La pandemia es como las serpientes, muerde primero a los descalzos. La principal problemática en los barrios populares desde que se desató la crisis del COVID-19 estuvo relacionada con la insuficiencia y la desigual distribución de alimentos por parte del municipio que conduce Julio Garro. La situación se profundizó, y esta semana organizaciones sociales marcharon hacia la intendencia para reclamar mayor asistencia. Además, como nunca antes, quedaron al descubierto desigualdades estructurales: solo doce de los 153 barrios populares tienen una conexión regular a la red pública de agua corriente, un servicio básico indispensable a la hora de cuidar la higiene personal, condición principal para cuidarse del virus. Solo una de las delegaciones, además, tiene acceso a una conexión a la red pública de luz eléctrica; lo mismo sucede con la conexión a la red cloacal

Los datos surgen de una serie de tres informes elaborados por la comisión de monitoreo y relevamiento de la emergencia sanitaria en La Plata, conformada en el ámbito de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FaHCE) de la UNLP, con participación de investigadores de la UNLP y el IdIHCS (CCT-Conicet La Plata). Dichos informes serán publicados próximamente en una serie que será denominada “Informes de la Pandemia”. Diagonales accedió en exclusivo a los tres primeros, elaborados entre junio y julio, en los que se describen en detalle las condiciones estructurales de muchos barrios de las distintas delegaciones del Municipio, condiciones en las que las familias que allí viven transitan hoy la pandemia. Los documentos también recuperan las principales demandas que se plantearon en los Comités Populares y de Crisis, y elaboraran un balance de los primeros noventa días de pandemia. Aquí reproducimos sus principales conclusiones.

ABANDONO ESTRUCTURAL, Y CRECIENDO

Los informes de la FaHCE se elaboraron a partir de datos del Registro Nacional de Barrios Populares (RENABAP), relevamientos propios y las actas de los Comités Populares y de Crisis. En ellos se establece que en las veintitrés delegaciones del Municipio se distribuyen unos 153 barrios populares, en los que viven unas 29.033 familias. El número es impactante, y llama la atención su crecimiento: “Contrastado con las 18.600 familias con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) registradas en 2010 por el Censo Nacional de Población, el dato de 29.033 familias que habitan los Barrios Populares del partido evidencia la magnitud del deterioro de las condiciones del hábitat en el Partido de La Plata” establece uno de los informes.

La categoría de barrio popular está establecida en el RENABAP, y refiere a los barrios que reúnen al menos ocho familias agrupadas o contiguas donde más de la mitad de esa población no posee título de propiedad del suelo ni acceso regular a por lo menos dos de los tres servicios básicos: red de agua corriente, red de energía eléctrica con medidor en el domicilio, y cloacas. La mayoría de estos barrios se encuentran en el oeste, suroeste y sureste del partido, y cinco delegaciones de esos territorios concentran el 57% de los barrios populares de La Plata: Melchor Romero, Los Hornos, San Carlos, Villa Elvira y Altos de San Lorenzo. A su vez, el 75% de las 29.033 familias mencionadas habitan estas cinco delegaciones. Solo dos de las veintitrés delegaciones platenses no cuentan con barrios populares, Los Porteños – Las Banderitas y  Parque Sicardi – Villa Garibaldi.


¿ACCESO? A SERVICIOS BÁSICOS

En medio de una pandemia donde una de las armas principales para combatir al virus es la higiene y el permanente lavado de manos, la falta de agua corriente para una población es un crimen social agravado. En los informes de la FaHCE se destaca que solo doce de los 153 barrios populares tienen una conexión regular a la red pública de agua corriente. Esto impacta solo a unas dos mil familias, lo que deja a las otras 29.031 de este conjunto sin una provisión adecuada de un insumo esencial para una vida digna, en pandemia y sin pandemia. En los barrios predominan las conexiones irregulares a través de mangueras que distribuyen un punto de acceso al agua a varios hogares, la provisión a través de tanques comunitarios, o perforaciones de pozos individuales por vivienda.

