Finalmente llegó el domingo tan esperado y el oficialismo tuvo un respiro de alivio. Se jugaba mucho la coalición gobernante, y si bien la derrota dejó de ser una posibilidad para ser un hecho consumado, la considerable reducción del margen en el principal distrito del país y al que el FdT le apuntó todos los cañones, la provincia de Buenos Aires, cambió el color de un negro azabache a un gris que habrá que seguir mirando los próximos dos años para ver en qué termina. Para el panorama que quedó instalado tras las PASO, después de atravesar un terremoto interno que casi llega a la ruptura y tras las últimas semanas complicadas por la economía y la inseguridad, la de este domingo para el Gobierno es una derrota que sabe a triunfo.

La tarde noche se vivió con mucha tranquilidad en el búnker oficialista. La posibilidad de que la derrota de septiembre incluso se profundizara flotaba en el aire, y el alocado y apresurado festejo de la primera plana bonaerense en La Plata antes de conocer los resultados de las PASO teñían la atmósfera de cautela. Sin embargo, por las dudas, el escenario de Corrientes y Dorrego que no estaba en los planes el sábado por la tarde finalmente se terminó armando a la espera de alguna sorpresa. 

Apenas pasadas las 18 horas, Eduardo Wado de Pedro anunció al país el normal desarrollo de la jornada electoral, con una participación del 71% del padrón, considerablemente mayor a la de las PASO y en línea con los números de las elecciones intermedias. En esas primeras palabras, el Ministro afirmó que la empresa encargada de la transmisión de datos dijo que la elección había sido la más transparente que le tocó realizar, siendo que trabajan en 40 países. Para quienes quisieran oírlo, hubo allí un bloqueo inmediato a cualquier acusación contra el desarrollo de los comicios, y tal vez un primer indicio de que el Gobierno tenía algo para defender en los resultados que se conocerían un rato más tarde.

Una media hora después salieron a hablar los primeros y únicos voceros oficiales que desfilaron durante la jornada por el módico escenario dispuesto en la carpa de prensa para las declaraciones de funcionarios y referentes del Gobierno. Y su elección fue la primera muestra de que en el oficialismo había otro clima al pesimismo y la sensación de derrota que dominaron los últimos días. Un representante de cada uno de los tres sectores de la coalición fueron los encargados de poner la cara por el Gobierno: el Ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, indicado como uno de los “albertistas” de la provincia, la titular del PAMI y referente de La Cámpora, Luana Volnovich, y el Ministro de Transporte y hombre de Sergio Massa, Alexis Guerrera. Ante los rumores y la posibilidad de que la derrota profundizara las diferencias internas de la coalición, el primer signo del oficialismo fue de unidad ante lo que se viniera. “La unidad está sellada en el Frente de Todos, absolutamente sellada” fue la sentencia de Zabaleta.

Después de eso no pasó mucho más y el clima seguía siendo de completa tranquilidad en las inmediaciones del búnker, con la nota de que paulatinamente comenzaron a acercarse algunas personas para participar de un eventual festejo, que empezó a aparecer en el horizonte minutos antes de las 21 horas. El primer indicio fue un rumor que se dejó trascender desde el centro de cómputos del oficialismo y que llegó a periodistas y portales. El dato era que, con casi un 50% de las mesas de la provincia escrutadas, los cuatro puntos de diferencia de las PASO se acortaban a menos de un punto. Un “empate técnico”, como lo catalogaron desde las oficinas donde el Gobierno recibía los telegramas con los resultados.

Minutos después saldría Wado de Pedro a anunciar que el 81% de las mesas ya estaban escrutadas y los resultados cargados en la aplicación. “Varias de las provincias están en una paridad total, hay una diferencia mínima” afirmó el Ministro y pidió prudencia para “cuidar la democracia”. La primera consulta a los números oficiales arrojó una diferencia algo menor a dos puntos para el territorio bonaerense, y afuera empezaron a sonar los bombos.

