¿Nace la guerra Magnetto-Milei? Clarín compró Telefónica y el Gobierno anunció que intervendrá la operación
El grupo mediático adquirió la operación de Telefónica en Argentina por más de 1000 millones de dólares. La Oficina del Presidente informó que el ENACOM y la CNCD evaluarán el caso para no permitir la conformación de un monopolio. La bandera K que tuiteó Santiago Caputo, que quería el negocio para un socio suyo.
En el multiverso argentino todo es posible. Incluso que un Gobierno totalmente alineado con los intereses del establishment recupere consignas y banderas del tan demonizado kirchnerismo para pelearse con el principal multimedios del país. Realidad, paso de comedia o jugada distractiva, eso es lo que pasó en la tarde del lunes cuando la noticia de que el Grupo Clarín compró Telefónica Argentina a través de Telecom sacudió el mapa político.
La operación fue confirmada desde España por distintos medios, entre ellos el diario El País. Telefónica estaría encarando un proceso de desinversión en América Latina y las versiones de que el grupo que lidera Héctor Magnetto buscaba quedarse con el negocio argentino de la compañía cobraron fuerza en las últimas semanas. A punto tal que algunos referentes de peso del mundo libertario se pronunciaron en ese sentido. La más resonante fue la diputada Lilia Lemoine, que utilizó el argumento la semana pasada para explicar el supuesto sabotaje a la entrevista de Jony Viale con el presidente y la filtración del crudo en el que se vio a Santiago Caputo interviniendo el reportaje.
Desde ese momento se plantó la semilla de la duda en torno a cuánto intervendría el Gobierno si efectivamente se concretaba la operación, y cuán dispuesto estaba realmente a enfrentarse al gigante mediático, al mejor estilo CFK. El propio Milei se burló por Twitter de un periodista del grupo que había dado por confirmado que no habría foto con Trump en la gira, expresando “¿Es casualidad que esto ocurrió en el canal del Grupo que quiere comprar Telefónica y así tener el monopolio de las TELCOS?”.
Con la confirmación sobre la mesa, el Gobierno nacional puso manos en el asunto. En España dieron por confirmada la operación, por un monto que ascendería a los 1.245 millones de dólares, y desde el oficialismo libertario respondieron con un comunicado de la Oficina del Presidente informando que “se dará intervención al Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) y a la Comisión Nacional de Derecho a la Competencia (CNDC) para evaluar si esta operación no constituye la conformación de un monopolio”.
CONTRADICCIONES
En un giro copernicano en cuanto a su mirada sobre la intervención estatal en los negocios privados, el gobierno de Milei planteó que “esta operación podría dejar aproximadamente el 70% de los servicios de las telecomunicaciones en manos de un sol grupo económico, lo que generaría un monopolio gracias a décadas de beneficios estatales que recibió dicha empresa. De ser así, el Estado Nacional tomará todas las medidas pertinentes para evitarlo”.
La Oficina del Presidente se refirió positivamente a los límites existentes en las regulaciones sobre adquisiciones de la licenciatarias de los servicios de comunicación e información, lo que en los papeles significa una reivindicación de la despedazada ley de medios del kirchnerismo. “Así como ocurre en otros países de Occidente, el Gobierno Nacional está comprometido con evitar la formación de un nuevo monopolio”, continúa el increíble comunicado de la OPRA que, si hubiera salido del peronismo, estaría siendo tildado de comunista por Milei y los libertarios.
Tras permitir a los grandes grupos económicos que dispararan las tarifas de sus servicios sin ningún tipo de control, tal como sucedió con las Telco o las prepagas por citar algunos ejemplos, ahora el oficialismo argumenta que “este Gobierno bajó la inflación para el segmento de las comunicaciones del 15,6% en diciembre del 2023 al 2,3% en enero de este año”, y desde allí se embandera en no permitir que la compra de Telefónica atente “contra el proceso desinflacionario que está atravesando la Argentina”.
Cualquiera que recurra al archivo encontrará múltiples alusiones de Milei a las bondades de los monopolios, y la explicación de su existencia como resultado de la competencia y el que un jugador del mercado logre ofrecer mejores bienes y servicios a un mejor precio. Sin ir más lejos, el año pasado en el 10° Foro Económico Latinoamericano y durante el mismo discurso e ne que afirmó que los empresarios son "héroes" que "buscan mejorarle la vida a las personas", Milei exclamó: “lo primero que hay que entender es que lo monopolios no son malos, es más, les diría que los monopolios pueden ser maravillosos si son como consecuencia de que quedó uno. Y si no les gusta que haya uno solo no se enojen con el que está, enojense con los que no están, porque el que está, está arreglándole problemas a la gente”.
KIRCHNERISMO LIBERTARIO Y EL NEGOCIO QUE NO FUE
¿Qué pasó desde aquellas exaltaciones del presidente sobre los beneficios de los monopolios a esta actitud intervencionista contra la expansión del Grupo Clarín? Quizás para responder esa pregunta haya que mirar a otra de las patas del triángulo de hierro, que tiene el ojo puesto en distintos negocios que se podrían habilitar desde el poder del Estado.
