Roberto Funes Ugarte, conocido popularmente como “Robertito” se ganó el respeto y el cariño de la sociedad argentina por sus diferentes trabajos en los medios de comunicación, sobre todo por su labor como movilero, donde no solo les lleva información a los televidentes, sino que trasmite alegría con sus coberturas.

Robertito, recibió a Diagonales en su casa, pasó por el Íntimo y no dejó temas sin tocar. Habló de su infancia en Mendoza, la ausencia de su padre, los comienzos en el periodismo, sus viajes por diferentes partes del mundo y su regreso al país, ¿está arrepentido?

Además, explicó cómo es el día a día en C5N, donde los empleados durante los últimos dos años cobran el sueldo en cuotas a mes vencido. Además, comentó que es una persona que disfruta de estar en su casa, en soledad y con sus perros, lejos del ruido.

Sin esquivar preguntas, criticó a la gestión de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal; las políticas de estado y manifestó que a la sociedad le cuesta vivir en este país. A su vez, confesó que está esperando con ansias las elecciones de octubre, pero no detalló quién sería su candidato para ser nuevo mandatario del país.

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¿Cómo estás hoy?

-Estoy en un momento importante de equilibrio en mi vida. Hace muchos años que vengo trabajando, hace como 20 años que no paro, no sé lo que es tener vacaciones. Posiblemente cuando voy a hacer las temporadas a Punta del Este siempre me tomo mis días; pero la cabeza tiene que descansar y no logro hacer el descanso que se necesita.

“Manejo algo muy difícil que son los tiempos”.

Lo positivo es que manejo algo muy difícil, que son los tiempos. Hoy no te digo que soy dueño de mis tiempos, porque obviamente dependo de otra gente siempre, pero estoy en una situación de tranquilidad y con muchas ganas de hacer cosas.

Si te pregunto por la infancia. ¿Qué recordas?

-Lo primero que se me viene a la memoria es el olor a Jazmín de la casa de mis abuelos, en Mendoza y el ruido de las pulseras de mi madre. Ella usaba pulseras que le hacían mucho ruido y cada vez que ella venía a trabajar cuando éramos chicos, nos poníamos contentos porque de lejos nosotros escuchábamos que venía.

“Mi infancia fue solitaria, difícil, dura. Mi padre nos abandonó a mi mamá y sus tres hijos”.

Mi infancia se desarrolló en la finca que tenía mi abuelo, íbamos mucho con mis hermanos. Fue solitaria, difícil, dura, pero más que nada la adolescencia, porque ahí es cuando mis padres se distancian, en realidad mi padre nos abandona, a mi mamá y sus tres hijos, entre ellos yo, que era el mayor. No fue una buena etapa, tenía ocho o nueve años, tengo vagos recuerdos. Pero no fue catastrófica, sí solitaria.

¿Quedan algunos rencores de ese momento de la vida?

-No. Yo no soy un tipo rencoroso, por suerte. Pero tampoco me olvido. No voy a decir la famosa frase que usa una conductora de televisión (risas). El rencor, no te ayuda en nada, te hace pésimo, la gente se muere con rencor y no soluciona nada. Por suerte no lo tengo, tampoco siento envidia. Tendré unos defectos muchos más graves seguramente.

Sabemos que viviste en varias partes del mundo. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Toda esa experiencia de tantos viajes y lugares donde viví, montaba mis casas, las levantaba así fuese un departamento chiquito, un piso o un cuarto donde compartía un departamento con gente, siempre fue a mí manera. Es más, en mi casa, hay cada cosa de allí. No es un cumulo, es un lugar, de cada lugar del mundo aquí en mi casa.

“Siempre fui muy casero. Aunque la gente piense que no, me gusta la soledad”.  

Viví en México, Madrid, Barcelona, Suiza, Estados Unidos y también estuve en Japón. Siempre trabajando y viajé por todo el mundo gracias a dios. A veces llegaban días que ni me acordaba donde tenía que estar, me levantaba, estaba en un hotel, iba a un aeropuerto y así en viceversa. Ahí perdí ese encantó, que siempre fui muy casero, aunque la gente piensa que no, pero me gusta la soledad, estar en mi casa con mis perros y tranquilo. Sin bullicio y en silencio.

