En los últimos años el uso del término “economía popular” se ha vuelto frecuente. En particular desde la irrupción en el espacio público de la CTEP, cuya visibilidad se intensificó a partir de 2016 cuando se puso a la cabeza de la lucha por lo que luego sería la Ley de Emergencia Social, que incluía la creación de un Salario Social Complementario para trabajadores de la economía popular.

La CTEP ha tenido una enorme capacidad para hacer visible y definir los límites de un sector de trabajadores que emergieron de las transformaciones estructurales que operaron en el capitalismo en la década de 1970 y que en nuestro país se consolidaron en la de 1990. Sin embargo, economía popular es aún un término en disputa, y que encuentra al menos tres modos de ser construido/definido.

En primer lugar, puede considerarse el modo como lo ha hecho el mundo de la academia, que la ha pensado fundamentalmente como parte de un proyecto político emancipatorio que propone una alternativa al capitalismo y se sostiene en los principios de la solidaridad y/o el asociativismo. Y ha recibido el nombre de economía social. Estos principios construidos en los ámbitos de la academia han permeado el campo de la gestión estatal y encontraron sus ecos en muchas políticas públicas: Manos a la Obra, Argentina Trabaja, Ellas Hacen, Agua más Trabajo. En resumen, todas las políticas que se sostuvieron sobre la idea del microcrédito para emprendimientos productivos y las que promovieron el asociativismo y las formas cooperativas en las políticas de inclusión sociolaboral.

En segundo lugar, la economía popular puede ser entendida como el producto de una clase social, como la economía de las clases populares. Esta delimitación considera el modo como se resuelve el acceso a los satisfactores (bienes, tierra, vivienda, salud, educación, ingresos, financiamiento). Se pone así al hogar en el centro del análisis, ya que sin considerar el papel del trabajo doméstico y los intercambios al interior del propio hogar y con otros hogares no se podría dar cuenta de los modos como se accede a esos satisfactores.

En tercer lugar, del modo como lo hace CTEP: como un actor polìtico, fundamentalmente de carácter gremial. Desde esta perspectiva, la economía popular es la que encarnan los trabajadores que se encuentran fuera de las protecciones del trabajo asalariado, y específicamente los trabajadores precarizados sin patrón. Es el trabajo lo que los constituye en colectivo, aunque sus reivindicaciones excedan ese ámbito.

Nos detendremos en el segundo de los postulados, para profundizar algunos conceptos construidos en base a la información obtenida a partir de una investigación de la Universidad Nacional de Avellaneda iniciada en 2011 que continúa hasta la fecha, que brinda datos estadísticos ponderados de más de 16.000 hogares y 65.000 personas. Considerando la magnitud de esa muestra, se desprende un conjunto de hipótesis de carácter general. Se ha señalado que la territorialización es un rasgo que define los modos de vida de las clases populares y esto es cierto, pero no es un rasgo específico de estos sectores. Es propio de toda relación humana como nos muestra la realidad contemporánea, que nos recordó de manera dramática que la relación humana primordial sigue siendo cara a cara. Lo que es específico de las clases populares es que su economía es la que se inscribe territorialmente. En otras palabras, son sus modos de producir y acceder a satisfactores aquello que está fuertemente ligado a su inscripción territorial, en ella se ciernen nuevos modos de subalternidad y se constituyen formas nuevas de trabajo y obtención de satisfactores.

El territorio barrial se reconfigura como una matriz de oportunidades de acceso al trabajo y más en general a ingresos a través de las políticas sociales de transferencias monetarias cuyo peso para la economía de los hogares se acentuó y acrecentó desde 2009. Esta hipótesis nos invita a pensar que la economía popular está delimitada por un proceso de territorialización de las oportunidades para sus trabajadores.

Si atendemos a esta última delimitación, los barrios populares se constituyen en los territorios de indagación para dilucidar las especificidades de la economía popular, en particular para identificar los caminos que se abren para el futuro del trabajo de las clases populares. En ellos observamos la emergencia de formas de trabajo no clásico que vuelven a actualizarse frente a la coyuntura pandémica. Nos referimos especialmente a las formas comunitarias ligadas al cuidado, pero también a otras anteriores que surgieron de las bases de esta economía tales como la recuperación de residuos urbanos y aquellas que emergieron de las prefiguraciones de la política social y que fueron agenciadas y reformuladas en la cotidianeidad de los barrios. Una última hipótesis que sólo se esboza pero que de algún modo se desprende de lo dicho es que “informal” y “precario” son términos que no agotan la indagación acerca de las condiciones de trabajo ni las condiciones de vida de los hogares de la economía popular.

 

*Investigadora UNDAV – Profesora Facultad Ciencias Sociales de la UBA. En coautoría con Marcela Vio (Investigadora CONICET – Docente UNDAV)