Debido a la pandemia se abrió una rica discusión en torno a la necesidad de cobrar impuestos a los ricos. En un contexto de extrema necesidad para los segmentos más necesitados, emergieron con fuerza diversos argumentos contrarios a tales gravámenes. Dichos argumentos podrían reducirse en dos: por un lado, los ricos afirman que la base de su fortuna posee un carácter “meritocrático”, y por otro, esgrimen que su riqueza adquiere una importantísima “utilidad” para el funcionamiento de la rueda económica. En la presente nota quisiéramos discutir estas argumentaciones a partir de la base de datos de la AFIP. A los hechos prácticos definiremos como “rico” a todo aquel que detente activos por más de 1 millón de dólares. Estas personas concentran riquezas por unos US$ 104 mil millones, equivalentes al 17% del PBI de Argentina.


Por un lado, se argumenta que la riqueza posee una “utilidad” económica para la sociedad en su conjunto. Es decir, únicamente los ricos se arriesgan a invertir, y al hacerlo, generan “derrames” al resto de la población. Por ello, aseveran que el cobro de impuestos sacrificará la inversión privada.

A partir de la información de AFIP podemos constatar que el 70% de los activos declarados por los ricos se encuentran fuera de la Argentina. El grado de “utilidad” de los ricos en la sociedad se pone en cuestión ya que estos poseen una elevada propensión a la fuga de capitales. Al contrario de lo que se enunció anteriormente, el cobro de un impuesto a las fortunas disminuiría la fuga en vez de reducir las decisiones de inversión.

Vinculado con este punto, vemos que la mayor parte de la riqueza de los ricos se encuentra en activos líquidos, tales como títulos públicos en el exterior. Esto nos habla de una relación viciosa entre los ricos y el Estado nacional: al mismo tiempo que los ricos fugan capitales al exterior, provocan una mayor necesidad de divisas a la Argentina, la cual es cubierta por el Estado a través de la emisión de títulos públicos. Por último, los ricos adquieren dichos papeles del Estado desde el exterior. 

Por otro lado, se afirma que la opulencia de los ricos se debe a su continuo esfuerzo producido a lo largo de muchos años, y como retribución a tal sacrificio, estos lograron amasar fortunas. Bajo este enunciado, la oposición al impuesto a las fortunas viene a decirnos que los ricos son “merecedores” de tal riqueza, en tanto el Estado realizará políticas populistas para repartir dicha recaudación hacia aquellos que “no lo merecen”.

Como se puede visualizar, el “mérito” de la riqueza de los ricos se basa en la fuga de capitales y en su relación de acreedor con el Estado. Bajo este punto, al ver los distintos activos que poseen los ricos podríamos decir que estos no encajan con el estereotipo de empresario sacrificado. La posesión de patrimonios empresariales posee una participación minoritaria. Nuestros ricos se asemejan más a la figura de un inversionista financiero que a la de un campeón empresario con raigambre industrial y/o innovador.

Bajo este punto, debemos discutir la procedencia de la riqueza de nuestros ricos. En primer lugar, debido a los diversos procesos de redistribución de los ingresos y riqueza producidos en las últimas décadas. En este sentido, dicha riqueza provino de fenómenos tales como la bicicleta financiera, la estatización de la deuda privada, la privatización de empresas públicas, los regímenes especiales y las quitas impositivas a las fortunas, etc. En segundo lugar, cabe señalar que adeudamos como sociedad una discusión en torno a la gravitación de los activos heredados, dado que estos permitirían explicar gran parte de la riqueza de los actuales ricos. En tercer lugar, tendríamos que discutir el origen legal de la mencionada riqueza dado que el último blanqueo del año 2016 adicionó ingentes activos declarados en el exterior, y como consecuencia, se desconoce la trazabilidad de los mismos. Esto se debe a que los ricos poseen mayores artilugios financieros para ocultar información al fisco, los cuales los lleva a cometer delitos económicos como los de evasión impositiva.

*Dr. en Desarrollo Económico (UNQui), Licenciado en Economía (UNR), Becario Postdoctoral-CONICET, Docente en Economía Política (Derecho-UNR), miembro de la Sociedad de Economía Crítica. Twitter: @GGarciaZanotti