Si bien en el exterior trabajaste en los medios. ¿Tuviste alguna otra labor?

-Si claro. En Barcelona, cuando me fui en el año 2000, trabajé como animador de una colonia de verano en un camping que se llamaba “Ballena Alegre”. Yo animaba a los chicos de la colonia a hacer gimnasia, los llevaba y a la noche hacía un juego con la gente que estaba allí. Porque era gente que venía del norte de Europa y acampaba en la Ballena Alegre. Hoy cerca de ese lugar es la casa de Lionel Messi.

Viendo la Argentina que estamos transitando hoy. ¿Te arrepentís de haber vuelto?

-Sí, me arrepiento. No me tendría que haber vuelto. El “hubiese sido”, el “hubiese hecho”, para mi vida no va, el potencial no va para nada. Yo me tendría que haber quedado en México, no haber regresado a la Argentina porque la verdad que fue una estupidez regresar, lo hice porque pensé que me quedaba aquí seis meses, pero esos seis meses se transformaron en años y después ya me fui quedando. Yo tenía una buena posibilidad de irme a trabajar a los medios de Estados Unidos, de andar con la maleta liviana.

“No tendría que haberme quedado en la Argentina. Me encontré con este caos”.

De pronto volví la Argentina y me encontré con este caos, que más allá de los gobiernos, todos los gobiernos que yo he vivido, tengo el uso de razón que han sido muy complicados. A este país le falta mucho para despegar y creo que eso yo no lo voy a ver. No es que soy pesimista, pero ya está, no hay manera, la corrupción está tan instalada, es tan desagradable y tan triste lo que pasa con todo lo que estamos viviendo los argentinos, a mí no me importa el gobierno que esté de turno, me importa qué le pasa a la gente y no lo puedo tolerar.

“Hoy veo miseria. La gente no llega a fin de mes y ya no sabe qué hacer”.

Yo veo en la calle miseria, veía miseria, hoy veo desesperación porque la gente no llega a fin de mes y ya no sabe qué hacer. A mí me pasa, yo tengo tres o cuatros laburos para poder sostener y pagar las cuentas, no me hago el pobrecito, pero hay cosas de las cuales yo ya he desistido, imagínate la gente que no tiene un peso, hay gente que ya no come y los veo en todos los sitios a los que voy hacer el programa “Contratado por un día” en Telefe o cuando voy a la fiesta que cubro en C5N.


Con tu provincia natal, Mendoza, ¿te une algo hoy?

-No nada. Solo a mi madre y a mis hermanos, que ellos vienen a Buenos Aires. Nunca me sentí mendocino para nada, no reniego de serlo, pero no me va la sociedad de Mendoza y los momentos complicados de mi adolescencia, no me refieren ningún tipo de simpatía con la provincia.

¿Hace cuánto que no vas?

-Mucho. Iré a Mendoza cada tres o cuatro años, si es que voy. Prefiero que mi madre, mis hermanos, mis tíos y mis sobrinos vengan a mi casa, se queden. Las veces que fui, fue a trabajar, estoy dos o tres días, me quedo en el hotel, visito la casa de mi madre y después me vuelvo. Además, yo tenía un recuerdo lindísimo de cuando iba a la casa de mi abuela, pero la demolieron.

¿En qué momento de tu vida te decidiste a ser periodista?

-A mí siempre me gustó leer, ver televisión ver cine, el cine clásico. En la casa del abuelo Valentín siempre leíamos la revista “Selecciones”, la tenía en su cuarto -había que cruzar todo el parque- y allí me las devoraba. Ahí tomé el gusto por la escritura, me encanta escribir, de hecho, comencé como periodista gráfico. Pero nunca pensé que iba a estar “detrás del mostrador” como decía mi abuela Moza, ser un periodista de noticiero. Jamás se me ocurrió nada. Yo apuntaba para ser diplomático o estudiar abogacía. Pero no es fácil.

