La fragilidad del acto electoral

Una de los principales funcionarios del gobierno anterior me cuenta una anécdota sobre las elecciones del 2015: estando de  viaje por China la diplomacia de la Republica Popular no podía entender como en las elecciones la opción podría ser entre Scioli y Macri, sabiendo la diferencia profunda entre los proyectos de país de ambos candidatos. Los chinos no vieron el debate presidencial pero sabían que si ganaba el candidato de la entonces oposición, Mauricio Macri, el país viraba a un proyecto de 180 grados diferente. La fragilidad de la Argentina es justamente que la grieta divide dos países posibles y contrarios entre sí: uno que no cree en las posibilidades del Mercosur y quiere comerciar con un mundo sin trabas, piensa en lo caro de la mano de obra argentina, en la necesidad de inversiones extranjeras y exportar productos que el mundo pida sin interesar si genera trabajo para los argentinos; y el otro proyecto que cree que para integrarse a la economía mundial primero hay que fortalecer el Mercosur, que los salarios sean altos para aumentar el mercado interno, que hay que re direccionar la riqueza producida en el país  para industrializar la economía, y que exportemos con valor agregado.  En una elección en la que hay un mes para la campaña de las PASO, otro para la campaña de Octubre y otro para el ballotage, nunca hay mucho tiempo para explicar estas diferencias.

La tenacidad del oficialismo

El oficialismo tiene un modelo de país pensado hacia afuera, la primera opción que describíamos más arriba. Dicho modelo en la actualidad es puro ideologismo, porque en esta coyuntura no puede ser implementado, porque no hay inversiones productivas en el mundo, porque los que nos compran tratan de comprarnos lo menos posible, y por qué no se puede abrir la economía indiscriminadamente en un mundo que está en plena batalla comercial entre los gigantes. Por eso los resultados son los que vivenciamos todos los días: pérdida de empleo, caída del salario, tasas de interés anti productivistas, devaluación e inflación galopante. El PRO, como fuerza hegemónica de la alianza Cambiemos, se aleja día a día de la simpatía de los argentinos, y con el fanatismo que lo caracteriza parecería que va directo a “chocar la calesita”, como reza el dicho popular.

La oposición fragmentada 

La mayoría de las críticas al gobierno actual se dirigen a su descuido de la economía, a la bicicleta financiera y a la destrucción día a día de las empresas y del empleo.  Todos coinciden que hay que reactivar el mercado interno, que hay que renegociar la deuda con el fondo, y atacar de lleno la pobreza que se incrementa día a día al ritmo de la alta inflación. No parece haber grieta en el proyecto alternativo al PRO, solo matices. Es más, solo entre esta oposición, y no con el PRO, podría darse algo así, como un  pacto de la Moncloa. Porque el famoso pacto que se dio entre las fuerzas políticas y sociales de la España post franquista fue posible porque las mismas coincidían en un proyecto de país a largo plazo. Como remarcamos más arriba, el PRO en particular, tiene un proyecto de país diametralmente distinto al que puede querer, por lo menos en sus discursos verbalizados, Cristina Fernández, Roberto Lavagna o Sergio Massa. Por eso, ninguno de ellos puede participar de la mesa que el gobierno quiso convocar para definir diez puntos programáticos para el futuro. Solo puede haber pacto entre proyectos similares, no diferentes.  Por eso mismo, la oposición debería poder mostrar unidad en este marco, quizás construyendo una gran PASO,  y si los diferentes liderazgos no lo permiten, construir una carta de intención sobre el proyecto de país y las medidas necesarias para salir de la crisis, aplicadas por cualquiera que sea el o la que gane las elecciones.

La incertidumbre de los argentinos

Mientras que el oficialismo siga ofuscado en ese proyecto de país irrealizable ( por lo menos como proyecto de país para todos los argentinos) y la oposición no logre un marco de unidad,  por los menos programática, que defina el destino de la Argentina en los próximos 4 años, la incertidumbre crecerá entre el electorado. A los desmanes que día a día se dan en materia económica, se suma la no visualización de una salida política a la misma. Las mayorías quieren un cambio ahora, pero los tiempos electorales parecen lejanos en relación a esas expectativas. Nuevamente, como en el 2015, parece que la Argentina se enfrenta entre dos proyectos irreconciliables. La sensación de que todo puede pasar es pésima para mejorar los ánimos de los argentinos. 


*Licenciado en Sociología, Doctorando en Ciencias Sociales, Docente de la UBA. Twitter:@Pablolopezfiori