Pero el agua también depende de la energía eléctrica. En entregas anteriores Diagonales reconstruyó numerosos casos como el del barrio Cristo Rey, en Melchor Romero, o el Arana, donde el intermitente suministro eléctrico y las permanentes bajas de tensión vuelven moneda corriente el no poder cargar los tanques porque las bombas no funcionan o, mucho peor, se queman. Los informes muestran un predominio absoluto de las conexiones irregulares, “enganches” a la red, cables a los postes de luz de la calle y de una casa de familia a otra. Solamente la delegación de El Rincón aparece con una conexión a la red pública, y en las delegaciones de City Bell, Gonnet y Villa Elisa se combinan conexiones irregulares con acceso a la red. En las diecisiete delegaciones restantes, los barrios populares solo acceden a conexiones irregulares. O, dicho de otra manera, el 81% de las delegaciones platenses con barrios populares no tienen un acceso apropiado a la red pública, incluyendo en este porcentaje a los territorios más populosos. 


El problema se agrava si consideramos que la electricidad prima también como recurso para la calefacción de los hogares. Trece de las veintiuna delegaciones con barrios populares aparecen en los informes con la energía eléctrica como su medio de calefacción, y en otras siete se combinan la energía eléctrica con la quema de leña y carbón, siendo este medio el principal en catorce barrios. Por su parte, el uso de gas en garrafas es el medio de calefacción que le sigue a la energía eléctrica, y el predominante como energía utilizada para cocinar. Tan solo dos barrios están conectados a la red de gas.

Otro inacceso predominante es el de la red cloacal. Uno de los informes revela que solo un barrio “presenta viviendas con conexión formal a cada domicilio, exclusivo para la eliminación de excretas”. Nueve de las delegaciones en cuestión presentan pozos ciegos como única vía de deshecho de excrementos, y otras diez delegaciones combinan los pozos ciegos con cámaras asépticas.

Un dato importante relevado por la FaHCE es que el 55% de los barrios populares de La Plata se ver regularmente afectados por inundaciones. Las delegaciones municipales de Melchor Romero, Los Hornos, Villa Elvira y San Carlos aparecen    como las más golpeadas, reiterando que son de las más pobladas del partido, lo cual da un panorama de miles de familias afectadas.


LAS DEMANDAS CENTRALES EN PANDEMIA

Los dos primeros informes de la FaHCE relevaron las problemáticas estructurales desagregadas primero por delegaciones municipales, y luego por barrios. El tercer informe se realizó a partir de las actas de los Comités Populares de Emergencia de cada delegación, conformados durante el mes de abril a partir de la iniciativa de organizaciones sociales y territoriales, referentes comunitarios, y distintas instituciones con presencia en los barrios, y las actas de los Comités de Crisis Municipales, organizados por el Ejecutivo Municipales en las veintitrés delegaciones y centros comunales a partir de la ordenanza Nº11925 del Concejo Deliberante del 29 de abril, y que comenzaron a funcionar en la segunda quincena de mayo. El informe recogió las principales demandas planteadas en ambas instancias.

Tanto en los comités populares como en lo comités de crisis, la primera y principal problemática fue la situación alimentaria, la insuficiencia y la desigual distribución de alimentos. El informe destaca que a partir de la entrada en funcionamiento de los comités de crisis, se pudo articular mejor entre estos y los comités populares para la distribución. Sin embargo, a cinco meses de iniciado el ASPO, la provisión sigue siendo significativamente insuficiente, tal como se mencionó en el informe para casi todas las delegaciones a noventa días de decretada la cuarentena. Diagonales reconstruyó recientemente esta situación, donde los testimonios de referentes de distintos barrios y comedores dieron cuenta de la poca cantidad y variedad de alimentos que recibían. Resaltaba el dato de los pollos entregados por el Municipio, que en ningún caso superaban las dos unidades por olla, para toda una semana. Cada olla o comedor, en promedio, alimenta a entre cincuenta y doscientas personas por día. El Intendente Garro no parece haber tomado nota del reclamo, ya que este miércoles 19 se realizó una protesta frente a la Municipalidad en la se entregó un petitorio firmado por más de cincuenta organizaciones y espacios comunitarios, con la insuficiencia en la provisión de alimentos como punto central. Dicho petitorio solicita a la Intendencia reforzar la asistencia alimentaria para los comités populares de cada localidad, principalmente en alimentos secos, y la incorporación en forma inmediata de los comedores comunitarios que no poseen Tarjeta de Alimentos. Las familias de los barrios y los comedores todavía esperan por respuestas.


