En la primera semana de marzo estaba en la Patagonia por mis vacaciones. Por unos días, estuve en El Chaltén, un pueblito lleno de turistas de todo el mundo. Los hoteles, bares y restaurantes estaban llenos. Hablando con una taxista, ella decía que durante el invierno menos de 100 personas viven en El Chaltén, contaba que muchas de las personas trabajando ahí eran de Buenos Aires y que en invierno se trasladan a Bariloche. Ellos que viven en el pueblo, ganan toda su plata en los pocos meses de turismo.

En mi caminata en el sendero hasta el Mirador de los Cóndores con vistas al pueblo y la montaña famosa Fitz Roy, escuché idiomas de todo el mundo. Pensé, qué suerte tiene Argentina de tener esta maravilla natural. Sabiendo que la economía está muy complicada, al menos el sector de turismo es dinámico. Pero las noticias de una crisis del coronavirus en Europa estaba circulando.

Poco a poco, el ambiente cambió a uno más oscuro. Llegué a Uruguay y parecía que en horas todo estaba cambiando. Viví, como todos, en un mundo donde en horas todo cambió radicalmente. Alrededor de una semana después de mi viaje a la Patagonia, el país cerró sus fronteras y poco después hubo una cuarentena total. El coronavirus en días puso el mundo que conocíamos al revés.

Argentina ya era un país que estaba al borde de una crisis de la deuda. Ahora la negociación de la deuda parece una crisis de un mundo más normal, más sencillo. Una crisis comprensible y con efectos previsibles. Con el coronavirus, casi la única cosa que sabemos es que no sabemos. Pero cada día vemos que las debilidades de la economía mundial y de la Argentina están enfrente. A diferencia de sus pares en la región como Uruguay, Chile o Perú, Argentina no tiene margen para confrontar la crisis.

Después de años de populismo financiado por más impuestos y emisión monetaria, la economía cayó en una estanflación. El intento del Presidente Mauricio Macri para salvar las cuentas públicas con el gradualismo fracasó porque era lento y dependía del acceso al crédito extranjero. En 2018, sin acceso a crédito, el gobierno pidió y consiguió un préstamo enorme del Fondo Monetario Internacional. El cisne negro del resultado de las PASO cambió totalmente las perspectivas del mercado sobre el futuro del país y su capacidad de pagar la deuda, reflejada en el riesgo país. La victoria de Alberto Fernández no cambió sustancialmente el pesimismo de los mercados y, desde entonces, Argentina sigue tocando el default.

El coronavirus no cambió el rumbo del país, pero lamentablemente, aceleró su deterioro económico y social. La cuarentena está golpeando la economía, especialmente los sectores más vulnerables como las PYMES y el sector informal. La pobreza que ya estaba en alza va a aumentar más.

Si uno mira el programa ATR,  muestra la manera que la gente pobre e indigente vive en los márgenes del conurbano y muestra el tamaño del desafío que existe para controlar el virus. Miles de personas viven sin saneamiento y agua potable, esenciales para lavar las manos y la mejor manera de evitar el virus. Además, miles de personas y niños en pobreza dependen de las ONG y movimientos sociales para darles comida. En efecto, las ollas comunitarias y las puertas abiertas pueden ser un riesgo para la salud de todos. Ya vemos los primeros pasos de una crisis sanitaria con los motines en las cárceles. Como dar respaldo a los más pobres en la crisis va ser dificilísimo.

La historia puede ver la crisis como el nacimiento del Albertismo. El presidente dio un mensaje importante para todos:”Yo no estoy peleando por la economía, estoy peleando por la vida.” El Presidente sabe que el país no tiene los recursos para enfrentar la crisis. Sin crédito, sin espacio para aumentar los impuestos y un alto riesgo de aumentar la inflación con más emisión monetaria, la única herramienta es el uso de la fuerza del Estado para obligar a todos a quedarse en la casa. Todos esperamos que la famosa curva de la pandemia en Argentina (y los demás países) lleguen a lo más plano posible. Si logra evitar una crisis epidemiológica, él puede ser visto como uno de lo más importantes presidentes de la historia moderna del país. Una trayectoria inesperada para un hombre que, hace un año atrás, ni pensaba en convertirse en lo que es hoy.


*PhD en ciencias políticas por la Universidad de Toronto. Twitter: @NicSaldias