Hacia fines de la década del ‘80, Argentina atravesó una crisis inflacionaria debido al fracaso del plan austral. Producto de esto, se estableció un plan de convertibilidad, el cual fundamentalmente consistía en un tipo de cambio fijo en la relación un peso-un dólar (aunque inicialmente era un dólar por 10.000 australes). El objetivo principal del mismo era generar confianza en la moneda nacional atándola a la divisa norteamericana.

El importante ingreso de capitales desde el inicio de los ‘90 generó una mayor disponibilidad de recursos, lo cual tuvo como consecuencia un incremento de la demanda agregada. Esto solucionó, en lo inmediato, la restricción externa experimentada durante la década anterior. La dinámica de este proceso generó una demanda mayor a la oferta y, por lo tanto, se necesitó importar bienes. El mayor incremento de las importaciones por sobre las exportaciones, sumado a los ingresos de capitales antes mencionados en concepto de préstamos e inversiones, dio como resultado un saldo negativo en la cuenta corriente. Se conformó un mecanismo por el cual se necesitaba un ingreso continuo de capitales provenientes del exterior para que la economía funcione, lo cual generó un incremento significativo de la deuda externa, de activos en manos de los extranjeros y, por lo tanto, de grandes pagos de intereses y salida de utilidades hacia el exterior.

Con el transcurso del tiempo aparecieron limitaciones, como el tipo de cambio atrasado, y comenzaron a agotarse las privatizaciones y los recursos que estas generaban, dando como resultado la reaparición del déficit fiscal. Con un riesgo país en alza, el financiamiento era cada vez más difícil y caro. La desconfianza de la gente se acrecentó y comenzó el retiro de los depósitos del sistema financiero. Al producirse corridas de esas características, fue técnicamente imposible para los bancos devolver en el corto plazo las sumas depositadas.

Luego del colapso del régimen de convertibilidad, surge un proceso de industrialización mediante un modelo ensamblador basado en tipo de cambio real alto, RTI favorables, capacidad ociosa y tasa de interés en baja, lo cual generó un incremento significativo en las exportaciones y disminución en las importaciones. Esto se pude ver en el desempeño de la cuenta corriente en el periodo 2003-2007.

Ante un contexto de creciente demanda, se comenzaron a incrementar los precios y se atrasó el tipo de cambio real. El modelo encontró su límite estructural en la restricción externa (restricción común del crecimiento latinoamericano), dando lugar a los ya conocidos ciclos de stop and go.

El desequilibrio comenzó con el deterioro de la cuenta corriente durante 2008, en medio de la crisis internacional, generando como consecuencia una pérdida de competitividad. La falta de cambios en la matriz productiva redujo los excedentes comerciales logrados en los primeros años.

Con el agravamiento del sector externo durante 2011, se implementaron las siguientes medidas: restricción a las importaciones bajo licencias no automáticas de importación, declaraciones juradas anticipadas, y requisitos de facto para compensar importaciones con exportaciones. Además se instauró un cepo cambiario ante la creciente demanda de divisas para evitar disminuciones de las reservas internacionales del BCRA.

Dichas medidas no fueron suficientes para frenar la caída de reservas y el deterioro de la cuenta corriente. La respuesta del gobierno fue la devaluación de 2014 y un cambio en la política de desendeudamiento, ya que se buscó resolver el persistente desequilibrio a través de la Inversión Extranjera Directa. A su vez, el contexto de caída de precios internacionales de los principales productos exportables y la brusca caída de reservas de 2015 (4.933 millones de dólares) no lograron estabilizar la situación macroeconómica.

La llegada de Macri al poder (2015) se da en un contexto de alta inflación, cepo cambiario, déficit fiscal y de cuenta corriente, entre otros problemas. Algunos de sus objetivos fueron:

  • Insertarse en el mundo, para lo cual se generaron rápidamente condiciones de rentabilidad y seguridad para el mercado mediante la desregulación y la liberalización comercial, sumado al acuerdo con losholdouts.
  • Crecimiento económico en parte explicado por inversión desde el extranjero.
  • Implementación de un tipo de cambio flexible. 
  • Ingreso de divisas, lo cual se lleva a cabo a través de la reducción de las retenciones a las exportaciones, la devaluación del tipo de cambio y el blanqueo de capitales.
  • El objetivo anterior a su vez es un medio más para el aumento de las reservas de divisas, sumado a los crecientes créditos del sector externo, que en parte fueron destinados a reservas.
  • Por último, aunque no menos importante, la reducción de la inflación, para lo cual se implementó un régimen de metas de inflación en conjunto con la tasa de política monetaria y los instrumentos de esterilización.

Si bien estos fueron los objetivos, al analizar la coyuntura actual podemos ver que la devaluación de 2015 no incrementó las exportaciones como se esperaba, tanto por factores climáticos como por especulación de los productores. Por lo tanto, la cuenta corriente continúa presentando un saldo deficitario debido al gran nivel de importaciones. Tanto este déficit externo como el fiscal se ven financiados por los créditos del sector externo tomados por la actual gestión.

 Por otro lado, en un primer momento, el incremento de las tasas de interés inició un lento proceso de reducción de inflación, lo cual generó una contracción en la actividad económica. En busca de un mayor crecimiento económico, se redujeron las tasas de política monetaria a fines de 2017.

 Esto terminó generando un incremento en el tipo de cambio y, meses después, sumado al incremento de la tasa de interés de Estados Unidos y la implementación del impuesto a la renta financiera, se produjo un proceso de fuga de capitales. Como resultado, se elevó el tipo de cambio significativamente en pocas semanas, obligando al BCRA a intervenir en el mercado cambiario sin mucho éxito y a costa de una reducción de un gran volumen de sus reservas. Esto, sumado a expectativas desfavorables respecto de la próxima renovación de LEBAC y la creciente vorágine por el precio del dólar, llevaron a Argentina a negociar un crédito con el FMI, considerado por muchos un prestador de última instancia, en busca de aumentar las reservas de divisas.

 Como conclusión, si comparamos la situación económica actual con la vivida en el 2001, podemos encontrar tanto similitudes como diferencias. Con respecto a las primeras, cabe destacar la presencia tanto de déficit de cuenta corriente como fiscal. Para financiarlo, tenemos una fuerte dependencia del crédito externo. Al aumentar la deuda externa también lo hace el riesgo país y, por lo tanto, se incrementa la tasa de los préstamos del extranjero.

 En cuanto a las diferencias, podemos comenzar por destacar el tipo de cambio real atrasado, aunque la situación es muy diferente a la del 2001, donde el atraso llevaba varios años. En cambio, si bien hoy en día hay un cierto atraso, es mínimo. Otra diferencia es el hecho de que actualmente no ocurren corridas bancarias. Además, el déficit fiscal todavía puede ser financiado vía emisión o crédito, situación que en el 2001 se hizo imposible. La diferencia fundamental radica en el tipo de cambio utilizado, porque durante la convertibilidad, al haber tenido tipo de cambio fijo, se resignó la política monetaria, instrumento clave no solo para moderar la inflación, sino también para regular el tipo de cambio.

Se puede pensar que la crisis actual es una crisis cambiaria, debida principalmente a expectativas. El peor escenario posible podría ser aquel en el que el dólar suba, bajen los salarios, se acelere la inflación y crezcamos menos. En cambio, en 2001 se vivió una crisis cambiaria, bancaria y fiscal.

 

*Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de General San Martín (UNSAM). Artículo en colaboración con Santiago Dedomenici, Maximiliano Jauck y Nicolas Pabis. Twitter: @unsamoficial; @eeyn_unsam;@EnriqueDentice