La política exterior se caracteriza en múltiples ocasiones por vaivenes declamativos o relacionados a los compromisos internacionales de los Estados. En este sentido, podemos citar algunos cambios de la política exterior argentina a partir de la vuelta de la democracia. Estos han ido desde las llamadas “relaciones carnales” a la máxima de “Patria o Buitres”. Del alineamiento a los Estados Unidos al relacionamiento con países como Rusia y Venezuela, que propiciaban el advenimiento de un orden multipolar. Sin embargo, también sería en parte incorrecto catalogar a todo un gobierno bajo una única posición en política exterior, es decir, se pueden propiciar cambios dentro de una gestión. No se debe olvidar que el último gobierno de Cristina Fernández, al que Mauricio Macri acusó de “aislarse del mundo”, tuvo un giro en 2013 y 2014, cuando intentó volver a los mercados internacionales ante la necesidad de financiamiento, acordando con bonistas extranjeros y el Club de París en ese proceso.

Por su parte, es fundamental comenzar resaltando que la Presidencia de Alberto Fernández (AF) se enmarca en el contexto de importantes restricciones. Por ejemplo, mientras que el surgimiento del kirchnerismo contó con altos precios relativos de las commodities exportables; asimismo, con una convergencia regional progresista con presidentes “amigos” y la eclosión del movimiento de los BRICS, y una iniciativa conjunta de importantes países emergentes que intentaba proponer una alternativa a la arquitectura internacional, la realidad de AF dista mucho de ser como ésta.

Esta condición es por sobre todas una de las más determinantes para entender el accionar internacional del gobierno, que enfrenta una configuración del sistema internacional con una competencia cada vez mayor entre los Estados Unidos y China, y una economía y comercio internacional que no son favorables para un rápido despegue de la economía doméstica. Esto ha promovido dentro de la gestión la necesidad de mantener un cierto pragmatismo a nivel internacional. Es por ello que desde el inicio de la presidencia de AF, resultaba inverosímil pensar en una reedición de la política exterior sostenida en presidencias previas.

La renegociación de la deuda

Resta además mencionar otro condicionante, el más importante a corto plazo para el país, que deviene del plano doméstico. Este consiste en la necesidad de renegociar los pagos de la deuda externa con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y los bonistas privados, tarea que ha ocupado el foco de la diplomacia de Fernández, incluso previo a su investidura presidencial.

Así, antes de asumir la presidencia, Alberto Fernández ya había visitado Europa y había sumado avales en relación a la visión que sostenía sobre la economía del país. Luego, una vez electo presidente, volvió a Europa, aunque esta vez con una agenda bien definida en promover el apoyo de los líderes europeos de Alemania, España, Italia, Francia para la renegociación de la deuda que el país busca ante el Fondo. Esta diplomacia económica se viene realizando también con el propio organismo, principalmente a través de las gestiones del ministro de economía Martín Guzmán. Entre sus resultados se encuentra la declaración del FMI que, en consonancia con la posición oficial, afirmó que el país no podría afrontar su deuda a menos que se efectuase una reprogramación de sus pagos. Ahora bien, el frente más complejo para el gobierno actual reside en la negociación con los bonistas privados, tarea más acuciante ya que los vencimientos son próximos.

Identidad regional latinoamericana 

Por otra parte, más allá de los viajes con el objetivo primario en resolver la renegociación de la deuda, vale mencionar que el presidente argentino también visitó otros cuatro países. Los primeros tres fueron a países de la región y cercanos a su posicionamiento internacional. Ellos son Perú, Bolivia y México. Dichos viajes fueron una evidencia de la promoción de una identidad regional latinoamericana por parte de AF, que buscó dar una muestra a su base más ideológica de dónde realmente se encontraba posicionado a nivel regional, es decir, más cercano al Grupo de Puebla, y más lejano de Grupo de Lima. Esta situación da cuenta también de la necesidad de dar respuesta a un conjunto de las bases del Frente de Todos, que se encuentra identificado con Cristina Fernández, y cuyo sector, por ahora con un rol secundario en relación al delineamiento de la estrategia internacional, mantiene ciertas diferencias en relación al posicionamiento internacional que debe tener el país.

No obstante, como el Embajador argentino en Estados Unidos e influyente asesor presidencial, Jorge Argüello, mencionó oportunamente, el gobierno no solo busca relacionarse con países con identidades compartidas, sino también construir intereses comunes con otros Estados. Es así que, el país no terminó efectivamente abandonando el Grupo de Lima, aunque sí criticó la posibilidad que le otorgó a Estados Unidos para inmiscuirse en la región y también procedió a quitarle las credenciales diplomáticas a Elisa Trotta, quién fuera considerada por Macri como la embajadora de Juan Guaidó en la Argentina. Esta visión también se visualiza en la reducción de las tensiones con Brasil luego de las fuertes declaraciones cruzadas que se dieron al inicio del mandato de Alberto Fernández. Un acercamiento que de todas formas es frágil, y que no ha sido suficiente para generar una confianza tal que promueva que los presidentes hayan podido concertar una reunión bilateral.

El equilibrio en política exterior del gobierno también se evidencia en el discurso sobre el Mercosur, en el cual promueve una aproximación pragmática, frente a tres estados que favorecen un enfoque más abierto en relación al comercio que la gestión nacional, pero que sin dudas son aliados necesarios en el objetivo de incrementar las exportaciones del país. Por último, pese a tener enfrentamientos puntuales con los Estados Unidos por el posicionamiento en relación a Bolivia, así como disputas internas en la Organización de Estados Americanos en relación a la reelección de Luis Almagro, Alberto Fernández también procedió a visitar Israel. Ésta, más allá de la cita por protocolo para asistir al Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, fue una oportunidad para mostrar a los Estados Unidos que el país pretende conservar grados de autonomía en su política exterior, pero manteniendo ciertos marcos de convivencia con los norteamericanos y sus aliados estratégicos. Es que, de hecho, Alberto Fernández ya ha pronunciado la necesidad de contar con un mayor relacionamiento con China, vital para promover proyectos de infraestructura en el país -algunos de los cuales ya se habla que se retomarían este año - y acuerdos financieros para nutrir las reservas nacionales. Esta relación deberá ser manejada con peculiar cautela en función de la cada vez más notoria competencia geoestratégica entre Estados Unidos y China, particularmente hasta que se resuelva la renegociación de la deuda externa, que impone menores grados de autonomía ante el Tío Sam.

*Analista e investigador. Politólogo por la Universidad de Buenos Aires y actualmente se encuentra realizando el Máster en Política y Economía Internacionales en la Universidad de San Andrés. Twitter: @AMSchelp