En Argentina, el coronavirus dejó al descubierto el drama que se vive en muchas barriadas populares donde el hacinamiento, la falta de agua y condiciones de higiene, la desocupación, el hambre y la precariedad son casi una parte más de la cotidianeidad. Estas condiciones hacen muy difícil o prácticamente imposible el distanciamiento social, mientras que la situación económica del país en medio de la pandemia, profundiza la vulnerabilidad de muchas familias. 

El primer lugar donde estalló la situación fue en la Villa 31 de Retiro, cuando comenzaron a aparecer los primeros casos de COVID 19 y el barrio estuvo 12 días sin agua potable. Fue Ramona Medina, referente de la Garganta Poderosa, quien denunció incansablemente esta situación. Finalmente, Ramona misma contrajo coronavirus en ese contexto y falleció, tras permanecer tres días internada. Toda su familia también estaba contagiada. Días después de la triste noticia de su muerte, se sumó la de Víctor Giraco y del comedor “La Estrella de Belén”. 

Luego de que la vulnerabilidad de los barrios populares quedara al descubierto, se sumaron los casos de Villa Azul, ubicada entre las localidades de Quilmes y Avellaneda, y del barrio José Luis Cabezas, emplazado entre Berisso y Ensenada. En cada uno de estos lugares, se realizaron operativos sanitarios y de asistencia social por parte de los diferentes niveles del Estado, pero como dejó en evidencia la historia de Ramona Medina en la Villa 31, el rol de las organizaciones populares y barriales es fundamental en la lucha contra el coronavirus.

Desde el Diploma Superior en Organizaciones de la Sociedad civil de FLACSO Argentina,el Observatorio del Conurbano de la Universidad Nacional de General Sarmiento y el Centro de Estudios Urbanos y Regionales del CONICET están desarrollando un “mapeo colaborativo” de las organizaciones sociales y su actividad frente a la pandemia. La iniciativa propone “hacer visibles las acciones que están hoy desarrollando los espacios asociativos para dar respuesta a la crisis social y sanitaria que genera el coronavirus”. 

 Por su parte, desde el Observatorio del Conurbano realizaron un relevamiento sobre cómo se transita la cuarentena en los barrios periféricos de la región bonaerense y entrevistaron a más de cien referentes sociales. A partir de ello, pudieron identificar que la mayoría coincidía en una serie de problemas, que se habían profundizado a partir de la llegada del coronavirus al país. 

En primer lugar, la problemática más recurrente que resaltaron los referentes barriales fue la discontinuidad de los ingresos laborales de los hogares; en segundo lugar, la dificultad de acceso a la alimentación básica; luego, el agravamiento de la violencia machista; y en menor medida, el acceso a los servicios de salud.  Frente a estos problemas, es fundamental la intervención y acción del Estado a través de planes como el Ingreso Familiar de Emergencia, el Plan Detectar, la asistencia alimentaria mediante el Ministerio de Desarrollo a la Comunidad y los propios municipios. Sin embargo, en la mayoría de los casos, odas éstas tareas se desarrollan en coordinación con las organizaciones sociales de cada uno de los barrios. 

En ese sentido, se expresó Manuel De Battista, quien es director asociado dela Región Sanitaria XI y uno de los médicos que ha estado presente en los operativos de testeo en el barrio José Luis Cabezas, donde ya son más de 60 los casos confirmados. En diálogo con Diagonales, aseguró que “la labor de las organizaciones sociales es fundamental porque son quienes conocen el territorio, y en nuestro caso funcionan como nexo con los vecinos, nos acompañan por el barrio y nos guían incluso”

Por otro lado, Flavia Delmas, Subsecretaria de Políticas contra las Violencias del Ministerio de la Mujer, Políticas de Género y Diversidad bonaerense, también destacó el rol de las organizaciones sociales porque “generalmente son quienes acompañan a las mujeres en los barrios”. Por ello, desde la cartera que conduce la ministra Estela Díaz mantienen encuentros con distintas organizaciones y se trabaja con ellas en un material para la formación de acompañantes de víctimas de violencia de género. 

Lalo Vallejos, es un referente del Barrio José Luis Cabezas y dirige el Comedor Martincito de Porras. Para él, las tareas que desarrollan los movimientos populares son “fundamentales” y contó, en diálogo con este medio, que forman parte del Comité de Emergencia Social y que trabajan "en conjunto con el municipio y el Ministerio de Salud". En el caso del barrio ubicado en los límites entre Berisso y Ensenada, existen dos comedores y aunque por la situación sanitaria que atraviesan no abren  sus puertas, sí reparten viandas a las familias que lo necesitan.