La pobreza, que había sido un tema de campaña en 2015, y que generó en su momento un debate en relación a sus formas de medición y de atención, hoy vuelve a estar en el centro de la campaña electoral. Sin embargo, desde diferentes espacios sociales, políticos y académicos, desde el inicio del gobierno de la Alianza Cambiemos, se ha alertado sobre las consecuencias de las políticas económicas y sociales sobre el conjunto de la población.

Desde una mirada macro, es innegable que la dinámica económica ha generado un marcado deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de las y los ciudadanos.  El aumento sostenido de la inflación, la caída del consumo, el cierre de fábricas y el aumento del desempleo y la subocupación, el aumento de los servicios y del transporte, tuvieron efectos destructivos en la capacidad de consumo de las familias, obligando a éstas a recurrir a estrategias de reproducción social de la vida de tipo de subsistencia. Desde una  mirada micro, debemos poner atención en las organizaciones sociales que han denunciado públicamente en diferentes oportunidades el aumento de personas, principalmente niños y adultos mayores, que deben recurrir a comedores comunitarios y a políticas de asistencia alimentaria. Esto no es nuevo en la Argentina, sino que una vez más, son las organizaciones de la sociedad civil en sentido amplio y plural, así como los gobiernos locales, los que en situaciones de crisis funcionan como malla de contención y acompañamiento de las familias y personas que no encuentran en las políticas del Estado nacional una respuesta.

La gran diferencia, quizás, radica en el aprendizaje realizado por las organizaciones sociales, quienes en esta oportunidad han decidido jugar en el marco de la política. Sin dejar de expresar masivamente y de forma contundente sus reclamos y demandas en el espacio público, las experiencias de articulación política con el poder legislativo y con otros actores como la CGT y la Iglesia, son claramente una diferencia con otros momentos históricos de nuestra vida política. La decisión de no apurar un cambio de gobierno vía conflicto social, si no de resguardar los resortes de la democracia, nos hablan de un aprendizaje y de una maduración respecto de los actores sociales. Un salto a la política, como muchas veces se les reclamó desde las expresiones partidarias

En todas las crisis y con cada punto de aumento de la pobreza e indigencia, miles de familias ven su situación socioeconómica y sus condiciones de vida deteriorarse de forma estrepitosa. La recuperación en cambio, puede llevar años. El rol de las organizaciones sociales, de la economía popular, de las organizaciones feministas y, fundamentalmente, del Estado en sus diferentes niveles, es imprescindible para pensar estrategias de atención, de acompañamiento y de superación de la pobreza. Su mediación entre el Estado y la sociedad, y  su capacidad de construir, organizar y canalizar en los territorios respuestas al deterioro de las condiciones de vida, desde la generación del propio trabajo a partir de los emprendimientos de la economía popular, hasta la resolución de las taras de cuidado y de reproducción de la vida como los comedores populares y los centros de desarrollo infantil, muestran su capacidad de innovación social, alejada de los clásicos esquemas de asistencialistas de la política social.

El desafío fundamental del nuevo gobierno estará centrado en resolver esta agenda del hambre, en un marco de desarrollo de un modelo productivo e inclusivo que permita construir estratégicamente una sociedad con todas y todos adentro. Para esto es necesario que la articulación entre el Estado y los movimientos sociales se fortalezca y consolide en una agenda de temas integrales y abarcativos de todos los problemas sociales que hoy nos atraviesan como sociedad.

*Doctora en Ciencias Sociales UBA - Docente Investigadora Área Estado y Políticas Públicas - FLACSO Argentina