El petitorio en cuestión plantea como otra prioridad el desarrollo de un “plan de contingencia en materia energética, en el área de salud, acción social directa y violencia de género”. Estos reclamos, a cinco meses de pandemia, se corresponden con las demandas que el tercer informe de la FaHCE recogió de las actas de los comités populares y de crisis al inicio de todo este proceso. Allí se plantearon déficits en las condiciones de atención en salud, principalmente por la insuficiencia de personal y la carencia de insumos, sumada a una falta de información precisa sobre la cantidad de población con problemas en el acceso a la salud; déficit estructurales en materia de acceso a servicios públicos esenciales; malas condiciones en la red de caminos y de calles en áreas rurales y periurbanas, con la consecuentes dificultades para traslados, ingresos de ambulancias, etc.; escasez de infraestructura necesaria para las normas de prevención, con el caso destacado de la falta de cajeros electrónicos en muchos territorios, que favorece las aglomeraciones y obliga a traslados a otros puntos de la ciudad; el incremento de la violencia de género, la escasa atención a las denuncias y falta de asistencia inmediata por parte de los organismos correspondientes; falta de recursos y operativos de limpieza y desinfección de espacios públicos, tanto para el Covid-19 como para el dengue; y una insuficiencia en la información a las poblaciones de muchos barrios sobre el Covid-19, medidas de prevención y cuidado, etc.

Con suficiente pandemia transcurrida bajo el puente, muchas de estas demandas siguen vigentes. Como este medio pudo reconstruir en publicaciones anteriores, muchas de estas cuestiones fueron y son abordadas por otras instituciones como la UNLP, y por organizaciones sociales, políticas y comunitarias, ante la falta de una mayor intervención municipal. Un ejemplo claro son las creaciones de los Núcleos Operativos de Emergencia, dispositivos generados entre la UNLP y referentes comunitarios de cada localidad que pretenden fortalecer las articulaciones entre organizaciones, centros de salud, centros de extensión universitarios y distintos actores de cada territorio, con el fin de abordar de manera integral y con una lógica comunitaria la resistencia a la pandemia y la crisis que genera en cada barrio. Otro caso son los operativos de las Brigadas Ramona Medina, con decenas y decenas de jornadas territoriales de trabajos que van desde el relevamiento de información sanitaria, vacunación y búsqueda de casos activos en muchos territorios, con una lógica comunitaria de empatía y proximidad para con las poblaciones, de abordaje integral de la múltiples problemáticas que las afectan, perspectiva muy distinta a la los operativos municipales  que sólo se dedican a la toma de temperatura y chequeo de síntomas en búsqueda de casos, sin muchas veces tener en cuenta las complejidades de cada situación. Ni hablar de las y los cientos de militantes, referentes comunitarios y vecinos y vecinas que paran las ollas día a día, con lo poco que reciben del Municipio y lo que logran conseguir con sus propios esfuerzos, muchas veces desde sus propios bolsillos.


En un marco de abandono estructural, miles de familias de muchos barrios platenses hacen frente a la pandemia, fundamentalmente apoyadas en su propia lucha y la intervención de organizaciones populares, comunitarias y políticas, y de instituciones como la UNLP, sus distintas Facultades y Centros de Extensión, y trabajadores y trabajadores de los centros de salud. La existencia de los comités de crisis municipales es rescatada hoy por todos estos actores como algo para valorar y profundizar, una vía para canalizar las demandas hacia las autoridades correspondientes. Y la articulación de éstos con los comités populares es hoy una realidad a destacar, y una semilla de lo que a futuro pueda resultar en un Estado mucho más atento a las necesidades populares y más presente en los territorios. Sin embargo la pandemia sigue mordiendo a quienes van descalzos, y cada vez con más fuerza. Y la Intendencia de Julio Garro tiene aún mucho más para dar. Los resultados se cuentan en hambre y en vidas.