A todo esto, el Presidente seguía en Olivos desde donde siguió toda la jornada, y sobrevolaba la pregunta sobre su presencia en el búnker, al que ya había llegado la primera plana del Gobierno con la excepción de CFK, que se había excusado por Twitter más temprano a raíz de una complicación en su cuadro post operatorio y la recomendación médica de no asistir. Las especulaciones propias frente a dicha situación se dilucidaron al mismo tiempo en el mensaje grabado en Olivos con el cual Alberto Fernández anunció que con esta elección se termina una etapa y a partir de mañana empieza una nueva etapa de nuestro Gobierno”. En apenas unos minutos, el Presidente dio vuelta la página de estos dos años difíciles de gestión, anunció el envío al parlamento para los primeros días de diciembre de un proyecto de ley que explicite el proyecto económico plurianual en el que se marcarán los acuerdos ya alcanzados con el FMI, y pidió una “oposición responsable y abierta al diálogo” afirmando que así debe ser “una oposición patriótica”.

Alberto Fernández metió un pleno con esa jugada. Anunció la presentación del tan solicitado plan económico que la oposición le reclama, afirmó explícitamente que ese plan fue construido con el consenso de todo el frente, haciendo especial referencia a CFK y Sergio Massa, despejando así los fantasmas de internas de cara a lo que viene, y le copó las pantallas a la oposición que festejaba su victoria en Costa Salguero. De hecho, al mismo tiempo en que el Gobierno decisión emitir ese mensaje grabado, Horacio Rodríguez Larreta daba su discurso victorioso con mucho menos rating del que seguramente esperaba. Mostrar relanzamiento, mostrar unidad y bajarle el precio a la victoria de la oposición, todo en un mismo movimiento. “Está satisfecho” fue la respuesta de un importante vocero del Gobierno ante la consulta de los periodistas sobre cómo se encontraba el Presidente ya con el conocimiento de los resultados.

Mientras se emitía el mensaje Alberto Fernández viajaba rumbo al búnker de Chacarita para compartir el escenario con los principales actores de la jornada y del Gobierno. Subirían junto a él a dar sus discursos los candidatos de la CABA, Leandro Santoro, de PBA, Victoria Tolosa Paz, Sergio Massa, Máximo Kirchner y Axel Kicillof. Las caras sonrientes, los gestos afectuosos y los varios chistes que se escucharon en sus alocuciones reflejaron un clima y un estado de ánimo completamente opuesto al frío y tenso escenario post PASO. La derrota se vivía como una victoria.

Santoro agradeció a la militancia y presentó a Victoria Tolosa Paz como “la gran ganadora de la noche”. La platense, por su parte, afirmó que “no hay imposibles para el Frente de Todos”, que nunca bajaron los brazos desde el 12 de septiembre, y también agradeció a Intendentes, empresarios, movimientos sociales y al movimiento obrero organizado por la gesta de la remontada. Se la vio exultante, como si realmente achicar la diferencia de cuatro a un punto significara un resurgimiento de su figura política, muy golpeada luego de la derrota de septiembre.

A su turno, Sergio Massa puso con mucha claridad en palabras el sentir del oficialismo: “Se habló mucho de cómo iba a quedar el parlamento, y quiero decirte querido presidente que gracias al voto de millones de argentinos y argentinas el Frente de Todos sigue siendo la primera minoría en la Cámara de Diputados. Festéjenlo” gritó a la militancia que deliraba abajo del escenario. Detrás suyo le tocó al Gobernador Kicillof, que comenzó su discurso diciendo que estaba “tremendamente contento, hoy es una noche de alegría y de amor”.

