La multitudinaria marcha de las centrales sindicales, los movimientos sociales y pequeños y medianos empresarios sembró de bulla y clamor en los alrededores del Congreso, donde los representantes sectoriales entregaron un petitorio a legisladores opositores. Sin embargo, quedó pendiente la convocatoria concreta al quinto paro nacional durante el mandato de Macri.

Como en las tribunas pero en la calle, activistas sindicales, militantes de organizaciones sociales y políticas y otros tantos que se sumaron a la movilización de manera más silvestre aludían a la metáfora del clima y la tormenta que azotó el centro porteño este mediodía como una manifestación del llanto oficialista. “Son macristas que no dejan de llorar”, vociferaba un dirigente cegetista empapado que se ilusiona con un triunfo opositor en octubre.

La lluvia y el ventarrón dotaron de características épicas a la masiva movilización de trabajadores y una rama de pequeños y medianos empresarios, que desembocaron desde distintos puntos de la Ciudad en el Congreso para entregar un petitorio de medidas que frenen los tarifazos y asuman la emergencia económica. Sin embargo, la síntesis popular no habría llegado aún, pivoteando tal vez sobre las mismas preguntas que surcan las mesas de arena donde se discuten la táctica y la estrategia electoral en cierne.

La marcha había surgido por impulso de los gremios industriales, devastados por las políticas oficiales y cada vez más desafiantes de sus conducciones sindicales. “La CGT la tuvo que hacer porque (Antonio) Caló tenía todo explotado”, admiten por lo bajo dentro del espacio 21F, ámbito que congrega a la Corriente Federal de los Trabajadores, las dos CTA y los movimientos sociales desde el acto del 21 de febrero de 2018 que tuvo como orador central a Hugo Moyano. Y al interior de ese mismo núcleo también tallan diferencias.

Por un lado, el diputado y secretario general de la CTA, Hugo Yasky, empuja por un paro nacional antes del 1 de mayo próximo. En ese plano, choca contra el cabildeo permanente de la Corriente, que cuenta con cuadros combativos como el bancario Sergio Palazzo y el gráfico Héctor Amichetti y los legisladores kirchneristas Vanesa Siley (Sitraju) y Walter Correa (Curtidores) pero prefiere ir a “un confederal”, reducto orgánico de la CGT con atribuciones para llamar a una huelga. Sin embargo, ambos sectores, que son los que más agitan los ánimos y protagonizaron la mayoría de los conflictos, vienen bailando ese minué desde mediados de 2016. Casi en una danza en la que ninguno quiere ser llevado por el otro, confluyen en la pelea y liman sus diferencias políticas en tensos debates intestinos.

La distancia más grande existe entre todo ese conglomerado y la pata más quietista de la central ubicada en Azopardo. Esta semana los polos se cristalizaron con claridad a través de las respuestas del triunviro Héctor Daer (Sanidad), quien contestó a la pregunta de la radio El Destape acerca de un paro con una frase que resumía la inconveniencia de hacerlo cuando el Gobierno está agudizando la crisis, y el líder de ATE-Capital, Daniel Catalano, que lo cruzó por FM La Patriada y consideró que le daban “vergüenza” sus dichos.

Antes de eso, también el secretario general de Camioneros, Pablo Moyano, había descartado de plano el apoyo de su sector a una eventual candidatura de Roberto Lavagna, endilgándole el anhelo de implementar una reforma laboral. El ex ministro de Economía cuenta con el acompañamiento de más de un jefe sindical entre los que cada tanto se fotografían en el salón Felipe Vallese.

¿El paro puede esperar?

Conforme pasan los días y se suceden las noticias negativas en torno de los índices de pobreza y desocupación, incluso los sindicalistas menos proclives a las medidas de fuerza se quedan sin margen y sueltan, entre declaraciones que buscan sosegar el clima, frases que abren la posibilidad del paro. En la conversación, los Moyano operan de a ratos como el fiel de la balanza, traccionando a los que se quedan y conteniendo a los que se mueven: mientras que la CTA pugna por colmar las calles antes del Día del Trabajador, la central fundada en septiembre de 1930 evalúa un paro sin movilización para el 15 de mayo.

Después de recibir el documento que entregaron los referentes empresarios de las pymes, la diputada Siley celebró la movilización. “Hoy movilizamos todos los sectores de la producción y el trabajo, organizaciones sindicales, sociales, pequeños y medianos empresarios”, le dijo a Diagonales con destino clavado de tuit, y añadió: “hay que dar continuidad al plan de lucha, con el Frente Sindical estamos convocando a un plenario de regionales de CGT para decidir cómo seguir”.


El secretario general de Feduba, Federico Montero, ofreció su visión desde la experiencia de los que fatigan los pasillos universitarios. “Sabemos que la cuestión universitaria es parte del plan de ajuste que tenemos que frenar y frenar el ajuste pasa por un plan de lucha que dé respuesta inmediata a las necesidades de los más golpeados por este modelo”, indicó. Asimismo, subrayó la importancia de sacar el paro “buscando la unidad” pero aclaró: “sabemos que la solución que hay que construir es política y será en las elecciones pero construir la victoria popular en octubre tiene como condición necesaria la pelea que estamos dando ahora”.

En ese sentido, el dirigente docente advirtió sobre aquellos pares suyos que piden que se espere hasta los comicios o los que llaman a la lucha hoy pero no están dispuestos a la confluencia en las urnas. “Son dos posiciones insuficientes a nuestro juicio porque, en realidad, hay que sostener la pelea, creciendo en niveles de unidad y poniendo a octubre como horizonte político ineludible”, ilustró.

Ante la consulta de este medio, la secretaria de Géneros e Igualdad de Oportunidades de UTE-Ctera, Carolina Brandáriz, puso sobre el tapete el carácter delicado de la situación, “donde el 46 por ciento de los niños y niñas vive bajo la línea de la pobreza”. “Si no hay un estallido social es por la maduración política del pueblo para canalizar el conflicto a través de las urnas y, por eso, es fundamental que la oposición construya una unidad suficiente y una alternativa de gobierno que nos permita salir del camino al que nos conduce la miseria planificada por el FMI”, enfatizó.

Un dirigente curtido en todas las batallas populares de los últimos 40 años se paseaba meneando la cabeza, a pesar de los abrazos de ocasión en plena desconcentración. “No me acuerdo de una marcha más al pedo”, susurró al paso que reconocía las dificultades y condimentos de la etapa y el cielo empezaba a encapotarse otra vez.

Dentro del parlamento, la sesión especial continuaba al cierre de esta nota y afuera quedaba la sensación de que tanto en el ágora como en el recinto todavía valen pases de factura adeudados desde 2015 -o antes también-. “Yo no me voy a avergonzar de mis tristezas, mis nostalgias”, escribió el poeta Juan Gelman en su libro “Bajo la lluvia ajena (notas al pie de la derrota)”. La obra, fechada en 1980 en Roma, narra la introspección del autor durante su exilio y se publicó en Argentina en 1984 pero la angustia de sus páginas se respira todavía.