El gatopardismo al revés, que cambie algo para que todo cambie

El entonces candidato a presidente Daniel Scioli, en el marco de la campaña del 2015, había planteado la multidireccionalidad del concepto cambio y advertía a los argentinos que el cambio podía ser algo negativo, no sólo positivo como pretendía el mismo nombre de la fuerza que entonces lo enfrentaba: Cambiemos. En ese momento, una mayoría circunstancial creyó que el cambio de fuerza política en la conducción del Estado argentino, presuponía solo un cambio de “formas” y no de “contenidos”. La realidad fue otra, se cambió un modelo de cuidado del mercado interno y la producción, a un modelo de apertura indiscriminada, lo cual destruyó fuentes de trabajo en forma sistemática. Los votantes, votaron para garantizar una alternancia y no un cambio de forma de vida. Y la vida cambió, de repente nadie más llegó a fin de mes.

La construcción de nuevas mayorías

Al ritmo en que el Frente de Todos reclutaba literalmente a todos, el PRO y su nuevo-viejo andamiaje Juntos por el Cambio sigue insistiendo en la grieta. Por decirlo de otro modo, sigue insistiendo en una fórmula que le sirvió en la elección pasada, en la que el electorado creyó que Cambiemos implementaría un programa de “limpieza” a la suciedad que presuponía el peronismo. Por suciedad se entiende: prepotencia, agresividad, corrupción, desprolijidad. Pues bien, por un lado Cambiemos no modificó ninguna de las “suciedades” que le reprochaba al kirchnerismo  y por el otro, transformó el proyecto de país que dijo que iba a mantener.

Piensa que con el discurso de la grieta y la diferencia entre “limpios” y  “sucios” podrá dividir la sociedad a su favor. Esa táctica solo le sirve para fortalecer a la minoría que se ve representada y puede vivir del programa que el gobierno de Mauricio Macri le propone a los argentinos. Las grandes mayorías, las que padecieron los cambios estructurales del PRO, votaron en contra de la grieta, o mejor dicho, de la minoría que está en el gobierno y que quiere la grieta. 

El Frente de Todos no dejó en ningún momento de construir nuevas mayorías, convocó a todos los lastimados por el gobierno y propone dos cuestiones sensibles y necesarias para los argentinos: industria y empleo, que presuponen atacar de frente a la pobreza y el hambre.

Todos abandonan el barco

La última elección de Mendoza lo demuestra, nadie puede ganar una elección, embanderado atrás de Juntos por el Cambio. Es decir, todos los que pretenden revertir la paliza de las PASO lo hacen ocultando su pertenencia a la fuerza del presidente Mauricio Macri. Es que la Argentina que nos hereda Juntos por el Cambio, es la peor Argentina que un gobierno le puede dejar al gobierno que lo sucede. Por eso, el “milagro” hoy en día es más que las candidaturas de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal no pierdan por menos del 30 por ciento del electorado, o quizás que el PRO no pierda Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Pero al mismo tiempo  el futuro parece mostrar que ya no habrá juntos en Juntos por el Cambio. 

Las diferencias en el Frente de Todos

¿Es posible que en un Frente de Todos no haya diferencias? Es la pregunta que habría que hacerle a todos los columnistas que en la actualidad, y convencidos de que el resultado de las PASO es irremontable para Cambiemos, se ocupan de los futuras disputas del Frente de Todos. La diversidad de sectores sociales, de ideas políticas, de programáticas de posible aplicación que incluye el frente encabezado por Fernández – Fernández  podría hacer que después de las elecciones dicho frente se parta en mil pedazos.  

En realidad, la situación que atraviesa la Argentina necesita de la mayor cantidad de sectores, que aporten a un proyecto diverso. Hay un acuerdo general que presupone apostar a la industria y al mercado interno, sin dejar de lado al sector agropecuario, incentivando las exportaciones con valor agregado. Ese acuerdo marco engloba a todos los sectores, sindicales, sociales, empresarios, religiosos que acompañan este proyecto. Es que el posible gobierno del Frente de Todos  no pretende una tranquilidad ficticia,  sabe que en ese rumbo general hay diferencias, sobre como industrializar la argentina, o como aprovechar los recursos del agro, o cómo encarar la explotación de vaca muerta, pero esas distancias no presuponen una debilidad, sino una fortaleza.

No es una “bolsa de gatos” como parece deducirse de las lecturas de algunos analistas políticos, sino, más bien,  una voluntad diversa que quiere salir de la crisis en la que el Gobierno de Mauricio Macri hundió a la Argentina. Todo parece encaminarse a años turbulentos, pero con proyectos estructurales comunes, por parte del Frente de Todos. 

 

*Licenciado en Sociología, Doctorando en Ciencias Sociales, Docente de la UBA. Columnista en Rompiendo Moldes, AM 530 Somos RadioTwitter:@Pablolopezfiori