En un escenario nacional en donde un tuit es un hecho político, el presidente de la Nación, Alberto Fernández en cadena nacional tuitera, afirmó “Estamos regresando al país tras una gira muy productiva. Hemos alcanzado los objetivos que nos habíamos fijado. Contamos con el apoyo de los líderes en la negociación de la deuda que heredamos y con la comprensión del FMI en relación a la difícil situación que vive el país”.

Ante esta afirmación ¿ha sido productiva? ¿Cuál es el rumbo de las relaciones internacionales de este gobierno neoperonista albertista-kirchnerista? ¿Contamos con el apoyo de los líderes? ¿De qué manera?

La gira estuvo acompañada por el canciller, Felipe Solá; el Ministro de Economía, Martín Guzmán; el Secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello; el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz; el Secretario de Culto, Guillermo Oliveri; la ministra de Justicia y Derechos Humanos, Marcela Losardo; el Secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi y Fabiola Yáñes, Primera Dama. Todo, como la Argentina “estaba condenada al éxito”[1].

La comitiva fue al Vaticano, Italia, Portugal, Alemania, España  y Francia, con la intención de iniciar la renegociación del pago con el Club de París por unos 2.400 millones de dólares, que vence el 30 de mayo y el refinanciamiento de los 45.229 millones de dólares de deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI). 

Los argentinos (perdón los habitantes de las grandes ciudades) como el porteño presidente, nos creemos el centro del mundo. Así consideramos que el mundo espera nuestros movimientos. Lo cierto que Argentina tiene graves problemas de inflación, problemas económicos estructurales, falta de crecimiento. Y si Argentina estornuda, nadie se resfría.

Más aún, América Latina a lo largo del último siglo perdió posiciones en todos los indicadores de relevancia disponibles: proporción de la población mundial, peso estratégico, volumen comercial, proyección militar y capacidad diplomática.

En este contexto, Alberto Fernández fue a pedir acompañamiento al Sumo Pontífice y tuvo que explicar los motivos de la aprobación de la ley del aborto. El Presidente confesó sus pecados, los 25 minutos que duró la reunión y su frialdad no conformó a la comitiva. Con cosas parecidas se encontró en los demás países. La gira puede resumirse en: mucho apoyo testimonial, pero poco acompañamiento real. El gesto del presidente, de mostrarse como un estadista, quedó trunco. 

Argentina debe enfrentar en el corto plazo un posible default con el Club de París, en medio de la campaña electoral para las primarias del 12 de septiembre. El Ministro Guzmán está bien visto en el exterior, pero paradójicamente, es cuestionado por el Instituto Patria, más preocupado por la coyuntura que por lo estructural, para la línea dura es “un delegado del FMI”. Al mismo tiempo, el PBI se achicó un diez por ciento sólo durante el año pasado y éste necesita crédito para poder reactivar la economía.

Una de las reuniones más importantes que tuvo el presidente, fue con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, en donde se esperaba algún pronunciamiento específico de cómo podrían encarrilarse las negociaciones. Si bien el encuentro duró una hora y media y fue caratulado de “positivo”, eso no ocurrió. El Ministro de Economía está como salame de sándwich, entre el kichnerismo y el albertismo. La política internacional; entonces, está viciada de pujas de Unidades Básicas. 

En este contexto, el canciller Felipe Solá cuestiona al Estado de Israel sin nombrar al grupo terrorista Hamas. En este contexto, el presidente de la Nación dice que en Venezuela, la violación de los Derechos Humanos quedó en el pasado.

La política exterior argentina de Alberto Fernández es ambivalente, sin relaciones carnales, ni política internacional sólida y con expresiones de buena voluntad. Guzmán y el Presidente con buena voluntad, en un país donde las expresiones de deseo parecen no alcanzar. Y lo peor, en un mundo que no nos observa.


*Lic. En Ciencia Política. Docente e Investigador de la UBA/USAL/UAI. Autor de varios libros sobre  Sistemas Electorales. Twitter: @GusGonzalezok

 [1] Frase realizada por el ex presidente Eduardo Duhalde.