El filósofo Iván Petrella es director de Argentina 2030 y uno de los referentes académicos de la Fundación Pensar, think tank del Pro. De trato afable y dispuesto al debate, recibió a Diagonales en el primer piso de la Casa Rosada, en una de las oficinas destinadas a reuniones armadas con paredes de durlock donde antes se erigía la antesala del salón de las Mujeres, reducto decorado con cuadros de emblemáticas luchadoras de la historia vernácula. Actualmente, entre las miradas penetrantes de Evas y Juanas o los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo, una cuadrícula estilo call center se lotea el espacio y jóvenes que entran y salen trabajan ensimismados en sus computadoras. Así, se compone una curaduría escenográfica que dista del uso que le diera el kirchnerismo a ese rincón, con discursos encendidos, cadenas nacionales y sudor militante en una época de incipiente fulgor por las selfies.

“¿Esto no era el Salón de las Mujeres?”, pregunta el cronista a su anfitrión al recorrer el camino con él. “Sí”, le responde. “¿Y ahora qué es?”, insiste el que suscribe. “El salón de las Mujeres”, contesta el interlocutor, como en un diálogo surgido de Alicia en el país de las maravillas.

Petrella se hizo espacio para el reportaje sobre el filo del cierre de alianzas de cara a los próximos comicios y, aunque baila al compás del mismo frenesí que todos los funcionarios por estas horas, aparente cierta serenidad. Legislador porteño por el PRO entre 2013 y 2015 y secretario de Integración Federal y Cooperación Internacional del Ministerio de Cultura desde la asunción de Mauricio Macri como presidente hasta diciembre de 2017, reconoce que la grieta no se salva con la mera voluntad de los dirigentes, asegura que Cambiemos revalidará su mandato en las urnas y advierte sobre ciertos cambios demográficos de suma incidencia pública a la hora de afrontar un nuevo turno electoral.

Casi todos los dirigentes llaman a desengrietar, pero todavía persiste una galvanización política del escenario. ¿Por qué cree que es así?

- Porque la grieta hoy, en Argentina, existe a nivel social. Hay un veintilargos o un treinticortos por ciento que se siente identificado con los ideales y valores que expresa el kirchnerismo. Eso es real. Y al mismo tiempo, hay un 30 y pico que se siente fuertemente identificado con los valores e ideales que expresa el gobierno de Cambiemos. Y hay una diferencia real entre esos dos polos y domina el país, a nivel social. La grieta no es algo que se pueda solucionar fácilmente porque los dirigentes se sienten a dialogar.

"La grieta no es algo que se pueda solucionar fácilmente porque los dirigentes se sienten a dialogar".

De todas formas, ¿nota una voluntad dirigencial de licuar o terminar con esa grieta?

- Depende. Si uno toma, por ejemplo, la reacción de una parte de la oposición a los 10 puntos que proponía el Gobierno, no fue masiva y a favor de acordar alrededor de esos puntos. Discursivamente suena bien hablar en contra de la grieta pero hay que verlo en acciones concretas.

¿Está a tiempo Mauricio Macri de encontrar el compañero o compañera de fórmula cuya postulación sea considerada una ampliación o apertura del gobierno?

- Se habla mucho de apertura pero la cuestión no pasa por una apertura fácil y simple. En un mundo de identidades más líquidas, con más tecnología y los lazos son más difusos, lo más importante para una fuerza política es mantener la coherencia, que sea claro qué representa y qué ideales sostiene. La apertura se tiene que dar en esos marcos y Cambiemos es ya, desde el principio, una coalición abierta.

Al comenzar la gestión, Cambiemos imaginó que un peronismo más racional o moderado, en términos de ciertos analistas políticos, podía constituirse en un polo opositor. ¿Eso naufragó? Y en todo caso, por qué cree que no prosperó.

- Hay que ver qué pasa, hasta el 22 de junio.

¿Hay esperanza todavía?

- Ese armado está en manos de la oposición. Hay que ver cómo se paran el kirchnerismo y el peronismo en base a ciertas cuestiones básicas. Más allá de la elección, lo que está en juego en Argentina es qué concepción de democracia tendremos. Hay que definir si queremos una democracia liberal republicana, como la de (Raúl) Alfonsín a la salida de la dictadura o un populismo onda Nicolás Maduro.

"Lo que está en juego en Argentina es qué concepción de democracia tendremos. Hay que definir si queremos una democracia liberal republicana, como la de (Raúl) Alfonsín a la salida de la dictadura o un populismo onda Nicolás Maduro".

¿Cambiemos fracasó en el plano económico o el mundo cambió demasiado para el proyecto que tenía Cambiemos?

