Seguramente, muchos y muchas de quienes lean esta nota van a decir que para ellos/as el trabajo se modificó fuertemente, que están trabajando más, que tienen que compartir el trabajo en sus hogares con el cuidado de niños/as y con el resto de las tareas domésticas, que duermen mal y muchas veces se despiertan a la madrugada pensando en lo que el día anterior no pudieron cumplir por culpa del trabajo o en su trabajo. Bueno, es posible que algunos de esos sobresaltos sean nuevos, pero, sin recurrir a saberes que no me competen, podría decir que la situación traumática generada por este virus contribuye a esos malestares nocturnos. Pero, los otros “síntomas” del trabajo ya existían para muchos/as trabajadores/as. El trabajo, en gran parte de los casos, siempre fue monótono, agotador, traumático y poco satisfactorio. Además, en muchas ocasiones, sobre todo para las mujeres, el solapamiento entre actividades domésticas, tareas de cuidado y trabajo es algo corriente. Seguramente, yo podría decir que mi propio trabajo, antes del COVID19 era divertido, estimulante y bastante poco agotador, pero, en este caso debería reflexionar acerca de si el mismo debería ser denominado como “trabajo”.

Claro, también puede argumentarse que si ese trabajo es tan malo o tan aburrido ¿por qué muchos/as trabajadores/as desean hoy volver a él? En realidad, varios pueden ser los componentes de este deseo, pero, seguramente el primero y más significativo debe ser la necesidad del sostenimiento económico de la propia vida.

Pero, en todos los casos, las transformaciones del trabajo no se produjeron por obra y gracia del cambio tecnológico o de los avances de la producción capitalista, fue el pequeño y molesto virus el que modificó de plano nuestras vidas. Entonces ¿las soluciones a todos estos inconvenientes en el trabajo vendrán cuando el COVID19 ya no sea un problema? No sabemos exactamente qué es lo que sucederá con nuestras vidas a la salida de esta crisis, pero sí, lo que podemos adelantar es que muchos de los problemas en el trabajo no se solucionarán mágicamente con la finalización de la pandemia.

Por lo pronto, lo que sí podemos asegurar es que, para combatir esta pandemia, lo mejor que puede suceder es que la ciencia produzca vacunas y/o remedios que mitiguen los efectos de la enfermedad. Mientras tanto, ante la ausencia de esas vacunas, algunos gobiernos decidieron establecer regulaciones sociales (como la cuarentena[1]) que limiten la circulación del virus, mejorando así la capacidad del sistema sanitario para impedir mayores sufrimientos a sus poblaciones. Luego, los subsidios, que esos gobiernos, establecieron a las familias y a las empresas, permitieron reducir los efectos socioeconómicos de la anterior regulación[2]. 

Con el trabajo y las tecnologías puede suceder algo similar. La incorporación de tecnologías y/o la sobreutilización del tiempo de las personas en el trabajo, por parte de las empresas, puede ser absolutamente nociva para la salud de las personas. En cambio, la imposición de regulaciones estatales para una utilización más racional de las mismas puede neutralizar gran parte de esos efectos dañinos.[3] Volviendo a las vacunas, las mismas son, en principio, un producto del trabajo científico destinado a salvar vidas humanas, pero luego, ese mismo producto puede derivar en el interés de poderosos laboratorios para la acumulación de enormes cantidades de dinero. Dejamos la pregunta abierta acerca de quién y como debe regularse el destino de las vacunas. 

El trabajo será siempre el mismo, el problema es entonces, quién y cómo se lo regula.  

*Investigador CONICET. Investigador Docente UNGS


 

[1] En Argentina el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO).

[2] En Argentina el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) es dirigido a personas sin ingresos provenientes del trabajo, y la Asistencia al Trabajo y la Producción (ATP), tiene el objeto de asistir a empresas con salarios complementarios para sus trabajadores y con créditos a trabajadores monotributistas. 

[3] En Argentina, se está discutiendo, en el Parlamento, una norma que regule el trabajo a distancia o teletrabajo; comienza a hablarse sobre la necesidad de implementar una renta básica universal, así como sobre la importancia de regular la problemática del cuidado.