La mención de Cristina Fernández, en la presentación de su libro “Sinceramente” en Mendoza, al informe de la FAO (Organización de la ONU para la alimentación) sobre seguridad alimentaria a nivel mundial, y fundamentalmente la comparación de la situación en Argentina con Venezuela (“Sorry, hoy con la comida estamos igual que Venezuela”), despertó las reacciones esperables del lado Cambiemos de la grieta. La dupla Marcos Peña-Duran Barba habrán saltado de alegría cuando CFK les ofrendó “el título” que les permitió poner en marcha su aceitada maquinaria comunicacional con videos de migrantes venezolanos incluidos, viralizados en las redes por los grupos de WhatsApp de los Defensores del Cambio destinado a fortalecer el voto duro. Lo que pocos tomaron en cuenta del mencionado informe de la FAO es que el número de personas que padecen inseguridad alimentaria grave pasó de 2.5 millones en la medición del periodo 2014-2016 llegando a 5 millones de personas en el último informe que toma el ciclo 2016-2018. Y si sumamos las personas que se encuentra en una situación de dificultad moderada la medición llega a 14 millones. La FAO define a la Inseguridad Alimentaria como “la disminución drástica del posible acceso a los alimentos, debido a riesgos ambientales o sociales”. Se duplicó en 3 años la población de nuestro país con dificultades para acceder al alimento, sin catástrofes naturales por estas tierras.

El Diputado Daniel Arroyo, referente en políticas sociales, viene manifestando desde hace tiempo que el costo de los alimentos es un problema en nuestro país, que la comida debe ser barata en la Argentina. Descartada los problemas ambientales, busquemos entonces en los riesgos sociales la explicación a este drama donde 1 de cada 3 argentinos tienen dificultades para acceder a insumos básicos para la subsistencia, en el país que produce alimentos para 400 millones.

Números negativos en cuestiones socioeconómicas abundan, la UCA calcula en 4 millones los nuevos pobres del 2015 al 2019; solamente en los últimos seis meses la cantidad de argentinos que perforaron el piso de la pobreza llega al millón de personas; la desocupación de marzo de 2018 a este año el número de desocupados aumentó en 211.000, trabajadores que perdieron su empleo y el cierre de 20000 PyMES. Todo en un contexto de pérdida de poder adquisitivo de los ingresos de las personas en actividad, jubilados y demás beneficiarios del sistema de seguridad social. Detrás de estos números fríos, arde un verdadero volcán.

Y sin ir a situaciones extremas, los sectores medios afines a las propuestas de Cambio del Macrismo, afectados por la caída del empleo y pérdidas de poder adquisitivo hoy no les alcanza para pagar la cuota de los colegios, se borraron de prepagas, y luego de pagar tarifas y tarjetas de crédito el HomeBanking pide clemencia.

Todos números que abruman pero que, por cuestiones ya expuestas en esta sección, se viven y se sienten casi en silencio, contenidos por la ayuda de programas sociales, organizaciones sociales, las iglesias y medios de comunicación que administran selectivamente dónde poner el foco.

Hice mención a la frase de la expresidenta ya que creo que marca tanto de uno y otro lado lo que cada uno de los frentes políticos que llegan con chances de ganar la carrera presidencial buscan exponer a propios y extraños. Por el lado del Frente de Todos, una realidad socioeconómica grave, y por el lado de Juntos por el Cambio la exacerbación del rechazo que genera la figura de Cristina, el regreso al populismo, Venezuela, entre otros hits.

En un contexto electoral como el actual vale la pregunta: ¿Qué pesará más, el rechazo que generan las formas del kirchnerismo y los fantasmas que se agitan sobre su pasado populista o, por otro lado, una economía que no resiste el menor análisis? Un oficialismo que, pese a todo, y gracias a recursos estatales, apoyos de jugadores internacionales y probada capacidad comunicación, se muestra competitivo obliga a no apurar respuestas.

