Estamos a casi un año de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró al Covid-19 una pandemia. Desde aquel 11 de marzo, el destino del mundo y de todas las personas que lo habitamos cambió radicalmente. En este contexto, la única esperanza fue la tan ansiada vacuna.

En efecto, desde marzo de 2020 la agenda mundial giró en torno a la carrera por esa vacuna: tanto de los países y grupos empresariales que invirtieron millones de dólares para lograr una vacuna eficaz, como así también para la gran parte de los países que direccionaron sus esfuerzos para cerrar la mayor cantidad de contratos que le garantizasen dosis cuando llegase ese momento.

En este contexto, durante estos meses la política exterior fue (y es) la clave para lograr los mejores resultados en ambas partes: productores y compradores. Nuestro país no fue la excepción, y desde el principio orientó parte primordial de la agenda exterior a la obtención de la mayor cantidad posible de vacunas. 

Mientras tanto, en Argentina y el mundo se llevó a cabo durante meses un intenso debate respecto a cada vacuna y los intereses que hay detrás de ellas. Ahora… ¿Cuánto hay de cierto en esto?

En primer lugar es clave tener presente que las vacunas, al ser entendidas como la única solución para recuperar la “normalidad”, la convierten en un bien preciado y escaso al día de hoy.  En efecto, se transformaron en un elemento de competencia geopolítica, ya que tenerla da a los países una ventaja estratégica para relacionarse y también da prestigio. Por ello, desde el principio, tener la vacuna fue el objetivo de las potencias mundiales como China, Rusia, India, Estados Unidos (EEUU) y la Unión Europea (UE).

Partiendo de esta base, conviene ver qué hizo Argentina. En este sentido, hasta hoy el Gobierno Nacional efectivamente adquirió las siguientes vacunas:

La Sputnik V (o vacuna rusa, como se dijo popularmente) fue la primera en llegar en diciembre de 2020 (300.000 dosis) y, en efecto, fue la primera que comenzó a aplicarse en nuestro país.  El hecho generó dudas y polémica, ya que la Argentina fue el segundo país del mundo en aceptar la vacuna Sputnik V, detrás de Bielorrusia. 

No obstante, es importante aclarar que el contrato para adquirirla fue el tercero que firmaba Argentina. El primero se firmó con la británica AstraZeneca y la Universidad de Oxford y el segundo con COVAX, mecanismo creado por la OMS. Tampoco la Sputnik V fue la primera en aprobarse por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), ya que dicho lugar lo ocupó la vacuna de Pfizer-BioNTech.

Como es de público conocimiento, mucho se habló sobre la vacuna rusa e incluso se esbozaron diversas teorías respecto a cuestiones políticas detrás de la adquisición de la misma. Lo cierto es que, si se la observa desde las tasas de efectividad, la Spuntik-V es de las más efectivas hasta hoy. Lo que sucede es que las dudas en el país y el mundo respecto a esa vacuna están más bien vinculadas a la mala imagen internacional que Rusia tiene (que deviene de los vestigios que quedan de lo que fue la Unión Soviética como foco del comunismo en el siglo anterior).

De todos modos, más allá de que dicha vacuna predomina hasta el momento en Argentina, lo cierto es que el Gobierno Nacional no redujo sus negociaciones solamente a ese país. Basta observar que el ahora ex ministro de Salud, Ginés González García, en el momento que confirmó la compra de vacunas a Rusia, reveló que el presidente  Alberto Fernández "me pidió conseguir cuanto antes vacunas seguras para todos los argentinos, y por eso negociamos con todos, norteamericanos, europeos, chinos y rusos".

Esto responde, en primera instancia, a la urgencia sanitaria que hoy atraviesan todos los gobiernos del mundo, y que todos ya conocemos. Pero también va en línea con ciertos elementos de la política exterior que desde el 10 de diciembre de 2019 está intentando esbozar el Gobierno Nacional, más allá de los vaivenes que se dieron durante estos meses.

