Preocupan varios aspectos de un anuncio de campaña que afortunadamente ha tenido ya, al menos, respuestas diversas. El Programa de Respaldo a Estudiantes de Argentina (PROG.R.ES.AR) fue creado en 2014 como apoyo para contribuir a garantizar el derecho a la educación. Es decir para que todx joven que necesitase ese apoyo pudiese estudiar. En 2018 el actual gobierno lo convirtió en un programa de becas, con un aumento de restricciones en sus requisitos y condiciones.  Vale la pena recordar que en esta modificatoria se incluía la condición de “regularidad académica” para mantener “el beneficio” estableciendo que dicha continuidad implicaba acreditar el 50% de las materias aprobadas a partir del momento de obtención de la beca y se instituía un premio para el becario que hubiese aprobado el 100% de las materias- según el plan de estudio y año de cursada-, que a su vez  tuviese promedio de 8 o superior. A ellos se les abonaba un premio con un monto equivalente a 10 cuotas correspondientes a la beca del año en que cumpliese con esas condiciones.

Es decir el anuncio no hace más que ratificar en parte lo establecido en 2018, sólo que esta vez limita las carreras para las que se otorgará la beca, es decir se profundiza el ajuste.

Por otra parte no hace más que evidenciar el sentido que el presidente da a la educación superior al identificar como “estratégicas”, como “las que necesita el país” a las carreras ligadas  a ciertos puestos de trabajo. Dice Macri en Twitter:

“Las empresas argentinas con más potencial no consiguen contratar trabajadores con habilidades específicas. Muchas de ellas con impacto regional y se dedican a áreas clave como el petróleo, el software o las energías renovables. Por otro lado, faltan perfiles como enfermeros”.

¿Será que la función estratégica de la universidad en el país es brindar mano de obra a ciertas empresas?  ¿Será que el presidente no sabe que muchas de las universidades, que considera excesivas, justamente han creado carreras de la salud entre las cuales se destacan nuevas carreras de Licenciatura en enfermería? Alentar el estudio de ciertas carreras mediante becas es una política que ya se ha implementado y que puede ser loable, el problema es que en esta oportunidad no se trata de un estímulo a determinadas carreras, sino de una restricción de una beca existente para apoyar el derecho a la educación (nuevamente, un ajuste).

La ignorancia que muestra es aún mayor, ya que parece que nadie le ha explicado al Presidente que siendo las becas PROGRESAR para “estudiantes que junto con su trabajo y el de su grupo familiar no superen los 3 (tres) salarios mínimos vitales y móviles” lo más probable es que los aspirantes sean efectivamente jóvenes trabajadores, si es que tienen hoy la suerte de serlo. Y esto hace doblemente dificultoso cumplir con los requisitos.  Las carreras en las diferentes universidades tienen un diseño teórico: un plan de estudios que en muchos casos  sólo puede seguir linealmente un estudiante de “tiempo completo” muchas veces no sólo por las posibilidades reales de horas dedicadas a la cursada y al estudio sino porque a menudo la oferta académica ( disponibilidad de cursos, aulas, horarios) es muy difícil de compatibilizar con el  cursado de las materias previstas para el semestre en cuestión para lxs estudiantes que suelen hacer otras cosas además de estudiar (trabajar, ser padres y madres de familia, tener familiares a cargo, trabajar en turnos rotativos, o con horarios cambiantes, trabajar cuando consiguen una changa etc). En muchas carreras las materias tienen, además, condiciones de regularidad que exigen, fuera de la aprobación de los parciales, el 80 % de presencialidad.

Por otra parte, si recorremos diferentes universidades, los planes de estudio tienen en esas propuestas teóricas de plan de estudios  una cantidad variable de materias… En algunos casos 3 por semestre,  en otras 4, en algunas facultades aún algunas de las materias son anuales… Por lo visto, la “novedosa” propuesta no solo restringe el derecho a las becas a quienes quieran/ puedan estudiar las carreras “estratégicas” sino que - evidenciado un enorme desconocimiento del sistema universitario - homogeniza situaciones no igualables entre las diferentes formas e instituciones en que se puede cursar los estudios superiores.

De esta manera, con el premio, parece querer imponer un criterio meritocrático. ¿Pero acaso premia el esfuerzo de los estudiantes? Claro que no. Se “privatiza” el éxito /fracaso del estudiante individualizando la responsabilidad en él / ella de la cantidad de materias que cursa como si esto no fuese un punto de encuentro (o de desencuentro) entre lxs estudiantes, lo que las instituciones proponen / imponen y las condiciones materiales de existencia.

Se trata de un ajuste disfrazado de beca meritocrática. ¿Por qué solamente quien necesita el dinero debería demostrar que su promedio es alto para acceder a condiciones que le permitan estudiar? El criterio meritocrático que es por esencia contrario a la lógica del derecho. 

Finalmente, es llamativo que esto se ofrezca como “aliento” a quienes se inician. Mucha de la investigación realizada en el país y en la región muestra que los inicios de la educación superior implican un desafío y un aprendizaje de nuevos códigos sociales y académicos y que justamente para garantizar no sólo el acceso sino la continuidad y el egreso es un momento crucial que debe ser acompañado.

Este acompañamiento muchas veces implica ayudar a lxs estudiantes a pensar cuántas materias pueden efectivamente cursar para hacerlo seria y rigurosamente, significa explicarles que el vínculo a construir con el conocimiento es otro, implica entender que el éxito o el fracaso son una construcción colectiva, que nos involucra a todxs los que participamos en la educación superior.

Ambos anuncios nos hacen ver y padecer una vez más la política educativa de ajuste que este gobierno promueve. Como docentes de la Universidad pública, gratuita, de calidad, sostenemos que la educación superior es un derecho, y el Estado es garante y responsable de brindar las condiciones para el ejercicio pleno de este derecho que es a la vez individual y colectivo. Nos oponemos a la idea de meritocracia que sólo pone el acento en lxs individuxs, y crea la ilusión de lo que cada unx logra es solo por mérito propio. Como comunidad se trata de trabajar juntxs, entre todxs, por el bien común. Sin dudas, esta es una idea de derecho que está muy lejos del “anuncio” de campaña que llega por Twitter.

Firman:

Paula Pogré, Investigadora docente UNGS

Karina Benchimol. Investigadora docente UNGS

María  Belén Janjetic. Investigadora docente UNGS

Ana Abramowski, Investigadora docente UNGS

Flavia Terigi, Investigadora docente UNGS

Silvina Feeney, Investigadora docente UNGS

Graciela Krichesky, Investigadora docente UNGS

Nadina Poliak, Investigadora docente UNGS

Lucrecia Rodrigo, Investigadora docente UNGS/UNPA

Nora Gluz, Investigadora docente UNGS

Claudia Santillán Investigadora docente UNGS/ UNPAZ

María Magdalena Charovsky, Investigadora docente UNGS

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