Si, como suele decirse, “el juez habla por sus fallos”, Alejo Ramos Padilla volvió a utilizar cada una de las fojas de su última resolución –341, exactamente– para defender no sólo los argumentos con que lleva su investigación, sino la razón misma de que el expediente por la red de espionaje y extorsión permanezca en su despacho de la justicia federal de Dolores. Pocas veces en la historia judicial reciente un magistrado expuso de forma tan abierta en sus resoluciones los elementos probatorios reunidos y la lógica con que esas piezas se engarzan para sostener sus medidas. El juez parece saber que el peso de sus fallos es todo el respaldo que tiene.

En el documento emitido ayer, en el que amplió el procesamiento contra el abogado trucho Marcelo D’Alessio y dispuso la prisión preventiva de los ex policías Ricardo Oscar Bogoliuk y Norberto Aníbal Degastaldi, y del exAFI Rolando Hugo Barreiro, Ramos Padilla profundizó en tres grandes ejes: la responsabilidad de la Agencia Federal de Inteligencia que comanda el amigo presidencial Gustavo Arribas, la figura de la diputada nacional Elisa Carrió y el rol necesario de ciertos sectores encumbrados del periodismo.

Poca Inteligencia

En su resolución, el juez solicitó que Arribas, “de forma urgente, dé cuenta de toda la información producida en el marco de las posibles actividades de ‘contrainteligencia’ que pudieren existir sobre los procesados y/o la asociación ilícita aquí investigada”. También le pidió precisiones de “todas aquellas actividades u operaciones de dicha agencia en las que pudieren haber participado en cualquier carácter”.

Ocurre que el magistrado expuso una serie de razonamientos ciertamente incómodos para el gobierno nacional: “La actuación de D’Alessio fue tan pública –subrayó– que, al menos, debiera haberse activado algún mecanismo tendiente a averiguar si el nombrado pertenecía o no a los organismos con los que él mismo públicamente se identificaba”. Para Ramos Padilla, “resulta llamativo y hasta difícil de entender que esta circunstancia no despertara ninguna alerta de los organismos específicamente dedicados a desactivar y contrarrestar este tipo de organizaciones o personas”, por lo que, “al menos, ha existido una enorme impericia por parte de aquellos que debían controlar y evitar que organizaciones de estas características se desenvolvieran con total impunidad”. Incluso, alertó que “estaríamos en presencia de una particular y grave vulnerabilidad del Sistema Nacional de Inteligencia, tanto en lo que respecta a la Inteligencia Nacional como a la inteligencia Criminal”.

Son todas conclusiones que hacen foco en la tarea y las responsabilidades de Arribas, que cada vez aparece más expuesto.

Vocero real”

En uno de los documentos encontrados en la computadora de D’Alessio, en que el espía llevaba una suerte de resumen de sus actividades, bajo el título “5. Otros temas” puede leerse: “Conformación de pensamiento y acciones de Elisa Carrió. Vocero real de la señora”. La relación con la diputada chaqueña y su entorno es la línea que de forma más directa conecta la asociación ilícita que plantea Ramos Padilla con el mundo de la política, y nada menos que con una de las principales aliadas de la Casa Rosada en su cruzada judicial contra Cristina Fernández y el kirchnerismo en general. 

Para el magistrado, el archivo de texto que contenía este material–“Síntesis de investigaciones actuales”– “constituye un documento de relevancia probatoria, no sólo porque puede considerarse enteramente como ‘no contaminado’, sino porque parecería englobar diversas actividades de espionaje ilegal como una suerte de carta de presentación o currículum vitae del que D’Alessio, y demás miembros de la organización, podrían valerse para exhibir el contenido y resultado de sus operaciones”.

El nombre de Carrió está largamente diseminado en las escuchas recogidas en el expediente, donde D'Alessio suele presentarla como interesada o usuaria del material producido por él y su equipo, y ala vez, como un objetivo estratégico sobre el cual influir para que propale o impulse acciones específicas. El espía menciona a líder de la Coalición Cívica como una referencia compartida con sus diversos interlocutores. Abundan los ejemplos en las transcripciones de las escuchas: “Es de la línea de Carrió!! Una amiga!!”;“Ahh, al alto lo conozco. Lo conocí en lo de Carrió al alto. Sisisi, bueno listo, igual te grabo lo que pregunten o lo que sea. ¿Querés que baje línea de algo, diga algo? Porque Carrió lo que debe estar buscando es mierda de Arribas, o de la línea de Angelici o lo que sea”; “Carrió quiere meterse en el tema de lleno,¿viste?”.

En esas conversaciones, a “Lilita” también se la vincula con Daniel Santoro, ligado estrechamente a D’Alessio y principal figura periodística en este escándalo.

Los libros

 En el punto 4 de aquel mismo archivo de Word en que D’Alessio listabasus operaciones, bajo el título “De Vido, Baratta, Moyano y D’Elía”, puede leerse: “Tras avanzar sobre los dos ex funcionarios del Minplan sobre tema GNL, ahora nos encontramos realizando un libro de pronta publicación de editorial Planeta”. Según el espía, “a partir de la publicación, entendemos que un Juzgado Federal deberá citar al autor y sus fuentes que colaboraron en ‘ON’ para avanzar en una investigación”.

Para el juez, “no parece casual la aparición pública sistemática en diversos programas televisivos y la publicación de notas de opinión en medios gráficos por parte de Marcelo D´Alessio”, porque “de ese modo generó paulatinamente los vínculos estrechos y necesarios con periodistas especializados, con miembros de las producciones periodísticas y hasta con empresarios mediáticos”. En su resolución, el funcionario judicial también recordó que “la llegada masiva a la opinión pública es una herramienta necesaria y de enorme efectividad para realizar operaciones de acción psicológica”.

En el expediente ya figuran los testimonios de periodistas como Romina Manguel o Alejandro Fantino, panelista y conductor respectivamente del programa Animales Sueltos, emitido por América TV, y donde D’Alessio y Santoro compartían cámara.

Entre el material secuestrado al falso abogado en su vivienda está la elocuente carpeta “Operación Fantino”. En un informe dirigido aRB –probablemente, Rolando Barreiro– del 14 de noviembre de 2018, D’Alessio dio cuenta de una situación especial: “Habiéndome comunicado hoy vía WhatsApp con el periodista Daniel Santoro, con quien me une una amistad por haber escrito varios libros junto a él, me comentó su deseo de renunciar al ciclo Animales Sueltos”. Ramos Padilla estableció que “el motivo del informe era reportar los supuestos vínculos de los periodistas y desentrañar el modo en que se había organizado la reunión que había mantenido Alejandro Fantino con la ex presidente Cristina Fernández de Kirchner”. Según D'Alessio, Santoro, entre insultos al conductor del ciclo, le dijo: “No sabe que yo estoy alineado con Carrió. Yo me tengo que ir de ahí, Marce”.

La exposición de la pata periodística, otra de las novedades de la causa que tramita en Dolores, sigue siendo fundamental para el juez,que hace todas las aclaraciones del caso pero no deja de advertir sobre las posibles consecuencias. “Debo señalar, una vez más, que la actividad de los periodistas sin duda hace al sostenimiento del Estado de Derecho, la libertad de expresión y los valores democráticos. Sin embargo, en algunos casos puede ocurrir que la actividad de alguno esté concatenada con una maniobra previa de espionaje ilegal”, sostuvo. En ese sentido, remarcó que “será el conocimiento de tal circunstancia por parte de aquél que participa materialmente de este entramado el elemento diferenciador determinante para juzgar su responsabilidad penal frente al caso concreto”.