El “negociamos con todos” es expresión concreta de una política exterior que, si bien tiene bases ideológicas que lo acercan o alejan de países frente a diversas situaciones, está orientada por matices de pragmatismo. Parte importante de ello se asocia al intento del Gobierno por mostrar una nueva cara al mundo, más institucional y menos ideológica, que le dé un mejor lugar dentro del actual y complejo escenario internacional.

En este marco, la administración Fernández desplegó una intensa actividad en el plano de las relaciones internacionales en tiempos de pandemia. A continuación, menciono algunos ejemplos: negoció, junto a México, la participación del país en una de las fases del desarrollo de la vacuna de Oxford y su posterior producción conjunta para América Latina, mantuvo múltiples reuniones con líderes europeos y latinoamericanos de diversos sectores ideológicos, y tuvo intenciones de presentar un reiterativo activismo multilateral.

Además, como mencionamos anteriormente, Argentina se sumó al mecanismo COVAX, que busca alcanzar una distribución más equitativa de las vacunas disponibles. Esa iniciativa presentó un pronóstico a inicios de febrero, según el cual el país podría recibir 2.275.200 de dosis de la vacuna de AstraZeneca/ Oxford (por fuera del contrato que el país firmó directamente con el laboratorio).

Teniendo en cuenta lo antedicho, también es importante señalar que los dos principales proveedores de vacunas a nuestro país hasta ahora –Rusia y China-, son de los países que más sólidas relaciones políticas tuvieron con Argentina durante los últimos años. Basta observar que nuestro país tiene una Asociación Estratégica Integral con ambos países (con Rusia se firmó en 2008, y con China en 2015).

Resulta imposible saber y/o afirmar si hay acuerdos o intereses extra oficiales. Lo cierto es que los datos a los que podemos acceder más bien hablan de una urgencia sanitaria frente a la cual, y reconociendo la desventaja geopolítica de nuestro país, se dispuso a adquirir la mayor cantidad de vacunas lo antes posible, y se intentó negociar con todos.

Y en este punto retomo lo dicho algunos párrafos atrás: recordemos que la primera vacuna aprobada fue la de Pfizer, que es de origen norteamericano. Del mismo modo se intentó negociar con todos los proveedores. Finalmente, los resultados alejaron a nuestro país de las dosis Pzifer, y lo acercaron a las ofrecidas por Rusia y China.

Probablemente, más allá de las conjeturas que se puedan hacer en torno a las facilidades o dificultades que el vínculo político bilateral pudo traer en cada negociación, resulta clave analizar la característica clave de cada vacuna, y tiene que ver con su condición de financiamiento y producción, es decir, si era hecha por un Estado, o por una empresa privada. Y ahí creo que está la clave.

Aquellas vacunas que surgieron de iniciativas privadas (como la Pfizer), son hoy las que mayores problemas de abastecimiento tienen, y en efecto, acotan la posibilidad de la negociación bilateral entre países. Por otro lado, las vacunas producidas por instituciones estatales (como la china y la rusa), dan un mayor margen de maniobra a los gobiernos para negociar y disponer de ella.

Por lo dicho, es posible pensar en que por momentos la sintonía ideológica entre gobiernos pueda acercar o alejar negociaciones. No obstante, estando en medio de una pandemia, donde la vacuna es el bien más preciado y escaso, pareciera que termina predominando la urgencia sanitaria frente a la ideología política. Se puede observar que en la actualidad, países que no están en sintonía ideológica con Rusia, como Chile, Colombia, e incluso la UE como bloque, están en proceso de admisión y firma de contrato para la adquisición de la Sputnik V. Esto fue posible luego de que la vacuna recibió el aval de “The Lancet”, una de las revistas más prestigiosas del mundo médico, lo cual redujo la desconfianza sobre ella.

De todos modos, es importante remontarnos al principio. Que predomine la urgencia sanitaria no excluye a los intereses geopolíticos que pueden tener proveedores de vacunas, tanto los privados como los estatales. Un ejemplo de esto tiene que ver con las diferencias que hay entre los precios y condiciones legales que distintos proveedores de vacunas exigen a cada país.

*Licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Actualmente se desempeña como analista internacional sobre América Latina para el sector privado y como asesor para el sector público en Argentina. Twitter: @FrancoLagorio