Laura: Me parece que nos vamos a tener que ir.

Jorge: Sí. ¿Qué pasa, no te gusta más la lluvia en la cara?

Laura: Ah, es cierto. Me había olvidado, pero no cae igual.

Jorge: ¿Tenés miedo?

Laura: No, ya estoy grande.

Jorge: Yo también, por eso.

Laura: Una vez te dije que no quería hacer más boludeces, ¿no?

Jorge: También me dijiste que no estabas enamorada, pero que eso no importaba, que lo importante era el cariño, el respeto, que el amor te quema.

Laura: Cambié de idea. Ahora quiero algo que por lo menos me chamusque un poco. ¿Vos, no?


Diálogo entre Ricardo Darín y Soledad Villamil.

El mismo amor, la misma lluvia.


Todo sigue como era entonces, para desgracia y lamento del elenco de operadores y protagonistas de la escena política que bregan por la moderación. Ni el presidente Mauricio Macri ni su principal retadora en los próximos comicios, Cristina Fernández de Kirchner, soltaron la lapicera en un cierre de listas exasperante, que incluyó amenazas de desbande en el Frente de Todos y pataleos indisimulados en Juntos Somos el Cambio.

Hasta donde supo Diagonales, los gestores del acuerdo entre el candidato de Alberto Fernández y Sergio Massa chillaron durante las últimas 72 horas porque la apertura de la ex Jefa de Estado, al correrse al segundo lugar de la fórmula presidencial para atracción del peronismo adocenado, no había sido tal como se esperaba. Las febriles negociaciones entre La Cámpora y el líder del Frente Renovador dieron cuenta de una especie de loop, que de a ratos repitió discusiones del armado electoral de 2011 pero con las muelas astilladas de tanto torearse a cara de perro.

Así, la novedad no sólo fue que Massa encabezará la tira de diputados nacionales por la Provincia de Buenos Aires sino también que Máximo Kirchner firmó en el 5º casillero, aunque colocó inmediatamente después del tigrense a la actual diputada camporista Luana Volnovich. Sorpresivamente, completó el podio el legislador Leo Grosso, militante del Movimiento Evita cuyo respaldo para encumbrarse allí estuvo en manos del mismo Emilio Pérsico. En cuarto y sexto orden, Cristina Álvarez Rodríguez, en representación del peronismo pero acreedora de un respeto ecuménico en todas las tribus, y Cecilia Moreau, con apellido de prosapia radical pero con atributos diversamente proporcionales, estamparon su rúbrica. Andrés Larroque y Florencia Lampreabe, por su parte, colaron en séptimo y octavo orden y Facundo Moyano en el undécimo.

El sindicalismo se granjeó su espacio en la boleta, aunque con menos reflectores que en 2017 y un recorte que sólo abarcaría a la Corriente Federal de los Trabajadores, con la inclusión de Claudia Ormaechea por La Bancaria y María Rosa Martínez por la Federación Gráfica Bonaerense. La CTA había impulsado la candidatura del titular del Suteba, Roberto Baradel, quien se puso al hombro la confrontación con la gobernadora María Eugenia Vidal y el propio Macri desde el primer minuto del gobierno cambiemita pero su perfil no pasó el desafío de la pulcritud táctica de la hora.

Al fin de cuentas, el regreso al redil de sectores y actores que se habían alejado por la radicalización del kirchnerismo implica la postergación de dirigentes que encabezaron las batallas más difíciles desde 2015, muchas veces sin acompañamiento de un peronismo acostumbrado a las mieles del poder y corrientes internas más curtidas en la gestión que en la calle. Sin embargo, también en ese justicialismo blanco quedó un tendal de heridos, empezando por el diputado Diego Bossio, castigado por la propia CFK.

El dirigente tandilense no se irá a la casa, por usar la construcción semántica del otrora testarudo Florencio Randazzo, y asegura que estará donde toque en aras del triunfo en las urnas. Se muestra activo, a pesar de su exclusión en la boleta, y propone ideas para la seducción de electorados esquivos o migrantes, como el cordobés o el santafecino, carísimos en el escrutinio final.