- Creo que ninguna de las dos. Hay cambios, sí, pero creo que es un error decir que Cambiemos fracasó en lo económico. Vale recordar un par de cosas, que ya quedaron en el pasado por suerte, pero cuando asumió Cambiemos había 16 provincias que no tenían plata para pagar sus sueldos, la Provincia de Buenos Aires entre ellas. Eso es parte de la herencia económica que indica la cantidad de cosas que había que subsanar para poner en marcha una economía que estaba podrida desde sus cimientos. Y ese proceso, y acá sí hay un reconocimiento de un error nuestro, pensábamos se daría mucho más rápido. Por los cambios económicos globales que demoraron el proceso. Pero si uno toma dónde estábamos y dónde estamos, pasando de provincias quebradas a provincias con superávit; Banco Central quebrado a Banco Central con reservas y capacidad de cuidar la moneda; tarifas que provocaban un agujero fiscal enorme a tarifas que todavía no llegan a ser lo que son en otros países pero se acercan al valor real que se paga por la energía; haber bajado el peso fiscal del impuesto a las ganancias… se han dado pasos enormes en Argentina. Obviamente falta un montón.

Entre los puntos que destacás de la política económica, mencionás el impuesto a las ganancias, el tema de las tarifas y la capacidad de Banco Central para defender la moneda…

- Sí, tener reservas…

Sin embargo son tres puntos sensibles e irritantes para la sociedad. Porque, por momentos, las tarifas han suscitado protestas o el peso sufrió devaluaciones con las corridas cambiarias. Es decir que esas iniciativas generaron problemas o no fueron comprendidas por la sociedad. ¿Por qué?

- Creo la conciencia del desgaste económico e institucional que había sufrido Argentina en los últimos diez o doce años no estaba claro para nadie. Ni siquiera para nosotros. Ahora, a nadie le gusta pagar más pero las tarifas siguen siendo menores que en países de América latina.

Pero el salario real promedio, considerado en dólares, también cayó…

- Sí, en el último año y medio se dio una caída del salario real. No hay ninguna duda y lo sabemos. Sabemos que lo sufre la población y, al mismo tiempo, hemos aumentado las asignaciones familiares y la AUH. Nada de lo que digo implica dejar de reconocer las enormes dificultades. La recesión del año pasado fue igual a la de 2014, con una caída de 2,5 puntos del PBI. Y en 2009, si no me equivoco, hubo una caída de 5 puntos. Por qué digo esto. Porque es el sistema económico argentino: es todo tan vulnerable y tenemos todo tan atado con alambres que tenemos una recesión cada tres años. Hay que construir una economía sana para, y lo que dijo no es una meta ambiciosa, tener recesiones con la misma intensidad y tan frecuentes como las que tienen Chile o Uruguay.

¿Cada cuánto tienen y con qué intensidad?

- Si vos tomás el período 1983-2015 y comparás dónde estaba y dónde terminó Argentina con respecto a Chile, verías que si hubiéramos crecido como Chile hoy tendríamos el PBI per cápita de Finlandia. Si no te gusta Chile como ejemplo, tomemos el país más parecido a nosotros: Uruguay. Si hubiéramos crecido esos 35 años como Uruguay, hoy tendríamos el PBI per cápita de España. Nuestra diferencia con esos países es no haber hecho lo que hicieron esos países durante esos 35 años.

¿Y eso se debe, según el latiguillo del gobierno y aunque se coincida o no, al “problema del peronismo”?

- No sé si el peronismo es un problema.

Digo porque lo repitieron mucho los mismos funcionarios del gobierno…

- El problema es que hay gente, entre la que no sólo se cuentan los políticos sino que uno puede meter empresarios, sindicalistas o líderes de la sociedad civil, académicos e intelectuales, que ha tenido visiones erróneas del mundo. Y en muchos casos se han buscado atajos de corto plazo para problemas que son difíciles de resolver.

No sé si tuvo oportunidad de escuchar a Cristina Fernández en la presentación de su libro en la Rural. Pero ella evocó, luego de reconocer que los argentinos y las argentinas “somos difíciles”, las palabras de Juan Perón por radio, antes del último discurso público que diera el 12 de junio de 1974. De lo que dijo sobre esa intervención de Perón, que se quejaba porque no se respetaba el pacto social de José Ver Gelbard, podría inferirse que en Argentina no respetaron los acuerdos ni con Perón…

- Ni a Perón le dieron bola… (Risas).

Claro. ¿Y por qué les darían bola ahora a Macri o Cristina?  

- No sé si pasa por ahí la cosa. Gran parte de la sociedad argentina cambió. Hay cuestiones demográficas: en 2015, casi el 50 por ciento de los votantes tenían 40 años o menos. Una generación prácticamente criada en democracia, mucho más conectada al mundo por internet y que hace que los puntos de vista parroquiales de Argentina sean mucho más difíciles de sostener. Contra los engaños, hay alternativas que uno puede verlas en su teléfono. Eso lleva a una Argentina más contemporánea y globalizada, donde la gente se siente más protagonista. Es parte del cambio social que impulsó Cambiemos y creo que es lo que hace que, a pesar de todas las dificultades económicas, Cambiemos vuelva a ganar las elecciones este año.

