La quizá más aceptada definición de izquierda y derecha es la del teórico italiano Norberto Bobbio, para quien la izquierda se definía por su preocupación por la igualdad y la promoción de acciones estatales que reduzcan las desigualdades, aun cuando ello implique ciertas limitaciones al libre ejercicio de la propiedad privada y el derecho a los beneficios derivados de ella. La derecha tiene su mayor preocupación en la “libertad” de hacer con lo que es de uno lo que uno quiere y hacerse con los beneficios (o pagar los costos) de hacerlo así. El Estado debe orientarse a garantizar el máximo ejercicio posible de este derecho. A partir de tal definición, resulta claro que un campo político ordenado en fuerzas de izquierda y de derecha se configurará en términos de disputas (re)distributivas. Sólo carecería de sentido hablar de derecha e izquierda en sociedades dónde existiese una gran (aunque incompleta) armonía distributiva y dónde, salvo detalles, todas las fuerzas políticas estuvieran de acuerdo en no alterar el statu quo distributivo a través de las políticas estatales. Obviamente, no es esta la situación que vivimos en América Latina y la Argentina prácticamente desde el origen de las naciones latinoamericanas. Desde siempre y hasta hoy, el más importante componente de los conflictos sociales y políticos ha sido redistributivo: sectores sociales relativamente excluidos y/o perjudicados en la distribución de la riqueza nacional pugnando por mejorar su situación, y los sectores más o menos privilegiados resistiendo para sostener sus privilegios.

Pero, siendo esto así ¿por qué en la Argentina es tan extendida la opinión que los procesos políticos no pueden entenderse en base a la distinción izquierda-derecha? En primer lugar, cabe aclarar que no es una opinión extendida en el mundo académico, dónde todavía hoy resuenan los debates y argumentos que se dieron en torno al “giro a la izquierda” que se dio en América Latina, incluyendo a la Argentina “kirchnerista”, desde fines de los ´90 del siglo pasado y son hoy comunes los estudios y análisis sobre las “nuevas derechas” y su conexión con el neoliberalismo.

En la Argentina, más aún que en otros países latinoamericanos, se trata de una opinión, e incluso una especie de “no-identidad” más propia de buena parte los políticos y de los ciudadanos que rechazan identificarse como de (centro)izquierda o (centro)derecha, y a expresarse políticamente y a “leer” la política en estos términos. Son varios los factores que pueden ayudar a explicar esta reticencia. Sin dudas, uno de los factores más importantes es que el “lado izquierdo” de los conflictos redistributivos se organizó políticamente en un formato “populista”, el cual, entre otras características, tiene la de ordenar su discurso político en torno a la categoría “pueblo” antes que “izquierda” o los significantes asociados a la misma que son usuales en las retóricas más propias de los partidos marxistas. 

Desde un punto de vista comprometido con una visión izquierdista de lo social y político, este sesgo discursivo del populismo no es un problema serio. El populismo de izquierda es proclive a promover y generar cambios sociales igualitaristas relativamente profundos (no podemos tocar aquí el tema de los populismos de derecha, que tuvieron escasa presencia en América Latina hasta la sorpresiva irrupción de Bolsonaro). Es más, podría decirse que la única alternativa realista de izquierda en América Latina debe tener fuertes componentes populistas. Sin embargo, es la otra fuerte razón de las “no-identidades” de izquierda-derecha la que es una fuente de peligro serio para una real alternativa de izquierda. Se trata de la presencia de amplios sectores “medios”, decisivos electoralmente y que, desde un punto de vista estrictamente electoral, sólo pueden ser captados a través de un discurso muy moderado, de “centro”, que implícita o explícitamente niega la oposición izquierda-derecha. 

No quiero sugerir que ganar elecciones no sea central y que, por ende, captar a los sectores medios o independientes no deba ser un componente clave de cualquier estrategia política de izquierda realista. El riesgo es que esta estrategia obture la posibilidad de acciones estatales sustancialmente redistributivas que fueron la marca de nacimiento del populismo de izquierda argentino. Si ese fuera el caso, la derecha habría ganado su “batalla cultural”, y a partir de ese momento sí carecería de sentido hablar de derecha e izquierda en la política argentina.

*Doctor en Ciencias Sociales por Flacso-Argentina. Profesor titular de Teoría Política, Democracia y Estado en Argentina en la Universidad Nacional de Córdoba y profesor/investigador en Unidad Asociada CONICET de la Universidad Católica de Córdoba. Recientemente publicó (junto con María Soledad Segura y Guillermo Vázquez) el libro “Pasaron Cosas: política y políticas públicas en el gobierno de Cambiemos” editado por la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC-Editorial Brujas.