Donde más se complicó el reparto fue en las secciones bonaerenses para las diputaciones en La Plata y la pelea por las intendencias. Las distintas variantes del peronismo, las más tradicionales y las más silvestres, desfilaron por separado durante la tarde del viernes por las oficinas del PJ en la porteña calle Matheu. Cada cual presentaba avales por su cuenta y emergía en el horizonte el hocico del desmadre. “Alberto no se va a meter”, le dijeron a este medio desde el entorno del candidato presidencial, y añadieron: “él está como Néstor (Kirchner) en 2003, que llegó con lo que tenía y necesitó construir poder”.

A los oídos de mayor apreciación sonora, no se les escapa que esa frase, consciente o inconscientemente, pone al ex jefe de Gabinete en el rol del fallecido compañero de lucha y lecho de la ex primera mandataria como el despositario de una épica pelea contra quien lo fue a buscar, el por entonces presidente provisional Eduardo Duhalde. Si el papel del patagónico será reencarnado por el dueño de Dylan Fernández, la pregunta de manual es a quién señalan para el rol del caudillo bonaerense.

La cuestión no es menor ni admite respuestas ingenuas. Si bien para develarla el Frente de Todos deberá ganarle al oficialismo con votos, no son pocos los que avizoran un escenario que reedite las rencillas entre fracciones conservadoras del peronismo con otras más combativas. En todo caso -y si los resultados favorecieran a la dupla de los Fernández-, la generación actual tendrá la oportunidad de procesar esas diferencias sin la virulencia de antaño, una idea que soltó incluso la postulante a la vicepresidencia en el acto del Luna Park de 2010. Con el propio Kirchner observándola en silencio porque había sido intervenido quirúrgicamente por su afección cardíaca, la ex Presidenta interpeló con esa referencia a los militantes de La Cámpora y la JP enardecidos de un lado y sus pares de la Juventud Sindical del otro, mientras volaban botellitas de agua mineral e insultos sin parar.  

Todo sigue igual

El armado del Frente de Todos porteño tuvo, tal vez, más ruido que el provincial. Quizá por la referencia pública de sus nombres o, tal vez, por las vanidades que se alimentan en el distrito desde siempre.

Al cierre de este artículo, todavía era una incógnita quién acompañaría a Matías Lammens en la fórmula. Aunque técnicamente no hace falta que ese ítem se defina antes de las PASO por la legislación vigente en la jurisdicción, donde está permitido que el candidato que se alce con la representación de su espacio tras las primarias designe a su vicejefe, el secretario general del Suterh y titular del PJ local impulsaba a la periodista Gisela Marziotta pero era resistida por el propio dirigente azulgrana y La Cámpora.

Luego de garantizarse el primer lugar de la tira de senadores para Mariano Recalde, la agrupación dilecta del kirchnerismo pugnaba para que la legisladora Paula Penacca, sin chances de revalidación en Perú 160, se anotara como segunda candidata a diputada nacional, detrás del cineasta Fernando “Pino” Solanas. Esa jugada relegaba a su coequiper en Ampliar, Victoria Donda, al cuarto puesto y era motivo de incordios, lo mismo que la pulseada entre Itai Hagman y Eduardo Valdes que pendulaban de forma rotativa entre el tercer y quinto casillero según quien relatara la fusta.

Durante la extensa jornada del viernes, distintas fuentes refirieron a este portal que “estaba todo podrido” entre Santa María y La Cámpora. Y sindicaban como nudo del conflicto el veto a Marziotta y la carrera entre Penacca y Donda. Recalde había llegado a deslizar que su organización “ayudaba” pero, fruto del “pedido deskirchnerizador” que regía en el distrito, ellos se corrían de la discusión sobre la candidata a vicejefa. Para ese lugar, habían sonado los más diversos nombres: desde la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Carolina Mera, y la prestigiosa socióloga y ex diputada Dora Barrancos hasta la actriz Dolores Fonzi, quien hasta el momento declinó sistemáticamente los ofrecimientos que se le hicieron. La coronación de Barrancos como segunda del ex presidente de Aerolíneas Argentinas es fruto de ese bolillero, con el auspicio, en este caso, del incombustible edil Daniel Filmus.