En cuanto a la personalidad, ¿Robertito siempre fue Robertito?

-Siempre fui igual. Roberto, Robertito, Robert, no hay nada ficticio, ni armado. Al que le va, le va y al que no le va, no me importa. Ya ni me preocupó si a la gente le caigo bien o le caigo mal. No me gusta faltarles el respeto, eso nunca a nadie.

“Siempre fui igual. No hay nada ficticio ni armado”.

No soy fácil, pero cuando hay un problema lo enfrento o lo dejo, no me relaciono con gente que es tóxica, no me gasto en dirigirle la palabra y el que me hizo daño para mí no existe más.

Siempre hablaste que los periodistas tienen egos. ¿Cómo convivís con el tuyo?

 -Todos tenemos ego, más o menos. Yo lo saludo todos los días al mío, depende el día y el carácter, me responde.

¿Y con los egos de los demás?

-Me río (risas), cuando alguien tiene un ego enorme, más grande que él. Generalmente la gente que es muy bajita es la que tiene mucho ego; pero no de estatura, es pequeña de alma, miserable de alma. Esa clase de persona conmigo no van, lo descarto, ni siquiera los enfrentó, me corro al costado.

¿Y con la crítica?

-Depende lo que digan. Hoy te puedo decir que me resbala. Si hablan bien o mal, me da igual. Antes me preocupaba, no por mí, sino por mi familia, me preocupaba que dijeran cosas fuera de lugar o faltas de respeto hacía uno.

Esta falta de respeto, ¿te hizo pensar en algún momento dejar todo?

-Mi carrera, no. Yo creo que me voy a retirar, en el momento que me tenga que retirar. Hay que bajarse del barco antes de que se hunda, siempre. Cuando a vos ya no te guste más lo que haces o no sientas ese feeling de ir a trabajar contento, de hacer un móvil, una entrevista o no te banques más el lugar de trabajo creo yo que tenes que irte. En esos momentos, hay que cambiar, dar vuelta la página. Si me gano la quiniela o el loto me voy (risas). Yo soy así, yo trabajo porque me gusta y por plata. Primero porque me gusta, segundo por plata.

Llegaste a tener elogios de la ex Presidenta. ¿Cómo conviviste con eso? ¿Te incomodó en algún momento o no?

-Le encantaron mis botas negras, a ella le gustaba mi look. No me incomodó que un Presidente me elogie, cualquiera sea el mandatario y que se fijen en un periodista, lo tomé bien.

“No me incomodó que un Presidente me elogie”.

Me causó gracia que ella supiese como me llamaba, yo no tenía idea que ella sepa mi nombre. Lo tomé como corresponde, como un halago de una mujer hacia un hombre, de una presidenta a un periodista. Sin militancia, porque les encantó decir mil cosas que no eran.

Con el cierre de la librería “Clásica y Moderna”, pediste en las redes sociales que Mauricio Macri escuché a la gente. ¿Cómo ves el Gobierno actual?

-Sobre la librería, de más de 80 años, me dolió muchísimo. Según lo que me explicaron algunos Legisladores de la Ciudad de Buenos Aires se cerró porque había mala administración dentro de lo que era el grupo familiar y porque falleció la dueña. Más allá del tiempo que tenga una institución, empresa, boutique o un canal de televisión, cuando se quita la fuente de trabajo no hay más nada que hacer.

“Veo todo lo que pasa en la calle y me da pena”.

A mí no me gusta todos esos debates en las redes sociales, yo público mis informes o mis trabajos, pero cuando yo escribo algo o un tema personal, es porque realmente lo que está sucediendo, es duro. Yo al Presidente lo conozco, desde cuando era Jefe de la Ciudad de Buenos Aires, también a su mujer Juliana y yo no le deseo el mal. Pero hay un discurso, que no llega. No sé qué pasa, hay una barrera y esa barrera hay que pasarla, porque uno acompaña hasta donde puede, pero la situación está muy difícil, veo todo lo que pasa en la calle y me da pena. No voy a salir a pegarle a nadie porque no es mi estilo, pero cuando digo las cosas a la gente le sorprende.