Y si de números hablamos, circulan en redes sociales y diferentes medios de comunicación, una multiplicidad de estudios con mayor o menor rigurosidad sobre “aritmética electoral” con la pretensión de aventurar un resultado frente a las próximas elecciones presidenciales. Están los que dicen que la comparación debe hacerse frente a las presidenciales del 2015, otros hablan que se debe mirar el cuadro de las legislativas de medio término en 2017 y otros que eligen también mensurar las elecciones de autoridades provinciales que tuvimos en muchos distritos a lo largo del 2019. Todos estos números mixeados con encuestas de todo tipo y pelaje. Ninguno se anima a dar por definida la compulsa, pero sí la mayoría afirma, que luego de la conformación de los frentes electorales, y una polarización evidente no hay espacios para terceros jugadores. Las PASO, que fueron tan criticadas por diferentes sectores como una pérdida de tiempo y recursos, terminan siendo la prueba de lo que puede pasar en Octubre operando como una primera vuelta donde se llama al voto útil y donde los principales frentes se corrieron hacia el centro político obturando cualquier opción como podía ser Alternativa Federal, pero también preocupados por no perder votos en los márgenes, como el caso de Juntos x el Cambio que intenta que no se le caigan electores por el margen derecho en manos de los pre-candidatos José Luis Espert o Gómez Centurión. Estos votos parecerían imprescindibles para un eventual triunfo de Mauricio Macri.

Massa, hoy sumado al Frente de Todos que lidera Alberto Fernández (de por sí una figura más moderada), obtuvo la nada despreciable suma de 21% de los votos en la primera vuelta de 2015. Las planillas de Excel de los pronosticadores aficionados de Twitter, y los equipos profesionales de campaña buscan descifrar donde irán esos votos. Pichetto, quien también buscaba pescar en la “pecera del medio”, se sumó a Cambiemos nada menos que como candidato a Vicepresidente de Mauricio Macri, llevándose no tantos “peces” (o votos) pero sí despertando gran euforia, hasta en furiosos denostadores del Peronismo y sus 70 años, festejando la jugada atrevida que suponen les aseguraría gobernabilidad de la mano de un viejo conocedor del Senado frente a un escenario que nadie duda será complejo.

Más arriba mencionamos que el Macrismo, que a diferencia del 2015, tiene competencia por derecha, y por otro lado el Frente de Todos que tiene como eje al PJ (en aquel momento Frente para la Victoria) muestra una oferta electoral ampliada con la mencionada incorporación de Massa y su Frente Renovador, sumado al apoyo mayoritario de sindicatos de trabajadores que se sintieron engañados por la promesa de dejar de pagar impuesto a las ganancias, y que hoy están amenazados con perder el empleo, y  organizaciones sociales que dejaron diferencias atrás para llegar a la unidad. Y también se incorporaron sectores medios y de centro izquierda con la llegada de Matías Lammens y Victoria Donda, entre otras figuras.

Para finalizar, si tenemos en cuenta que la diferencia en segunda vuelta de Macri frente a Daniel Scioli fue menos de 700000 votos, y hoy tenemos un empeoramiento de las condiciones de vida de una importante porción de la sociedad, y por un lado la oposición muestra fuerzas y equipo robustecido y a Cambiemos que en 2015 fue una máquina perfecta, hoy le empiezan a entrar los golpes: ¿Dónde anidará la confianza del oficialismo y la aritmética electoral, para en una descontada polarización electoral llegue Macri con expectativas de ganar? Luego del 11 de Agosto tendremos tiempo para analizar hasta que la campaña para Octubre arranque nuevamente.

*Politólogo (UBA). Docente Seguridad Ciudadana y Gestión Políticas Públicas (UBA / UNDAV).

Socio y presidente del consejo de administración de la Editora Patria Grande Cooperativa de Trabajo. Twitter:@ignaciopacho