El agotamiento del sistema económico capitalista ha dado como consecuencia el rotundo fracaso de la globalización, cómo método instalado en la segunda mitad del siglo pasado. El cambio y sustitución de valores y conductas en el cíclico desarrollo de la humanidad, provocó el surgimiento de la violencia colectiva en cada rincón del orbe. La crisis de los inmigrantes en la Europa central, que hicieron arder París con una violencia inusitada, la aparición de las casacas amarillas, los movimientos surgidos de las movilizaciones multitudinarias de los indignados en España, la rebelión separatista de la región catalana, las revueltas callejeras ante regímenes políticos ultraconservadores instalados por sistemas democráticos caducos, la violencia de la dinámica geopolítica del Medio Oriente, la desigualdad social y de género provocada por la instauración de gobiernos teocráticos en las potencias petroleras y el retroceso político, económico, social y étnico en la violentada América Latina, la sublevación de los estudiantes de Hong Kong brutalmente reprimida por el gobierno de la potencia China, el continente africano con las luchas libertarias de sus pueblos atrasados.

Hoy el vértigo del avance tecnológico en los sistemas de comunicación, permite observar la realidad por encima de los intereses corporativos con influencia mediática. Las redes sociales han dado lugar a la espontánea organización de movilizaciones populares. Desde México a la Argentina, pasando por todo el continente, los cambios se han manifestado de distinta manera en los procesos de rebeldía social. El enfrentamiento del poder del narcotráfico con el ejército mexicano en la frontera con los Estados Unidos, ha dejado un saldo impresionante de muertes. Es quizás, la respuesta del poderoso vecino, a la recuperación de un gobierno nacional y popular después de dos décadas de gobiernos neoliberales. México es la cabeza de playa de la resistencia regional. La situación política y económica, de alta gravedad, en una Venezuela acorralada, se estabiliza por la participación y protagonismo de un ejército con pertenencia nacional. Los enfrentamientos masivos de las movilizaciones, tienen aún una vigencia preocupante.

La Colombia de la democracia figurada, con las bases militares extranjeras instaladas en su territorio, ha implosionado socialmente en las calles de sus ciudades más importantes. Al repudio masivo a la figura del presidente y al sistema político colombiano, se le respondió con una fuerte represión que dejó muertos en sus calles. En el país más pobre y desigual de la región, la sublevación de los haitianos fue masacrada una vez más. El gobierno déspota del Ecuador, montado en una ficción democrática, ha sido reciente verdugo de las manifestaciones populares que sacudieron el sistema. La corporación judicial, no fue suficiente para acabar con un proceso nacional y popular que durante una década condujo los destinos del país, hubo que apelar a la sangrienta represión del ejército ecuatoriano.

El poderoso Brasil instala un régimen con nostalgias dictatoriales para propiciar la persecución de un partido popular y la de su líder histórico, Lula. La corporación judicial cumple su rol persecutorio, apoyada en la amenaza permanente de las fuerzas armadas brasileñas. El retroceso económico, político y social del país más importante de la región, es preocupante y agobiante. El modelo ejemplar de la economía chilena, punta de lanza del neoliberalismo en el continente latinoamericano, estalló por los aires ante las masivas movilizaciones de los sectores medios. El orden jurídico instalado por la dictadura pinochetista, llegó a su fin, montado en las desigualdades sociales. La represión sangrienta ordenada por un gobierno paralizado, dio lugar al retorno de la militarización cruenta y desaforada de la década setentina. Hoy, Chile resiste y gana, aún a costa sus mártires asesinados por los Carabineros de triste presente y memoria. Paradójicamente, el sistema económico más positivo en su crecimiento, el de la Bolivia plurinacional, es hostigado por sectores minoritarios y poderosos, hasta llegar a la instalación de un golpe de Estado sangriento, sostenido por las fuerzas armadas bolivianas. La persecución política a los sectores populares, la matanza indiscriminada a las etnias originarias, consolidan un régimen fascista y usurpador, con connotaciones teocráticas.

La aparición del fantasma militar, en el proceso electoral del Uruguay, pone un estado de alerta en la sociedad oriental. El Perú y el Paraguay, con profundas crisis políticas de sus sistemas democráticos, están inquietos ante la posibilidad concreta de fuertes manifestaciones populares. Sus fuerzas armadas están alertas y solapadas. Este breve recorrido analítico de la grotesca, grave y revolucionaria situación de la región, debe concluir con la presente realidad Argentina, a la que aludiremos en próximas notas. Cómo corolario, quedan dos certezas, la instauración por primera vez en dos siglos, de un eje político de integración al de la unidad latinoamericana: el eje México y Argentina, basado en los triunfos electorales, que hicieron retroceder a los gobiernos neoliberales y cipayos, que deberá consolidarse frente al desafío histórico en la construcción definitiva de una Patria Grande Americana. La última certeza, es la del comienzo de ésta nota, la reaparición de las corporaciones militares, en los procesos del nuevo paradigma americano y  el único denominador común de lo que viene aconteciendo.


*Ciudadano ilustre de la ciudad de La Plata