Santiago Caputo tuiteó desde su cuenta fantasma una icónica bandera de los tiempos de la disputa entre el gobierno kirchnerista y Clarín. La leyenda “Clarín Miente”, con la tipografía y el logo del grupo incluídas, se despliega sobre una tribuna de una cancha argentina de las varias que por ese entonces adoptaron la postura del oficialismo K. Más allá del tono provocador, Caputo tiene otras intenciones más que agitar el debate público para subirse así a la discusión.
La compra de Telefónica Argentina se realizó a través de Telecom, que pertenece en un 40% al Grupo Clarín, en otro 40% al mexicano David Martínez y un 20% que cotiza en la bolsa. Pero otros jugadores estaban interesados en el negocio, como el también mexicano Carlos Slim, dueño de Claro que buscaba fusionar ambas compañías, o el grupo francés Illiad, a través del empresario Marcelo Figoli, que tiene estrechos vínculos con Rodrigo Lugones, mano derecha de Caputo con quien integra el “Grupo Malboro”.
Así, el de Telefónica sería el segundo negocio multimillonario que se le escapa a Caputo en unas semanas. Cabe recordar que recientemente se cayó la licitación de la Hidrovía, un tema en el que el asesor del presidente intentó meter a jugadores propios y por lo que chocó de frente con Mauricio Macri, que el fin de semana lo citó con nombre y apellido y dijo que pronto le contestaría. ¿Era Telefónica un botín al que aspiraba la cúpula libertaria, que ya dejó en claro que no tiene pruritos en hacer negocios desde la cima del Estado?
¿NUEVA GUERRA O MANIOBRA DISTRACTIVA?
La gran pregunta que surge a partir de estos chispazos es si efectivamente se iniciará una confrontación abierta entre el Gobierno nacional y el Grupo Clarín, actor principalísimo en la oposición a los últimos gobiernos peronistas, o si todo se trata de una maniobra para distraer a la opinión pública y cada aparte avanzará con su negocio.
La relación de Milei con Clarín es tirante desde un inicio, pero lo cierto es que la línea editorial del multimedio nunca se metió a fondo a criticar el rumbo del Gobierno. Por otro lado, la compañía liderada por Magnetto tiene un modus operandis histórico, por el cual le arrancó importantes concesiones a casi todos los gobiernos desde la vuelta de la democracia en sus primeros años de gestión.
Hábil como nadie para sacar provecho de las debilidades de procesos políticos que recién inician, el Grupo Clarín supo arrancarle a Carlos Menem modificaciones clave en la ley de radiodifusión de la dictadura, que le permitieron hacerse de importantes señales de radio y quedarse con Canal 13. Post 2001 y ya con Eduardo Duhalde en el poder, el grupo logró la llamada “Ley Clarín”, que bloqueaba el proceso de cram down por el cual acreedores extranjeros podrían quedarse con paquetes accionarios de las empresas endeudadas en dólares. La ley aplicó para todas las empresas de la industria cultural con un tono de protección nacionalista, pero lo cierto es que Clarín fue la compañía más favorecida debido a su alto nivel de endeudamiento de ese momento.
Más adelante, Néstor Kirchner prorrogó en 2005 y por 10 años con posibilidad de 5 más las licencias de radiodifusión, también aludiendo que el sector había sido muy castigado por la salida de la convertibilidad. Ese año vencían las licencias que Menem había otorgado, entre las cuales el Grupo se había quedado con varias centrales. Luego, en 2006, Kirchner autorizó la fusión Cablevisión Multicanal a partir de la cual el Grupo pasó a controlar monopólicamente el negocio de cable.
Tras la confrontación a todo o nada con CFK, Clarín se vovlió a ver favorecido por Mauricio Macri, que a días del inicio de su gobierno derogó los artículos centrales de la ley de medios que obligaban al Grupo a desinvertir para dejar de ocupar posiciones monopólicas en el espectro radioeléctrico. Y luego, en 2018, el ex presidente habilitó la compra de Telecom, permitiéndole al multimedio llegar al cuádruple play, el control de todas las vías de comunicación posibles por parte de una misma empresa.
La historia del Grupo Clarín es una historia marcada por la presión a gobiernos jóvenes y con necesidad de consolidarse. En cada nuevo proceso político que se abrió desde la vuelta de la democracia al presente el multimedios logró significativos avances en sus posiciones de poder y económicas durante los primeros años de dichos procesos. Restará ver el de Javier Milei se suma a la lista de gobiernos que entregaron enormes favores políticos, económicos y jurídicos al Grupo, o si efectivamente habrá una nueva guerra entre Clarín y un gobierno en la Argentina. Por lo pronto, esta última opción que parece poco probable, le sirve a un oficialismo asfixiado y contra las cuerdas por la cripto estafa que promovió Milei para correr el eje de la agenda y mostrarse peleando contra un enemigo poderoso e identificado como portador de intereses contrarios a los del pueblo.