El énfasis de Kicillof estuvo puesto en uno de los datos centrales de este resultado para el FdT bonaerense: la recuperación del Senado provincial. El oficialismo sumó un Senador en la Primera Sección, donde obtuvieron 4 escaños tanto el peronismo como Juntos, y otro en la Séptima, dónde perforó el piso del 33,33% que no había alcanzado en las PASO y se quedó con una de las tres bancas en juego. Con esas adquisiciones y reteniendo los tres lugares que había obtenido en la Cuarta Sección en las primarias, el oficialismo llegó a los 23 legisladores, mismo número que los que ostenta Juntos, con la posibilidad que cualquier decisión empatada la defina la Presidenta de la Cámara, Verónica Magario. “Basta de palos en la rueda en el Senado” gritó contento el Gobernador, quien también recordó a Néstor Kirchner cuando en 2009 perdió “por poquito”, afirmando que igualmente fue una gran elección en territorio bonaerense.

Para destacar los saludos y agradecimientos del Gobernador a los Intendentes y a su nuevo gabinete, dato no menor luego de todas las tensiones que tras la derrota en las PASO decantaron en los cambios que eyectaron a su mano derecha, Carlos Bianco, para permitir la entrada de Martín Insaurralde. El clima parecía el de un triunfo contundente, pero habrá que ver cómo se traduce en el futuro de la gestión. “Se inicia una nueva etapa en el país, escuchamos el resultado de las PASO, cambiamos y obtuvimos un resultado mucho mejor. Por ese camino vamos a seguir” dijo Kicillof, para cerrar con que “lo que se viene es recuperar, renacer, pero tiene que ser crecimiento con inclusión, nos dan la fuerza para enfrentar lo que haya que enfrentar para que el crecimiento llegue a todos y a todas”.

El acto lo cerró Alberto Fernández con un escueto discurso en el que agradeció a los Gobernadores y a la militancia, y pidió llenar la plaza de Mayo el próximo miércoles en el día de la militancia. Allí el oficialismo tendrá una oportunidad para revalidar la imagen de unidad que hoy se expuso casi en exceso luego de meses de mucha tensión interna.

El oficialismo perdió las elecciones, pero en el peronismo la derrota se vivió como una victoria. La oposición quedó lejos de obtener los 120 Diputados a los que aspiraba para disputar la presidencia de la Cámara Baja, y el oficialismo conserva allí la primera minoría. En cuanto al Senado, si bien es cierto que CFK quedará a dos bancas del quórum propio, sigue siendo la primera minoría por bastante margen, y voceros del Gobierno afirmaban en la carpa de prensa que lograr esos dos apoyos para alcanzar el quórum no será un problema. En la provincia, Axel Kicillof ya no dependerá de negociaciones con la oposición para aprobar leyes o su presupuesto, y se allana el camino para los dos próximos años de gestión. Y además de estos logros concretos, quizás uno de los puntos más importantes de la jornada haya sido lograr esa imagen de unidad que, si se logra traducir a las decisiones políticas y la gestión, augura buenas chances al peronismo para encarar el camino hacia 2023 con el optimismo que el repunto de la economía le permite.

Hace cuatro años Mauricio Macri vivía quizá su hora más gloriosa. En las elecciones intermedias del 2017, su fuerza política se imponía a nivel nacional y derrotando a la mismísima CFK en el corazón de su poder: la provincia de Buenos Aires. Hubo en ese momento lecturas para todos los gustos. Desde quienes se apresuraron a vociferar la muerte política de CFK y firmar la reelección de Macri para el 2023, hasta quienes supieron rescatar el 41% de los votos obtenidos por la actual vicepresidenta, en soledad y por afuera el aparato del peronismo. Las lecciones de lo que sucedió entre 2017 y 2019 y el resultado electoral que erigió al Frente de Todos deja sólo una certeza de cara a los dos años que se vienen: independientemente del resultado de este domingo, queda todo por jugarse, y las posibilidades del Gobierno de ser reelecto en dos años dependerán mucho más de las políticas que implementen y coordinación interna para llevarlas a cabo que de la diferencia final con la oposición en estos comicios intermedios. De mínima, el peronismo tiene mucho más para ilusionarse que lo que tenía el 12 de septiembre a esta misma hora.