Un líder político es un sujeto particular investido de un poder de decisión. En un sentido más técnico, un líder es aquella persona que ejerce su autoridad sobre los miembros de un grupo basándose en la confianza que estos le otorgan, y en el reconocimiento general de su superioridad en el conjunto de cuestiones que afectan a dicho grupo.

Hacemos referencia -en cambio- con la noción de liderazgo político, a la naturaleza de la acción realizada por aquel sujeto. Si el líder es un actor individualmente considerado, el liderazgo será un tipo de relación que se activa para la resolución de una determinada cuestión o conjunto de cuestiones o issues.

La distinción entre una y otra noción adquiere sentido no solo a partir del hecho de que el líder no coincide necesariamente con el liderazgo, sino además porque esta relación se desarrolla en un contexto determinado. Es decir, el liderazgo no solamente remite a la relación que se establece entre el líder y los otros -sean estos ciudadanos o no, que interactúan directa y regularmente con el líder-, sino también a una relación que se desarrolla dentro de un determinado contexto institucional y en una situación histórica dada.

Mientras recordaba estas definiciones venían a mi memoria dos diferentes experiencias de gobierno: por una parte, la de Fernando De La Rúa (1999-2001); por otra, la del actual presidente Alberto Fernández (2019-).

Cabe recordar que Fernando De La Rúa fue elegido en las elecciones presidenciales de octubre de 1999 con un porcentaje cercano al 49 por ciento de los votos, siendo el candidato presidencial de una coalición electoral entre el Frente por un País Solidario (FREPASO), agrupación constituida a comienzos de la década de 1990 a partir de núcleos disidentes del peronismo, y la Unión Cívica Radical (UCR), un partido de tradición centenaria.

A comienzos del mes de agosto de 1997 la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente por un País Solidario (FREPASO), resultado del acuerdo entre sus principales referentes Raúl Alfonsín y Carlos “Chacho” Álvarez, conformaron una coalición electoral con el propósito de derrotar en las urnas al menemismo –en aquel entonces expresión del peronismo de la década del ´90-. El éxito acompañó en forma inmediata a dicha alianza que triunfó en las elecciones de diputados nacionales de 1997 y luego en los comicios presidenciales de 1999.

La combinación de una coalición electoral frágil sustentada en acuerdos inestables, un contexto económico interno de recesión, restricción fiscal y rigidez cambiaria y un ambiente financiero poco disponible para la cooperación en un marco de severas dificultades, constituyeron los principales factores desencadenantes de la crisis social e institucional de comienzos de siglo XXI en la Argentina.

Una mañana del sábado 18 de mayo de 2019, mediante un mensaje transmitido en video, la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner comunicó el ofrecimiento de la candidatura presidencial al ex jefe de gabinete Alberto Fernández, proponiéndose para acompañarlo como su compañera de fórmula con el propósito de garantizar la unidad de un fragmentado peronismo y su victoria en las elecciones presidenciales de 2019, en un procedimiento sin precedentes en la política argentina.

La conformación del Frente de Todos nació entonces de la iniciativa de Cristina Fernández de Kirchner de designar como candidato a presidente a un dirigente de dilatada trayectoria, aunque con escaso poder territorial (Alberto Fernández), designándose la propia ex presidente como su compañera de fórmula en su condición de líder natural del espacio que representa la primera minoría dentro del Frente de Todos, aunque sin la capacidad para garantizar por si sola el éxito electoral; “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede” era la consigna.

Finalmente, la fórmula Alberto Fernández/Cristina Fernández obtuvo el triunfo en los comicios presidenciales el 27 de octubre de 2019 con el 48 por ciento de los sufragios frente al binomio Mauricio Macri/Miguel Pichetto.

¿Cuáles son los principales denominadores comunes entre ambas experiencias?

Podríamos señalar tres por lo menos: en primer lugar, coaliciones electorales exitosas con dificultades objetivas para funcionar como coaliciones de gobierno; en segundo lugar, el hecho de que el líder (Fernando De La Rúa y Alberto Fernández) no coincide con el liderazgo (Raúl Alfonsín/ Chacho Álvarez y Cristina Fernández respectivamente); finalmente, mientras los liderazgos demuestran poder de decisión, los líderes ejercen poder de procrastinación.

Todo lo expuesto nos lleva a preguntarnos ¿Es Alberto Fernández el Fernando De La Rúa del Frente de Todos? ¿Es el rol de Cristina Fernández equivalente al de Raúl Alfonsín y Chacho Álvarez en la coalición gobernante? ¿Tiene la experiencia del Frente de Todos un destino inexorable y similar al de su antecesora Alianza por el Trabajo, la Justicia y la Educación?

Los interrogantes abundan, las respuestas escasean.


*Licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires-Argentina (UBA), Diploma de Estudios Avanzados y Doctor en América Latina Contemporánea por el Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset de Madrid-España (IUOG). Profesor Asociado Regular de la Universidad de Buenos Aires (UBA)