se renueva cada vez que los apremios económicos provocan incertidumbre a nivel nacional y la sociedad comienza a desconfiar de la integridad de sus ahorros bancarios.