Las nuevas generaciones implican una manera novedosa de vivir el ciclo de la vida. Efectivamente, despliegan prácticas vinculadas a la vida en sociedad, sus consumos, la relación con las instituciones, la formas de vivir el género y la sexualidad o el sentido otorgado a los estudios y el mundo del trabajo diferentes a las de sus precedentes.

Intentemos desglosar estos procesos. Las nuevas generaciones transitan por el mundo desprovistas de las certezas de antaño, se enfrentan a un nuevo escenario social carentes de soportes que permitan, de manera simultánea, disfrutar del ciclo de la juventud y garantizar su emancipación. En consonancia con este punto, observamos una paradoja: el incremento de las tasas de escolarización no se traduce necesariamente en la disminución de las brechas de desigualdad. En distintas investigaciones hallamos la importancia que adquiere en su trayectoria el tipo de escuelas donde estudiaron, la construcción de distintos sentidos sobre la educación o la misma idea de qué es ser ciudadano/a. Seguramente la posibilidad de imaginar un futuro sea uno de los indicadores más importantes para comprender las desigualdades.

Estos procesos impactan de diferentes maneras en las formas de hacer política y de pensar el espacio público. Por un lado, porque las relaciones inter-generacionales y la construcción de ciudadanía, atraviesan profundas mutaciones. Las relaciones entre generaciones se encuentran signadas por similares incertidumbres. No hay puntos fijos, referencias claras, interacciones definidas por marcos concretos. Seguramente estamos exagerando un poco el diagnóstico, pero los cimientos sobre los que se construían estos vínculos van modificándose sin que contemos aún con una arquitectura institucional novedosa. El tipo de vínculo estudiantes-docentes, y con él la posibilidad de reconocer derechos, pero también de pensarlos como efectivos, adquieren diferentes formas “depende” con quien sea (alguien copado / alguien que no los escucha). Por otro lado, y quizás de modo más notorio, estamos ante el desplazamiento en las prácticas políticas: años atrás pasaban fundamentalmente por poner el cuerpo -en las marchas y cortes de ruta de los años noventa y dos mil predominaban rostros masculinos, adustos, sufridos- con una mayor visibilidad de las mujeres en ámbitos de gestión y cargos electivos, de grupos LGBTQ, de activistas que pueden participar de diferentes acciones y reclamos sin construir un lazo de identificación permanente o de grupos juveniles que adscriben a algún tipo de agrupación sin por eso participar activamente de dinámicas partidarias.  Asimismo, las y los jóvenes colocaron en el centro de la escena a los reclamos sobre cuestiones de género y sexualidad, como las que hicieron hincapié en las regulaciones sobre la vestimenta que llevan las estudiantes en sus escuelas, por el cumplimiento de la Ley de Educación Sexual Integral hasta la discusión sobre la Ley IVE en 2018, como se manifestó notoriamente en las movilizaciones a favor, aunque también en quienes se oponían.

Ahora bien, dichas cuestiones producen nuevas tensiones, intentos de algunos sectores por preservar jerarquías así como el debilitamiento de las solidaridades intrageneracionales, como ocurre con la discusión sobre la baja de la edad de punibilidad. Las posibilidades de plantear demandas y de reclamar la capacidad para incidir en la agenda pública también se encuentran atravesadas por la desigualdad. Posiblemente en las próximas elecciones “la juventud” esté presente en los discursos, veamos rostros jóvenes como candidatos, pero existan menos posibilidades de construir políticas considerando sus propias definiciones sobre los problemas. Los últimos años son, en definitiva, tiempos de grandes cambios y emergencia de heterogeneidades en las identidades, reclamos y demandas como expresión de transformaciones culturales más amplias.

*Doctor en Ciencias Sociales (UNGS/IDES) e investigador adjunto del CONICET con sede en el Área Educación de la FLACSO Argentina. Director Académico del Doctorado en Ciencias Sociales de la FLACSO Argentina. Docente de grado en la Universidad de Buenos Aires.