En la Ciencia Política se conoce como gobierno dividido, cuando el partido que controla la presidencia no tiene mayoría absoluta en ambas Cámaras del Congreso. En sentido inverso, se puede referir que el gobierno unificado existe, cuando el partido del presidente tiene mayoría absoluta en ambas Cámaras. Por tanto, las relaciones entre los poderes Ejecutivo y Legislativo pueden tornarse conflictivas o cooperativas, lo cual tiene efectos en la gobernabilidad. Esta es una de las críticas que se le realiza al presidencialismo, cuando el gobierno es dividido, el ejecutivo impulsa políticas públicas que son rechazadas por el Congreso, y al revés, proyectos de ley aprobados por el legislativo son vetados por el Ejecutivo, así la quietud presidencial es tomada como un síntoma de debilidad.

El fenómeno del gobierno dividido puede tener diversos orígenes: diversidad política, la pluralidad social, la introducción de coaliciones con el objetivo de traducir sufragios en escaños y las elecciones de medio término que pueden provocar dicha división.

Ante la ausencia de mecanismos institucionales para evitar los conflictos o bloqueos entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, algunos presidentes han recurrido a mecanismos extralegales para vetar las decisiones del Legislativo.

Hay factores que inciden directamente en la generación de gobiernos divididos, los cuales se pueden presentar en sistemas presidenciales bipartidistas como multipartidistas. Sin ninguna duda en la Argentina, la consolidación de dos bloques coalicionales más la elección de medio término, colocaron al Gobierno en una mayoría cuestionada y en una suerte de Gobierno Dividido.

En un sistema Republicano, los debates presupuestarios fueron nodales. Así surgieron los presupuestos que (al menos en teoría) fijan los objetivos de una gestión de gobierno, establecidos mediante una conversación en la que se intercambien de forma civilizada argumentos variados en función de las distintas visiones que predominen en una sociedad en un contexto dado. En este sentido, vale recordar que el término Parlamento deriva del verbo francés parler y que las conclusiones de dicho proceso de deliberación, no constituyen meras sugerencias sino que tienen fuerza de ley: la voz de “los Comunes” (los que no eran nobles) primero y de los ciudadanos termina imponiéndose a quienes “ejercen” el mandato del cuerpo que legisla (el Poder Ejecutivo) para defender los derechos y sobre todo el patrimonio de los individuos, que a menudo corre el riesgo de ser directa o indirectamente confiscado por la infinita voracidad fiscal que suelen tener los Estados.Tal es el corazón fiscal de la tradición sajona de la democracia, que las palabras “ciudadano” y “contribuyente” son sinónimos.

Terminando el año 2021, se debatió la “Ley de Leyes” en este contexto de un gobierno dividido. Por la complejidad de tal ley, el Congreso creó la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), un órgano profesional que tiene como función el análisis de los borradores del presupuesto. En este caso en particular, la OPC ha mostrando las profundas inconsistencias de la ley elaborada por Martín Guzmán. Sin embargo, esto fue ignorado por los legisladores del Frente de Todos, que tenía confianza de tener mayoría sin consenso. El cuco era el Senado, adonde el peronismo no tiene mayoría por primera vez en la historia, sin embargo el paredón lo encontró en Diputados.

La oposición inauguró en Diputados, luego de la elección, su nuevo rol. No alcanzó con las presiones de los gobernadores radicales al bloque, quizás la presión del bloque de los 12 de Evolución Radical acusando de complicidad surtió efecto. El debate fue de menor a mayor con números ajustados. El Frente de Todos tiene 118 Diputados, el bloque de Juntos está conformado por 116, la izquierda tiene 4 Diputados, los liberales 5 legisladores, diferentes interbloques federales sumaron 15 Diputados.

Así las cosas, sin mayoría clara en el Congreso, en la primera prueba de fuego, el oficialismo perdió la pulseada. Este escenario es la muestra de la política legislativa que se espera en estos dos años. Se negociará cada ley. En este caso, fallaron los canales de negociación, la excusa fue la repetición de las ocho veces que Máximo Kirchner gritó "Aprendan a escuchar", y reprochó a Juntos por el Cambio que "endeudaron el país en 44 mil millones de dólares”. Resultado final: el gobierno se quedó sin presupuesto y el sistema político argentino con poco canal de diálogo. Si las dos coaliciones tensan la cuerda, no sólo pierde el gobierno… Perdemos todos.


*Lic. En Ciencia Política. Docente e Investigador de la UBA/USAL/UAI. Autor de varios libros sobres Sistemas Electorales. Autor de “Buenos Aires es cosa de Barones”. Twitter: @GusGonzalezok