"Es parte del cambio social que impulsó Cambiemos y creo que es lo que hace que, a pesar de todas las dificultades económicas, Cambiemos vuelva a ganar las elecciones este año".

Se viene una campaña centrada en WhatsApp, según ha trascendido. Hasta donde se sabe, la estrategia de Cambiemos es que los mensajes los protagonicen ciudadanos de carne y hueso. ¿Responde eso a lo que alguna vez dijo Jaime Durán Barba sobre la idea de que el voto es de la gente y no de los dirigentes?


- Eso creemos que está muy claro. Cualquier persona tiene hoy muchas más opciones que las que tenía antes. Sus lazos de conexión con políticos o partidos políticos ahora son mucho más tenues de lo que eran antes. Es cada vez menos real la imagen de que el político es dueño de x cantidad de votos. Por eso, para nosotros, es tan importante la coherencia con los valores que representamos. No es que uno vota un candidato. Vota una serie de valores.

¿Y eso no redunda en un problema de representación o menos espesor representativo?

- ¿Por qué?

¿No empiezan a diluirse así las fuerzas partidarias y se eligen figuras que concentren esos valores?

- Depende de muchas cosas que impacte sobre los partidos políticos. También se puede imaginar que pueden tener un impacto positivo. En qué sentido. Un partido político que mantiene coherencia con respecto a sus valores y no busca acomodarse según la circunstancia, representa algo que la gente percibe. Muchas veces, las crisis de representación de los partidos políticos se deben a que esos partidos políticos se han desviado de los valores que decían representar.

¿Por eso, el surgimiento de los “ciudadanismos”?

- Y… sí.

¿Cambiemos y el kirchnerismo fueron eso, al menos en sus albores, considerando la crisis del 2001 y la implosión del PJ y la UCR?

- El kirchnerismo no me queda tan claro porque surge dentro del peronismo. La fuerza política más disruptiva que surge después del 2001 es el Pro, que es la que por primera vez considera la inclusión de los outsiders de la política. Eso fue una novedad y fue posible por la crisis de los partidos políticos en 2001.

Si efectivamente ganara Cambiemos, ¿se cerraría la grieta?

Habrá que ver. La mejor manera de terminar con la grieta es que ganen elecciones fuerzas que estén comprometidas con la democracia republicana y liberal. Claramente, si ganara el kirchnerismo, la grieta va a empeorar. Porque opera en una matriz donde uno se pone como único y auténtico representante del pueblo y, por ende, los que están del otro lado son enemigos del pueblo. Si vos tenés un liderazgo como Macri o Cambiemos, que si ganan una elección entienden que están en el gobierno de una manera coyuntural y entiende que hay otras visiones que representan al pueblo, la grieta se va licuando…

 "Claramente, si ganara el kirchnerismo, la grieta va a empeorar". 

¿No es poner toda la responsabilidad en el otro ese discurso, sin ponernos psicoanalíticos?

-En qué sentido…

¿Dicho así no pareciera que los únicos responsables de la grieta son los kirchneristas?

- A mí me parece bastante objetivo. Desde que ganó Cambiemos, tuviste una fuerza política que no quiso entregar el bastón de mando, habló de entrar en un período de resistencia y, ante leyes discutidas en el Congreso, fomentó disrupciones apoyando tipos que tiraban piedras en la Plaza de Congreso y es la única fuerza política que se niega a condenar al gobierno de Maduro y lo que está pasando en Venezuela. Me parece que está muy claro quiénes creen en la democracia como forma de conflicto y están incómodos con la democracia como forma representativa.

Pero no hay ausencia de conflicto en la democracia liberal, ¿no?

- Ok, Ok. Entonces, replanteo.

Sí.

- La democracia no es consenso pero sí es el conflicto dentro de un marco y unas determinadas reglas de juego. Y uno entiende que el otro también representa una parte de los intereses de la gente. Parte del kirchnerismo niega eso, por ejemplo, cuando habla del gobierno de Cambiemos como una dictadura.

¿La decisión de que Alberto Fernández sea el candidato a presidente no cambia nada?

- En primer lugar, que se haya bajado Cristina a vice es un signo de debilidad. Se dio cuenta que no ganaba. Y es muy sintomático todo: es la candidata a vice que anuncia su candidato a presidente. Es muy claro que la candidata es Cristina y no Alberto. Porque además es la que tiene los votos, no es que la gente vota a Alberto.

Pero esto se contradiría con la hipótesis de que los políticos ya no son dueños de los votos…

- Pero Cristina es alguien que se ha mantenido coherente con sus ideales. Por ende, el voto que tenía lo sigue teniendo. Cristina es alguien que representa algo, lo sigue representando, no ha traicionado ese electorado. De la misma manera que Cambiemos representa algo, y sus dirigentes han sido fieles con eso que buscan representar.