“Sé lo que cuesta vivir en este país”.

Se lo que cuesta vivir en este país, soy hijo de una mujer que va a jubilarse en breves y se cómo es la historia. Ella trabajó 35 años para mantener a sus hijos y no es de ahora. Desde que yo tengo uso razón, siempre a la gente grande se la dejó de costado, con todos los gobiernos y la pasan pésimo. Si hay algo que pienso hoy, es que me estoy preparando para la vejez, mentalmente, físicamente y obviamente económicamente. Hay gente que le llega de repente y no tiene ninguna de las tres. Yo creo hay que cuidar a los jubilados. Absolutamente a la gente que trabajó toda la vida, por eso pido que todo sea justo y equitativo en su justa medida.

¿Convivís preocupado con el tema de la vejez o no?

-No. Pero me va a llegar en algún momento. No me da miedo la vejez, para nada, si la decrepitud. Cuando es tu cumpleaños, no es cumplir años, es acumular vida y creo que eso es interesante. La cifra es simbólica, pero hay que estar preparado.

Sos una persona que estás en contacto directo con la sociedad. ¿Qué te dice la gente en la calle?

-Me saludan, me dicen fuerza Roberto o gracias por venir, las mujeres me abrazan y me dicen “Ay Robertito”. Yo soy Robertito o Roberto Funes gracias a la gente en la calle, que me elige hace 11 años y que ahora ha descubierto otra faceta mía en el programa “Contratado por un día”, en C5N o en “Sobredosis de Televisión” similar a TVR. La gente está viendo que uno está evolucionando y eso es interesante.

“Yo soy Robertito gracias a la gente en la calle, que me elige hace 11 años”.

¿Y del país? ¿Qué te comentan?

-La gente está muy preocupada y expectante. Eso es lo que yo noto, hay mucha incertidumbre, no se sabe que va a pasar y tienen miedo a lo desconocido. No sabe si el mes que viene va a poder pagar los impuestos, si va a conservar tu trabajo, venga quien venga, se quede quien se quede.  A la gente la veo triste y preocupada más allá del político que va asumir. Y la veo triste, veo caras caídas en la calle.

“A la gente la veo triste y preocupada más allá del político que va asumir. Y la veo triste, veo caras caídas en la calle”.

¿Cómo ves la provincia de Buenos Aires?

-Uff, mirá que la recorro, le veo que le falta y que hay pobreza. Yo trato de rescatar perros abandonados cuando los veo en la ruta, cuando hay más o muchos comiendo en la calle eso te da un indicio de lo que está pasando, que la pobreza crece.

“Cuando hay más perros comiendo en la calle, eso te da un indicio que la pobreza crece”.

Yo vivo en zona norte y acá en la puerta de mi casa hace ya cuatro meses que están haciendo un arreglo de una red pluvial que no la terminan, en teoría la tenían que haber terminado en principios de febrero y no entiendo porque sigue. Pero sé que la empresa de construcciones se llama Centro Construcciones y es una vergüenza, porque todo lo que han hecho ha sido pésimo. Eso es lo que pasa, vos pagas tus impuestos, reclamas por lo que te corresponde y es buenísimo que hagan una obra así para que no se inunde, pero tenes una empresa, que no se de quién es, que es un desastre y te indigna. Este tipo de cosas me revientan, porque no respetan al vecino.

Año electoral, ¿Quién te gustaría que sea el presidente? 

- No te lo voy a decir, yo ya tengo la figura que yo quiero que sea. Pero quiero que venga ya octubre, es lo que deseo, para que votemos y saber qué pasa.

¿Tu idea está más cerca al peronismo? ¿O a otra vertiente política?

-No te la voy a decir. Me la voy a reserva, cuando se produzca, si es que se produce lo que yo deseo, lo diré. Y sin ningún problema, jamás dije a quién vote, porque no tengo que decirlo, pero esta vez sí lo voy a decir.

 Complétame la frase, Robertito Funes es…

 -Un tipo normal, ni más ni menos. Ser normal es muy difícil hoy.