La riña de nombres había llegado a tal punto que entrada la madrugada del domingo no estaba clara la lista de legisladores que acompañaría la opción Lammens. Dependiendo del sector que se consultara, la cabeza de esa nómina era para la ex diputada y actual directora del Banco Ciudad por la oposición, Claudia Neira, o la joven militante Ofelia Fernández. Tributaria originaria de Claudio Lozano, cobijada más tarde por Juan Cabandié y punto en este momento del presidente del Consejo de la Magistratura de la Ciudad, Juan Manuel Olmos, Neira corría con la ventaja del aval de un actor siempre vigente en los cierres de listas, pero la activista feminista cabalgaba sobre su estrella en ascenso y el apoyo de quienes guardan viejas rencillas contra el mismo Olmos.

En ese contexto, las versiones de mayor consistencia glosaban los apellidos de Neira; Claudio Ferreño, ex funcionario de la jefatura de Gabinete en los albores del kirchnerismo; Fernández; el ex secretario de Deportes Claudio Morresi; la auditora porteña Cecilia Segura; Javier Andrade; la socióloga y referente de la organización El Hormiguero, Maru Bielli; y Matías Barroetaveña. De todas formas, casi todos los operadores consultados por Diagonales, incluso los más probados en batalla, se entregaban al sueño o una copa de vino sin precisiones cuando esta nota culminaba.

Orden o nada

Con menos sorpresas pero no sin heridos, el macrismo clausuró sus discusiones antes de la cena. Habiéndose saldado la refriega con Martín Lousteau, incómodo ante la posibilidad de que lo acompañara la legisladora Carmen Polledo por su condena militante al aborto, el resto de los espacios se fueron destrabando. En consecuencia, el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, sacó de la galera el nombre de Guadalupe Tagliaferri, con atributos más asequibles para el semiprogresismo vernáculo.  

Una vez resuelto ese entuerto, se avanzó raudamente sobre la lista de diputados nacionales. El primer lugar en la lista, quedó para el lilito Maximiliano Ferraro, quien sostuvo en declaraciones a Radio de la Ciudad que “millones de argentinos tienen la decisión de no volver atrás” y que, “sabiendo las dificultades que muchos atraviesan, la construcción del cambio en la Argentina sigue siendo posible y está atada a la república, a la prosperidad y a la fortaleza de las instituciones”.

Máximo responsable de la Coalición Cívica en el distrito, será seguido en la tira por la ex legisladora Victoria Morales Gorleri, de suma cercanía con el Papa Francisco; el secretario de Hacienda de la UBA y vicedecano de la Facultad de Ciencias Económicas, Emiliano Yacobitti; la legisladora parlasureña Mariana Zuvic y el guardián del presupuesto público, Álvaro González. El reparto entre el macrismo puro, las tropas de Elisa Carrió y los radicales termina redituando al propio alcalde porteño, quien imagina que cuenta con chances de candidatearse a la Rosada en 2023, si Macri gana este turno electoral y Lousteau lo acompaña dentro de cuatro años como postulante a la conducción del Ejecutivo porteño. Una quimera lejana hoy, pero de imprescindible planificación si se la anhela.

Los postulantes de la alianza oficial para una banca en Perú 160 se encolumnarán detrás del candidato Diego García Vilas, procedente del riñón de Graciela Ocaña y acusado como “vaciador” por los trabajadores de la imprenta Donelley. En segundo lugar, irá la ministra de Salud de la Ciudad, Ana Bou Pérez, y el tercer puesto estará destinado a Roy Cortina, para encono de la conducción del Partido Socialista en todo el país. La lista continúa con Manuela Thourte por la UCR, Facundo Del Gaiso por el ARI, la legisladora radical Patricia Vischi, Marcelo Del Sol por el PRO, la lilita Lucía Romano y el ex ministro de Seguridad Martín Ocampo.