Durante dos semanas el AMBA (Área Metropolitana de Buenos Aires) fue perdiendo movilidad e intensidad social y económica. La causa no fue la recesión económica que la Argentina arrastra ya varios trimestres.  Fue la organización del G20, que reúne a las principales economías del mundo y que prometía a la Argentina de vuelta en el mundo (cosa recurrente desde hace ya casi 3 años) y una ola de inversiones (algo recurrente también). El último balance deja mayor endeudamiento, más extractivismo y obras públicas para empresas extranjeras.

La seguridad ante todo

Una de las acciones más llamativas, que hasta los medios menos hostiles al gobierno mostraron, fueron las fuerzas de seguridad corriendo a los indigentes, que cada día en mayor número, viven en las calles de Buenos Aires. ¿Pensaba el gobierno que los gobernantes del mundo no sabían los pésimos resultados de su política económica? Las contradicciones de un sector político dominante que se siente entre los más poderosos del mundo, pero vive de y en la Argentina. El menosprecio que los países centrales tienen hacia nosotros quedó claro en el saludo de Donald Trump a nuestro presidente. Un trámite incómodo para el presidente de la primera potencia militar del mundo y un corazón partido para el presidente que no asume el populismo de su país. La otra muestra de la sobreactuación por parte del gobierno nacional y su ministra de seguridad, es la forma en que se trató el tema de la movilización en contra del G20, disminuyéndola a su mínima expresión. En todos los países donde se hizo el G20 hubieron manifestaciones, desmanes, enfrentamientos, pero parece que aquí no podían tolerarse de ninguna manera. Una semana antes la Argentina no podía garantizar la seguridad en la final de la Copa libertadores, y la siguiente, militarizando la ciudad de Buenos Aires, generaron un clima de paranoia para que aquellos que quisieran expresarse en contra de la cumbre, se quedaran en sus casas. Sí, triste y ridículo.  


Evaluación geopolítica

¿Qué ganó Argentina con la organización de G20? Según nuestra Cancillería, “volvimos al mundo”, el mundo nos apoya. ¿Pero qué apoya el mundo en la Argentina? Todas las exportaciones que se proyectaron tienen que ver con materias primas, no con una Argentina industrial. Las inversiones tienen que ver con obra pública y extractivismo. El mundo son las potencias económicas más poderosas que se benefician con nuestros recursos y que por lo general se llevan más de lo que dejan. Es claro que la Argentina no puede aislarse de la economía mundial, pero necesita vincularse en un marco estratégico, sola frente al mundo es víctima de las potencias como EEUU, la comunidad europea, Japón. Sin una política que la vincule a Brasil (ahora con el enigma Bolsonaro) y al resto de Mercosur, sus potencialidades son escasas. Parecería que la política del actual gobierno es todo lo contrario. Intenta disputar con Brasil ser la agencia de la política norteamericana en el cono Sur. El bloque Argentina – Brasil ( y demás países de la región) tendrían que priorizar la relación con los antiguamente llamados “emergentes”, la India, Turquía, China, Rusia, entre otros países, que necesitan el desarrollo de sus economías para incorporar a los millones de habitantes que aún no pueden gozar de los avances de las sociedades modernas. Primero el bloque regional, después los países emergentes y luego las potencias hegemónicas. Sin embargo, el gobierno pretende generar un bilateralismo inconsecuente y sin futuro.  

¿Por qué llora el presidente?

Que difícil de explicar las lágrimas de nuestro presidente en el Colón. ¿Es que lo conmueve la exposición frente al resto del mundo? Dichos llantos parecen fruto más de un logro individual - juntar a todos los presidentes poderosos del mundo en nuestro país- que de un orgullo colectivo producto de que nuestro país forme parte de ese “club exclusivo” de países. Independientemente de la opinión política que se tenga del G20, la participación de la Argentina es una oportunidad para plantear una política de crecimiento para los países periféricos. En el presidente Mauricio Macri parece más un logro individual, como ser presidente de Boca, intendente de la Ciudad de Buenos Aires o presidente de la república, que un logro de todo un país que durante 200 años -con guerras, luchas intestinas y trabajo duro- pudo construir una nación digna de estar entre los 20 países más grandes del mundo. Y para refrescar la memoria de los miembros del ejecutivo que creen que la historia argentina se hizo entre el 1880 y 1943.

G20: tanto para tan poco

Ya las delegaciones abandonaron la Argentina y parece que el país sigue tal como estaba. Gran parte de los compatriotas hoy en día no llega a fin de mes, mientras tanto en una fatídica ruleta financiera, mes a mes, se queman riquezas fabricadas por los Argentinos, en nombre de una integración con la economía mundial. El Presidente se reúne con los países más poderosos, y salvo en el caso de China que conviene profundizar en otra nota, todos los acuerdos contemplan apuntalar la primarización de la economía. ¿Cómo hará el presidente para sobrellevar tanto acompañamiento externo, con la apatía interna producida por sus políticas? Cada día más, el gobierno de Cambiemos, necesita de apoyos externos, para mantener estable la economía, eso condiciona su política exterior que a su vez condiciona su política interior. Como cuando niños, el cuento de la buena pipa no termina nunca con su movimiento circular. Compitiendo con sus aliados estratégicos y colaborando con aquellos que sólo nos necesitan mientras tengamos riquezas naturales, el final no parece bueno.

*Licenciado en Sociología, Doctorando en Ciencias Sociales, Docente de la UBA y columnista en Rompiendo Moldes por AM530. Twitter:@Pablolopezfiori