El diagnóstico de algunos políticos es simplemente equivocado. El acuerdo con el FMI de la administración Macri no amordazó o empeoró a la Argentina, ayudó a que la situación económica no empeorase de manera mucho más abrupta y rápida. Recordemos que además de ser un acuerdo extremadamente flexible, es la primera vez en muchos años que el FMI no exige enormes recortes presupuestarios. La situación económica argentina actual no viene por llevar a cabo grandes ajustes, sino por no hacerlos y fiarlo todo a que el dólar -mágicamente- se depreciaría sin hacer cambios estructurales profundos.

El CDS (Credit Default Swap) que mide el riesgo de impago de Argentina se encuentra ahora en 4949 (dato 27 septiembre), es decir, un 82,5% de probabilidad implícita de impago, asumiendo que los inversores recuperasen un 40%.

Argentina ha hecho impago de la deuda ocho veces en su historia. Repetir ese error sería caer de nuevo en una espiral negativa.

Hacer impago no es ningún alivio ni mucho menos una solución para crecer. Según el estudio “The Costs of Sovereign Default“, analizando 275 casos de impago de los profesores Borensztein, Panizza y Levy-Yeyati, las consecuencias son:

– Un impacto negativo en el crecimiento del país de un 0,6% a un 1,2% mínimo.

– Un desplome del crédito concedido, al perder la confianza internacional, del 40% de media.

– Caída del comercio exterior del país del 8% de media.

– Quiebra generalizada de pequeñas y medianas empresas porque se paraliza el crédito. La pérdida de acceso a los mercados internacionales y al crédito doméstico es inmediata y no solo el Estado, sino las empresas, encuentran costes más caros, plazos más corto. Esto, si hallan financiación.

En el momento que un país comete impago, reconoce la quiebra. Desafortunadamente, en el caso de Argentina, el gobierno y Banco Central llevan a cabo otra forma de impago encubierta: devaluar el peso imprimiendo moneda sin control.

Argentina conoce bien la realidad del impago. En 2001 el Gobierno argentino declaró, entre aplausos generalizados en el Congreso, el impago de una deuda cifrada en 81.000 millones de dólares.

En 2005 y 2010 con los Kirchner, Argentina volvió a hacer impagos de la deuda y ofrecer quitas a los bonistas:

¿Cuál ha sido la realidad de esos episodios? ¿Mejoró la economía? No. Los gobiernos argentinos empobrecieron a sus ciudadanos con un aumento absolutamente increíble de la masa monetaria de más de 1.200%, destruyendo el poder adquisitivo de los salarios y ahorros con una caída del peso contra el dólar de más de un 98%, la destrucción de la confianza inversora y, encima, para entregarse a préstamos de Venezuela y otros países al doble y más de interés.

Los impagos recientes de Argentina solo han empeorado la capacidad crediticia y la solvencia del país, y han perpetuado una política monetaria extractiva y destructiva.

¿Cómo puede Argentina negociar con el FMI?

Primero, es muy fácil para Argentina proponer un paquete de reformas estructurales serias y -esta vez, sí- de calado, que pongan freno al exceso de gasto político y altísima cuña fiscal además de acabar con la locura de política monetaria destructiva. Segundo, se puede negociar una extensión de plazos y una mejora de tipos con un programa serio de reestructuración que incluya condicionalidad a mejoras estructurales en el errado sistema de extracción de rentas argentino. Es decir, que ponga como pilares básicos atraer inversión, empleo, abrir la economía y eliminar los escollos al crecimiento.

Estas medidas permitirían que el CDS se redujese a mucho menos de la mitad, que empezase a fluir el capital hacia Argentina en vez de huir, que la economía se orientase al crecimiento productivo, no al gasto político extractivo, y que Argentina alcanzase su potencial, que es enorme.

Repetir los errores de los impagos anteriores solo tiene tres efectos: más inflación, más pobreza y menos crecimiento.

*Doctor en economía, profesor de Economía Global y autor de bestsellers entre los que se cuentan La Gran Trampa, La Madre de Todas las Batallas y Viaje a la Libertad Económica, traducidos al inglés, chino y portugués. Twitter: @dlacalle